Las cartas de los Sucesos

Los memorables sucesos desarrollados en Málaga los días 11 y 12 mayo de 1931, como titulara su reportaje histórico el periodista Escolar García, fueron novelados por Salvador González Anaya. Ya en este siglo, hemos podido conocer numerosos detalles de lo acaecido en aquellas aciagas jornadas gracias a la ingente labor investigadora de José Jiménez Guerrero, destacando la aportación sobre los procesos judiciales incoados.(1) Incluso, en este mismo blog, pueden encontrar una recopilación de textos sobre los hechos ordenados cronológicamente, teniendo como hilo conductor el relato del periodista Escolar. Llegados a este punto, se preguntarán si en estas líneas voy a tratar nuevamente lo ya contado. No exactamente, ya que en esta ocasión pretendo transmitir cómo vivió el mundo del arte malagueño aquellos días y cuál fue su papel ante el desolador resultado de la obra destructiva de las turbas. Lo conoceremos de su puño y letra, gracias a la correspondencia entre los protagonistas de esta historia. Cartas obrantes en su mayor parte en el Centro Superior de Investigaciones Científicas, Archivo del Centro de Ciencias Humanas y Sociales, y a las que hasta ahora no se había hecho una mención detallada. Perspectiva desconocida y necesaria de los sucedido en Málaga en 1931, pero que aporto con la misma finalidad: recordar un año más la gran pérdida del patrimonio histórico-artístico malagueño.

Comenzaré unos años antes de aquel 1931. Málaga, 16 de febrero de 1925. Sesión plenaria del Ayuntamiento. El secretario, señor Martos, da lectura al acuerdo de la Comisión Permanente sobre el nombramiento de hijo predilecto de la ciudad de Málaga a favor de don Ricardo de Orueta y Duarte y comunicación del director de la Escuela de Artes Oficios relacionada con este asunto. Por unanimidad, es sancionado favorablemente, acordándose también, a propuesta de la señorita Aspiazu, la gratitud de la comisión organizadora de las conferencias del señor Orueta.

Ricardo de Orueta, licenciado en Derecho y crítico de arte, tuvo como gran pasión el estudio de la escultura de los siglos XVI y XVII. Sacó del olvido a los grandes escultores del Siglo de Oro, escribiendo monografías sobre Alonso Berruguete, Gregorio Fernández y Pedro de Mena. La redacción de estas monografías las hizo a base de caminatas y visitas, con su cámara, tomando imágenes reveladas por él mismo, llegando a reunir y catalogar una nutrida colección fotográfica. Soporte visual de su obra que era una novedad. La vida y obra de Pedro de Mena y Medrano (1914) no fue una excepción, con su cámara visitó los templos malagueños, fotografiando las imágenes que allí se veneraban, en especial las del insigne escultor granadino. Sin saberlo, aquellas fotografías, custodiadas en la actualidad en el archivo del CSIC, iban a constituir un gran legado de lo que Málaga tuvo y no conservó.

Dos imágenes de Mena, el Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Ánimas y la conocida como Virgen de las Lágrimas (Dolores y Angustias de la iglesia de los Santos Mártires) flanqueaban el diploma expedido con ocasión de su nombramiento como hijo predilecto de la ciudad de Málaga.

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[Foto: CSIC, Archivo del Centro de Ciencias Humanas y Sociales].

Por entonces, ya tenía fijada su residencia en Madrid y formaba parte, junto a Ortega y Gasset, Pedro Salinas o Azaña, del núcleo de intelectuales que desde distintas plataformas públicas, como el Ateneo, el Partido Reformista o la Liga de Educación Política, aspiraban a una España donde primara la modernidad y la justicia social. Estaba convencido de que la historia española, en su arte y monumentos, contribuían a la modernización del país, al contrario de lo que se puede pensar en la actualidad. En la década de los veinte, luchó por la defensa del patrimonio histórico, contra el expolio constante que se sufría por la escasez normativa, permisividad y la ausencia de toda conciencia social. Consideraba la defensa del patrimonio como un signo de patriotismo.

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Ricardo de Orueta y Duarte [Foto: CSIC, Archivo del Centro de Ciencias Humanas y Sociales]

23 de abril de 1931. El presidente del Gobierno Provisional de la República, Niceto Alcalá Zamora, nombra al malagueño Ricardo de Orueta director general de Bellas Artes. Nombramiento de gran relevancia, ya que se trataba de un organismo que actuaba como un verdadero Ministerio de Cultura. Dijo Orueta: Hay que convencer al pueblo de que las joyas artísticas nos pertenecen a todos; que hay que conservarlo y defenderlo. Como sea.

El mundo de la cultura en Málaga estaba de enhorabuena por aquella designación. Mundo cultural representado fundamentalmente por la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, a la que pertenecía el propio Orueta como académico de honor. En 1931, formaban parte de la misma lo más granado de la cultura malagueña: Narciso Díaz de Escovar, Joaquín Díaz de Escovar, Antonio de Burgos Oms, José Nogales, Rafael Murillo Carreras, Luis Cambronero, Francisco Palma García, Joaquín Díaz Serrano, entre otros.

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Reunión de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo (c.1927) [Foto: Legado Temboury]

La presidía, desde hacía un año, el poeta, novelista y periodista Salvador González Anaya. Quien fuera alcalde de Málaga tenía una gran amistad con Orueta desde que ambos formaran parte, a principios de siglo, de la “peña del boquerón”, de la que surgieron iniciativas culturales como la publicación Gibralfaro, conciertos en la Filarmónica o la organización de las célebres conferencias de Unamuno. González Anaya también felicitó a su amigo por el nombramiento, pero el brusco cambio de la situación política le llevó a presentarle su dimisión.

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Telegrama por el que felicita la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo a Ricardo de Orueta [Foto: CSIC, Archivo del Centro de Ciencias Humanas y Sociales]

Murillo Carreras, director del Museo Provincial, en carta escrita el 26 de abril de 1931, después de felicitarle y alegrarse porque llegara al cargo por méritos propios, le advirtió de la dimisión referida: Hemos seguido en esta Academia de Bellas Artes la norma de no ocuparnos de política, así lo tenemos impuesto los artistas y para el nombramiento de Presidente ha sido hecho por indicación nuestra a la superioridad, habiendo sido atendidos. Así pasó con Guerrero Strachan y, después de su muerte, propusimos al actual González Anaya, este piensa en dimitir porque su nombramiento es por R.O.[Real Orden]. Sentimos mucho su decisión porque lo ha hecho muy bien…hace falta el esfuerzo de todos los que el arte le interesa y te ruego que lo vuelvas a nombrar otra vez. Un abrazo muy fuerte de tu amigo de siempre. Murillo. (2)

No sería la única carta que recibiría de miembros de la Academia de Bellas Artes con la misma finalidad, más aún tras verificarse la dimisión el 27 de abril, como la suscrita por Álvarez Dumont, el propio Murillo y Federico Bermúdez. Incluso, una suscrita por todos los académicos en la que concluyen que no sea aceptada la dimisión porque la índole de aquella corporación estaba alejada por completo de la política.

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Documento suscrito por todos los académicos manifestando su apoyo a González Anaya [Foto: CSIC, Archivo del Centro de Ciencias Humanas y Sociales]

A pesar de los apoyos, el 29 de abril González Anaya le reitera su dimisión, una vez dada cuenta de la misma en la Academia: la Academia tiene muchos y buenos integrantes que pueden ser sus presidentes: César Álvarez Dumont, Bermudez Gil, Murillo, si de artistas se trata; y Enrique Mapelli, que es académico y un excelente republicano, si el nombramiento ha de recaer en persona de relieve político. Lo único que le ruego es que, tanto el presidente como los consiliarios, sean personas de dentro de la casa, y que no se nos cuelen extraños por méritos de guerra. Quiero mucho a la corporación, y se el trastorno que ocasionan los industriales amantes de las artes…Usted sabe mejor que yo que se puede ser un honorable ciudadano, un edil elocuente, un administrador del procomún lleno de admirables perjuicios, y un asno en materias artísticas. Y de eso hay que huir como de los gases asfixiantes. Perdone usted estos renglones de intimidad. Un abrazo de su amigo que le admira y le quiere. (3)

Parecía que nada le iba a hacer cambiar de opinión, solo lo harían las circunstancias. El mismo 29 de abril, el erudito Narciso Díaz de Escovar, delegado provincial de Bellas Artes, incidía en la cuestión, a la par que le manifestaba a Orueta su repulsa por lo que había sucedido en Málaga con ocasión de la proclamación de la República el 12 de abril: Supongo estará bien enterado de lo ocurrido con la estatua de Larios, la hermosa creación de Benlliure. La estatua fue arrastrada por el grupo y arrojada al mar, sin que bastaran los esfuerzos de importantes republicanos que acudieron. La figura del trabajador pudo salvarse y la llevaron al Círculo Mercantil. La mujer que tiene el niño en brazos quedó con algún daño. La generalidad se ha lamentado del suceso y la Academia de Bellas Artes ha protestado. Es triste que, habiendo comenzado la República tan perfectamente y con hombres que son una garantía de orden, ocurran estos casos, aunque sean aislados, de ignorantes que no saben ni lo que es libertad (…). (4)

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[Foto: Archivo Municipal de Málaga]

 

El 5 de mayo le contestaba escribiendo que: Es lamentable lo ocurrido con la estatua de Larios, pero ya comprenderá que esos desmanes son inevitables en los momentos efervescentes de exaltación popular. Supongo que Vdes. ya habrán buscado la manera de arreglarlo. Aprovechó Orueta para comunicarle: Habrá Vd. visto el telegrama que mandé a Anaya reiterándole mi confianza como Presidente de la Academia y por tanto desestimando la dimisión que por motivos de delicadeza me presentó. Opino como Vdes. que a estos cargos hay que quitarles en absoluto todo matiz político y celebro mucho la coincidencia en apreciar las cualidades del Sr. Anaya. (5)  Quedaban seis días para el 11 de mayo.


Tras más de dieciséis horas ininterrumpidas de asaltos, se produce la gran tragedia de nuestro patrimonio histórico-artístico. Quien odia, cree en aquello mismo que odia. Por eso destruye. El escéptico desdeña y no abomina. Se encoge de hombros y deja que los ídolos se apolillen.
(6)

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Nuevo Mundo, 22/05/1931 [Biblioteca Nacional de España]

Todo había acabado. A las cinco de la tarde del día doce de mayo aún ardía la iglesia de la Merced. A las nueve de la noche, llega un destacamento formado por dos compañías del batallón de Montaña Alba de Tormes de Ronda. Las calles céntricas se quedaron desiertas…Lo cierto fue que, desde las diez de la noche, la impresión de la capital-tomada militarmente-era desconsoladora…Deprimía el ánimo. (7)

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[Foto: CSIC, Archivo del Centro de Ciencias Humanas y Sociales]

Miércoles 13 de mayo de 1931. Amanece un día claro, despejado y luminoso. González Anaya envía un telegrama a Orueta indicando que la Academia se había constituido en comisión permanente y procedía a gestionar el salvamento de los restos de la riqueza artística de las iglesias de Málaga, auxiliada eficazmente por el alcalde. Ese mismo día, por orden del Ayuntamiento y con el beneplácito de la autoridad militar, se tapiaron los accesos a los edificios religiosos que habían sido asaltados. Dos días emplearon varias brigadas de albañiles en cubrir con ladrillos y yeso todas las puertas y ventanas destruidas, no dejándose en ningún templo acceso al interior, hasta que se dispusiera por el Gobierno, de acuerdo con las Autoridades eclesiásticas, lo que debía hacer en definitiva. (8) Por la tarde, desfilaron tropas militares por la calle Marqués de Larios.

Orueta contestó el 15 de mayo: Recibido telegrama. Ruégole me envíe en cuanto sea posible lista de los objetos salvados y de aquellos exista certeza haberse perdido (…) Felicito a VI y colaboradores de Academia constituidos en sesión permanente por el interés en salvamento riqueza artística y ruégole haga presente mi agradecimiento al Alcalde por su colaboración.(9)

Orueta y el ministro también recibieron noticias de la Comisión Provincial de Monumentos de Málaga, cuyo presidente les telegrafiaba el 15 de mayo poniendo en su conocimiento: Destrucción joyas artísticas honra de Málaga desaparecidas en más de veinticinco templos incendiados turbas últimos días detallaremos objetos destruidos después estudio alcance catástrofe.(10)

Se iniciaban las labores de recuperación. Por disposición del Excmo. señor General Gobernador Militar se concede un plazo máximo de cuatro días para que sean restituidos los objetos propiedad de la Iglesia y entregados en el Gobierno civil, bien entendido de que, rebasado tal plazo, serán juzgados con la máxima severidad aquellas personas que sigan conservándolos. (11)

Narciso Díaz de Escovar no podía ocultar su indignación y tristeza: Querido Ricardo. Le escribo dolorido del cuerpo y del alma. Solo viéndolo es posible darse cuenta. Basta decir que solo se ha salvado del saqueo la Catedral, el Sagrario, San Julián y alguna capilla. El Santuario de la Victoria también se ha salvado por estar contiguo al Hospital Militar y acudir la tropa. Ha perecido en la hoguera esculturas de tal valía como la Soledad de San Pablo, el Cristo de la Buena Muerte, Ntra. Sra. de la Soledad, la Virgen de la Esperanza, la  Virgen de los Dolores, el Señor del Paso de Santo Domingo, el Señor de la Sangre, el de Viñeros y la Virgen de los Dolores de la Merced….es decir casi toda nuestra riqueza artística. Se ha salvado solo la Virgen de los Servitas y el Señor de los Gitanos de la Merced. Cuando pasen estos días y esté más tranquilo (…).(12)

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Carta de Narciso Díaz de Escovar a Ricardo de Orueta [Foto: CSIC, Archivo del Centro de Ciencias Humanas y Sociales]

En estos primeros días, las noticias que le llegaban al malagueño Orueta sobre lo perdido y lo salvado eran confusas. Así, el 16 de mayo decidió escribir al alcalde Emilio Baeza rogándole encarecidamente le informase detalladamente, dado que los oficios del delegado de Bellas Artes eran muy vagos. Interésole sobre todo me diga qué suerte corrió el Cristo de Mena, Virgen de Belén y Virgen de la Soledad(13)

La angustia de Orueta por conocer el destino de aquellas imágenes era palpable. El joven Juan Temboury, en su carta de 18 de mayo, comentaba al director general de Bellas Artes: No sabe Vd. en el dolor de estos días lo que he pensado en Vd. Qué ironía que le haya tocado regir esa Dirección en los días en que habíamos de perder todas esas maravillas por Vd. descubiertas y divulgadas y que eran como hijas de su alma…Vd. que siempre luchó por evitar los despojos (…).(14)

González Anaya, el mismo 18 de mayo, intentaba aportarle mayor información sobre lo ocurrido: Querido Ricardo, Atenderé y contestaré oficialmente con todos los detalles que procure a su telegrama de Director General de Bellas Artes … le comunicaré algo de lo que desea. Leyendo los periódicos de Madrid y los telegramas de sus corresponsales malagueños nadie puede darse cuenta de lo ocurrido aquí, que es superior a cuanto ha ocurrido en todos los demás pueblos juntos. Bástele saber que, incluyendo al Palo, Churriana y Torremolinos que pertenecen al Ayuntamiento de Málaga, el número de edificios religiosos o que tuvieron conexiones con la Religión, devastados e incendiados, es de cuarenta y dos. De ellos, creo que 18 o 20 los incendiados, como Santo Domingo o La Merced, en su totalidad. Del Palacio Obispal, preciosa edificación del XVIII no quedan más que algunos azulejos del jardín. De Pedro de Mena no se ha salvado más que la Santa Ana que está en la fachada del Císter y las dos vírgenes que existen en la Trinidad y en la Basílica…Del Cristo no se ha encontrado más que un pie falto de dedos, y un trozo de pierna que tiene Paco Palma….Seguimos visitando iglesias y conventos a ver que puede salvarse (…).(15)

Al divulgarse la orden terminante dada por el Gobernador Militar, respecto a la inmediata entrega de objetos procedentes del saqueo y robo, dando un plazo de cuatro días para no incurrir en delito sus tenedores, fueron numerosísimas las personas que acudieron al edificio de la Aduana para hacer entrega de objetos que, bien habían llegado a su poder de forma inconfesable, o bien que habían sido depositados o entregados en sus viviendas y no querían tenerlos en ella, por temor a comprometerse. Desde las siete de la mañana empezaron a llegar personas a la Jefatura de Policía conduciendo ropas, objetos, enseres, imágenes, candelabros, ete. ete. Un sinfín de utensilios, que se iban depositando en los bajos del edificio de la Aduana, tomándose nota detallada de ello, nombre de la persona que lo entregaba, domicilio y si conocían su procedencia.(16)

Murillo Carreras, transcurrida una semana desde los sucesos, le decía a Orueta que no le había escrito antes porque quería tener la certeza de lo que se había perdido, y para ello era necesario desescombrar en los sitios más importantes. Hemos visitado todas las Iglesias y conventos destruidos los más por el fuego; Santo Domingo está completamente destruido, el Cristo de Mena ya no hay duda que se ha quemado, intentaron salvarlo varios de su hermandad, se impuso la patulea, teniendo que desistir, entonces lo escondieron en la parte posterior de su capilla, se tenía la esperanza de que estuviera debajo de los escombros, se ha buscado cuando pudieron dominar el fuego, desescombrando todo ese lugar y no ha aparecido nada, igual suerte corrió la Virgen de Belén y todas las demás imágenes de esta iglesia. Igualmente, le informaba que de las numerosas obras de Mena de la iglesia de Santiago, solo se había salvado la cabeza de san Juan de Dios que con carta anónima me ha mandado ayer un sujeto que dice la sacó de la pira que hicieron en la plaza de la Merced con riesgo de su persona para que se conserve en el Museo. Le aseguró la desaparición de la Virgen de las Lágrimas de la iglesia de los Mártires, continuando el relato iglesia por iglesia y convento por convento.

Añadía que el bando publicado relativo a que se entregase todo lo robado en el Parque de Artillería, hasta ahora hay pocos restos de esculturas, las cual cuando nos autorice el Gobernador Militar nos las llevaremos al Museo en depósito. Aseguraba que no podía darle detalle de estos restos porque estaba todo revuelto, muebles de todas clases, camas, colchones, ornamentos de iglesia, etc. Desconocían si debajo de este grandísimo montón habrá algo más de esculturas rotas o trozos que merezcan la pena de conservarlo. De pintura señalaba que, aunque poco era lo que existía de mérito en todas las iglesias siniestradas, lo más lamentable es un lienzo de Manrique en el altar mayor de la Merced y dos de Niño de Guevara en los Mártires, de uno de los cuales tengo un pedazo muy deteriorado entregado por un bombero. (17)

Arduo y triste trabajo de catalogación de lo perdido que los miembros de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo realizaban sobre el terreno, ayudados por un joven Juan Temboury, al que calificaban en las cartas como muy culto aficionado al arte. Producto de sus trabajos y aprovechando la diligencia y cultura en estos asuntos de Juanito Temboury, a quien haremos académico en la primera vacante (sería nombrado académico en sesión ordinaria celebrada el 9 de junio de 1931), González Anaya le remitió a Orueta  el 21 de mayo una lista de avance de las obras y monumentos perdidos por el Arte en el incendio con que los bárbaros del Sur han renovado el nombre de Vandalia, deshonrando el de Málaga (…). (18)

Las esperanzas de recuperar alguna imagen de valía artística iban desapareciendo cada día que pasaba. Como escribía Bermúdez, le habían solicitado al canónigo Marquina permiso para ir depositando en la Catedral lo que se fuera encontrando, pero era tan poco que no era preciso tan amplio receptáculo.

Doce días después de que concluyeran los asaltos, González Anaya pone en conocimiento de Orueta noticias sobre el Cristo de Mena: Corren por aquí versiones relativas al Cristo de Mena, en torno a cuya pérdida se está formando una leyenda. Como nadie lo ha visto quemar, hay quien asegura haberlo visto en donde, sin la pierna que tiene Paco Palma, está depositado secretamente, temiendo nueva ira de las turbas; pero los que saben  se dicen juramentados ante la misma efigie para no decir donde está. Tengo a varios amigos sobre la pista de estas versiones (…). La respuesta del malagueño no se hizo esperar desde Madrid, contestando que le intrigaba lo que le contaba sobre el Cristo de Mena y mucho celebraría que sus investigaciones dieran el resultado de mostrarnos como realidad lo que ahora se presenta con visos de leyenda. (19)

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Extracto de la misiva enviada por González Anaya en la que cuenta el inicio de la leyenda de la salvación del Cristo de Mena [Foto: CSIC, Archivo del Centro de Ciencias Humanas y Sociales]

Después nos llevó el Deán a la Catedral, donde hay telas, objetos de uso de altar y algunas cabezas de Vírgenes y Santos. Narciso Díaz de Escovar le relataba las visitas que realizaba a diario al Parque de Artillería, al que asistía con González Anaya, Murillo o Temboury sin que nada de verdadero valor haya quedado entero, sobre todo en lo que a imágenes se refiere…La mayoría de las iglesias están ya tapiadas y nos queda la esperanza de que al ir en un día quitando escombros y astillas aparezca algo regular, especialmente en Santo Domingo, San Juan, los Mártires y la Merced.

Sin la anuencia de usted no he querido enviar un suelto a los periódicos rogando a las personas que tengan en su poder algún objeto de arte, especialmente esculturas, telas o libros, los remitiesen al Museo Provincial, o dieran cuenta de tenerlos en depósito.(20)

El 2 de junio le contesta Orueta que le parecía muy oportuno emitir la circular, ya que eran momentos muy críticos y convenía la mayor actividad para evitar que los desaprensivos aprovechasen las circunstancias para continuar el despojo de nuestras obras de arte. El 9 de junio era levantado el estado de guerra.

17 de junio de 1931. Había pasado más de un mes, las tareas continuaban, también el expolio. El presidente de la Academia seguía informando a Madrid, confirmando que la posible salvación del Cristo de Mena no era más que una leyenda: Juanito Temboury, que estuvo el domingo pasado gateando por las ruinas incendiadas del Palacio Obispal me asegura que, aunque no le ha sido posible entrar hasta el sitio, ha visto desde lo alto de unas vigas que la Biblioteca del Palacio se ha salvado milagrosamente de las ruinas y de las llamas, y buena parte del archivo, a juzgar por unas pilas ordenadas de legajos que se pudieron ver desde su distante y arriesgado observatorio. Allí deben estar los papeles de Medina Conde, que es una lástima que se hayan perdido.

Desgraciadamente, la leyenda del salvamento de Pedro de Mena en su Cristo es no más que eso: una leyenda. Siento no poder abrigar más esperanzas sobre el asunto. Murillo ya le dirá lo de la Virgen del retablo de Santo Domingo, que hemos tenido en la mano una tarde, y que cuando fuimos con el permiso para recogerla ya había desaparecido. Suponemos que está en una casa particular(…).(21)

No deja de ser curioso que sea el propio Salvador González Anaya, que fomentó y alimentó la posibilidad de la salvación de la imagen, quien confirmara poco más de un mes después que se trataba de una leyenda. (22)

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Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Ánimas. [Rafael Murillo Carreras. Legado Temboury]

Poco iba quedando ya en el Parque de Artillería, ya que se iba repartiendo a sus dueños, enviándose el resto al Seminario donde se clasificaría y a la Catedral si eran de algún mérito. Cuando quedaban pocas esperanzas de encontrar algo que pudiera recuperarse, por fin podían transmitir buenas noticias. Así, Díaz de Escovar comunicó en otra misiva: Van apareciendo entre escombros los restos de algunas imágenes de San Juan, que podrán restaurarse. Del Carmen se espera restaurar también al Señor de la Misericordia y acaso arreglar el decorado de la capilla….La popular Virgen de la Esperanza, cuya cabeza se recuperó, se está restaurando y se llevará a la Catedral a darle culto. (23)

Todavía en el mes de diciembre de ese fatídico año seguían removiéndose escombros. Poco a poco se intentaba volver a la normalidad, aunque no podía borrarse lo sucedido.

Ricardo de Orueta dimitió en diciembre de 1933 por el cambio de gobierno, volviendo a ocuparlo entre los meses de febrero y septiembre de 1936. Puso en marcha numerosas normas para la defensa del patrimonio histórico-artístico. La Ley de Tesoro Artístico de 1933, obra de la que se sintió más orgulloso, fue una norma de referencia internacional.  Sentenciaba: Es norma de las democracias modernas velar por el prestigio y conservación de las manifestaciones de carácter artístico que, por su tradición, están vinculadas a un sentimiento popular.  

No aprenderíamos la lección.

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(1) Vid. ESCOLAR GARCÍA, J., Los memorables sucesos desarrollados en Málaga los días 11 y 12 de mayo de 1931.Un reportaje histórico. Tip. del Conde, 1931.GONZÁLEZ ANAYA, S., Las vestiduras recamadas, Barcelona, 1932. JIMÉNEZ GUERRERO, J., La quema de conventos en Málaga. Ed. Arguval, 2006. JIMÉNEZ GUERRERO, J., Destrucción y reconstrucción de la Semana Santa de Málaga (1931-1939). Ed. Arguval, 2018.
(2) Archivo del Centro de Ciencias Humanas y Sociales (CSIC). Archivo Ricardo Orueta. ATN/ORU/0009/1110-1128
(3) ACCHS (CSIC). Archivo Ricardo Orueta. ATN/ORU/07/552-636.
(4) ACCHS (CSIC). Archivo Ricardo Orueta.. ATN/ORU/0005/0049-0085.
(5) Ídem.
(6) GONZÁLEZ ANAYA, S., Op. cit..
(7) ESCOLAR GARCÍA, J., op.cit.
(8) GONZÁLEZ ANAYA, S., op. cit.
(9)ACCHS (CSIC). Archivo Ricardo Orueta. ATN/ORU/07/552-636.
(10)ACCHS (CSIC)Archivo Ricardo Orueta. ATN/ORU/0008/0214-0215.
(11) Diario de Málaga, Málaga, 14 de mayo de 1931.
(12)ACCHS (CSIC). Archivo Ricardo Orueta. ATN/ORU/0005/0049-0085.
(13)ACCHS (CSIC). Archivo Ricardo Orueta. ATN/ORU/0008/0202-0209.
(14)ACCHS (CSIC). Archivo Ricardo Orueta. ATN/ORU/0013/1028-1061.
(15)ACCHS (CSIC). Archivo Ricardo Orueta. ATN/ORU/07/552-636.
(16)El Cronista, Málaga, 15 de mayo de 1931.
(17)ACCHS (CSIC) Archivo Ricardo Orueta. ATN/ORU/0009/1110-1128.
(18)ACCHS (CSIC). Archivo Ricardo Orueta. ATN/ORU/07/552-636.
(19)Ídem.
(20)ACCHS (CSIC). Archivo Ricardo Orueta. ATN/ORU/0005/0049-0085.
(21) ACCHS (CSIC). Archivo Ricardo Orueta. ATN/ORU/07/552-636.
(22) Se ratifica, una vez más, lo que ya apuntara José Jiménez Guerrero en artículo publicado en diario Sur el 5 de abril de 2007. Vid. JIMÉNEZ GUERRERO, J., Destrucción y reconstrucción de la Semana Santa de Málaga (1931-1939). Ed. Arguval, 2018.pp 79-114.
(23) ACCHS (CSIC) Archivo Ricardo Orueta. ATN/ORU/0005/0049-0085.