Semana Santa de 1920

Pocos días antes del inicio de la Cuaresma del año 1920, concretamente el 8 de febrero, se celebraron elecciones municipales. En Málaga, habían resultado muy reñidas y se daba por ganadores a los conservadores, aunque faltaban datos de muchas secciones.(1) Ya en plena Cuaresma, todavía no se habían resuelto todos los expedientes electorales por el Ministerio de Gobernación, publicándose en La Gaceta de Madrid (lo que vendría a ser hoy día el BOE) del 29 de marzo se publicó una disposición por la que se ordenaba que la constitución de los Ayuntamientos se celebrase el 1 de abril, Jueves Santo, con concejales interinos(2). En esa sesión constitutiva, bastante movida como veremos, un ilustre cofrade tuvo un inesperado protagonismo. 

El tema social tampoco gozaba de mucha calma como venía sucediendo en los últimos años. Los altos niveles de conflictividad social seguían derivando en múltiples huelgas. El mismo Viernes de Dolores fue convocada una por los trabajadores de Ferroviarios Andaluces, solucionándose el conflicto tres días después. Más incidencia tenían, además de ser más beligerantes, las convocadas en Zaragoza o Barcelona; huelgas que afectaron a algunas cofradías malagueñas que tenían concertados pedidos con empresas textiles allí radicadas. Esta conflictividad no era una exclusiva de nuestro país, en la tradicionalmente sindical Italia, hasta la aplicación del horario de verano provocaba huelgas y encierros en el norte.

Las cofradías malagueñas continuaban en ascenso, intensificando la idea de los últimos años de impulsar y utilizar como reclamo turístico el fenómeno procesionista en Málaga. Testimonio de ello, el extenso espacio reservado para la información sobre cofradías en la Guía Oficial de Málaga, “Málaga en la mano”, del año 1920. Según se indica en la propia guía, lo hacían en respuesta a las quejas que habían recibido y por el entusiasmo creciente que en todos los malagueños habían despertado las procesiones de Semana Santa, siendo prueba de que en esa guía se podía encontrar todo cuanto fuera en favor de Málaga.

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Guía de Málaga. «Málaga en la mano», 1920 [Foto: Archivo Municipal de Málaga]

Resultó premonitorio el célebre artículo escrito por Joaquín Díaz Serrano en La Unión Mercantil el 10 de marzo de 1920, titulado “Lo que es y lo que debe ser la Semana Santa”.  Tras analizar el pasado reciente de las cofradías malagueñas, dedicadas mayoritariamente a las atenciones sociales y espirituales que suponían las visitas a los enfermos, llevar el Viático a los moribundos o los enterramientos, constata la realidad malagueña de 1920 y la compara con la de Sevilla: Málaga cuenta con un corto número de cofradías que procesionan a sus efigies si se les compara con otras ciudades españolas, y principalmente con Sevilla. La Semana Santa en ellas no es solo celebrada por propios y extraños, ateniéndose a la originalidad y al sello artístico que infunden a sus Pasos, sino al número tan considerable de hermandades que, en noble pugna, rivalizan por desfilar ante la absorta muchedumbre con el mayor lucimiento. Este año tienen anunciada su salida en nuestra capital diez cofradías, a cual más brillante y hermosa, pero es que no debemos limitarnos a acrecentar el lujo de las que hoy salen, sino a laborar porque en años venideros el número de procesiones se duplique. Una Semana Santa repleta de procesiones es una fuente de riqueza…Nuestro ayuntamiento contribuirá al logro de estos fines levantando en los sitios céntricos y amplios unas tribunas…y con el importe de sus alquileres subvencionaría a las hermandades que seguramente saldrían mejor paradas que con lo que se le entrega en la actualidad (…).(3)

A pesar del entusiasmo general en el mundo cofrade, lo cierto es que causaba cierto desencanto el hecho de que no se había aumentado en el número de cofradías que se ponían en la calle, dejando algunas de salir como, por ejemplo, la Concepción Dolorosa, Huerto y Gitanos. Se insistía en la idea de la escasez de la financiación: Lo mismo que el año anterior, insistimos en la necesidad de que el comercio, que se beneficia notablemente en estas festividades de Semana Santa y el Ayuntamiento presten mayor atención y auspicien a las cofradías para que se aumente el número y a la vuelta de algún tiempo constituyan una verdadera atracción. No harán caso, pero por si estas indicaciones pudieran redundar en beneficio de las hermandades las citamos, aunque en la casi evidencia de que serán desoídas, porque la semana Santa se sostiene en Málaga, solo y exclusivamente, por el entusiasmo de los que integran las hermandades que no descansan un solo día en todo el año.(4)

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La calle Marqués de Larios desde el aire (c.1920) [Foto: Archivo Díaz de Escovar. Caja 33 (5). Fotos aéreas de Marcelin Flandrin ]

La crítica era por la escasa financiación, tanto pública como privada, pero es cierto que el malestar cofrade se focalizaba en la segunda. Ello es así porque el Ayuntamiento solía atender las subvenciones solicitadas, individualmente, por cada una de las cofradías.(5) Ese malestar se plasmó en otro artículo  titulado “Las procesiones y la calle Larios”, en el que se decía: Entre los elementos que integran las Hermandades que sacan en procesión sus Veneradas efigies los días de Semana Santa, se advierte un malestar muy grande, con motivo de la escasa recaudación que han obtenido de los comercios de la calle Larios. A tal punto llega ese malestar, que será cosa muy probable la celebración de una reunión a la que asista un representante de cada Hermandad, para acordar que las procesiones no pasen por la más céntrica de nuestras calles. Aducen…que es verdaderamente censurable que hoteles que obtienen pingües ganancias, den a las Hermandades donativos que no llegan ni a las diez pesetas. 

Otros, los menos, entienden que no debe dejarse pasar por la calle de Larios, pero devolviendo a sus dueños el dinero recaudado en ella y haciendo constar que sólo en atención al pueblo de Málaga no suprimen las procesiones de sus itinerarios, el nombre de la primera calle de nuestra capital. Si no desfilan por la calle citada las Cofradías, no el vecindario pero sí sus industriales, que no conciben su propio beneficio, bien lo merecerían.(6)

Caso curioso lo constituye Servitas, que se desmarcó de toda esta polémica y cortó por lo sano. Así, en junta general de 6 de marzo de 1920 acordó, después de agradecer el apoyo que había recibido de los comerciantes en años anteriores, no recurrir a dicha recaudación, sufragando los gastos con sus fondos propios. La comisión de procesión, al objeto de compensar lo que pudiera significar la colecta entre el comercio, pidió a los hermanos que ocupan puestos en el trono de la Santísima Virgen o bastoneros o campanilleros se sirvan contribuir con la limosna de cincuenta pesetas, y a la vez interesar de los hermanos en particular, una limosna para la procesión y septenario, en la medida que puedan.(7)

Mientras todo esto sucedía, el Viernes de Dolores concluía en la iglesia de la Merced el septenario dedicado a la contemplación de los Dolores de la Santísima Virgen María por la antigua Cofradía de Nuestra Señora del Traspaso y Soledad de Viñeros y la Asociación de Señoras consagradas a su culto.(8)

Llega el Domingo de Ramos cayendo un fuerte aguacero por la mañana. A las tres y media de la tarde, sale la Pollinica de la iglesia del Císter. Abriendo la marcha, tras los batidores de la Guardia Civil, la banda de cornetas y tambores del Regimiento Borbón. Setecientos niños con palmas. Tras el trono, en el que Francisco Triviño era el mayordomo, la presidencia con el padre Ponce y las autoridades locales. Cerrando el cortejo, la banda de música del Regimiento Borbón. 

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La Pollinica el Domingo de Ramos de 1920 [Foto: La Unión Ilustrada, 08/04/1920]

El recorrido seguido fue el siguiente: Císter, Santa María, Constitución (lado derecho), Compañía, Santos, Especerías, Nueva, Puerta del Mar, Martínez, Larios, Constitución, Granada, plaza del Siglo, Duque de la Victoria, San Agustín, Císter, a su templo.

A la misma hora que la Pollinica se ponía en la calle, la banda municipal de Málaga comenzaba un concierto de dos horas en el paseo del Parque, interpretándose pasodobles como Saludo a Coruña, o mazurkas como Galantería. Repertorio poco cofrade. 

Martes Santo. A las ocho de la noche, salieron las tres cofradías fusionadas de la iglesia de San Juan. Las huelgas de Zaragoza impidieron introducir algunas reformas proyectadas, entre ellas, treinta uniformes de romanos para Exaltación. En el trono de Nuestro Padre Jesús de Azotes y Columna seguían llamando poderosamente la atención los medallones estrenados el año anterior, con cuatro bustos representando la imagen de Cristo Yacente, la Virgen de los Dolores, San Pedro y la Magdalena. Bustos obra de Palma García y donados a la hermandad por el hermano mayor José Benítez Ferreter. 

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Ntro. Padre Jesús de Azotes y Columna en el interior de la iglesia de San Juan (c.1920) [Foto: «Semana Santa en Málaga»]

Además de dos bandas militares,llevaron la banda de cornetas y tambores del Ave María y la banda municipal. En cuanto al recorrido, no pasaron dos veces por calle Larios como habían hecho el año anterior, solo lo hicieron a la vuelta, dirigiéndose al salir hacia Especerías en lugar de Puerta del Mar. El itinerario que siguieron fue el siguiente: San Juan, Especerías, plaza de la Constitución (vuelta), Granada, plaza del Siglo, Molina Lario, San Agustín, Duque de la Victoria, Granada, plaza de la Merced, Álamos, Torrijos, Pasillo de Santa Isabel, Atarazanas, Martínez, Marqués de Larios, plaza de la Constitución (lado izquierdo), Nueva, San Juan, a su templo.

Miércoles Santo. A las siete de la tarde, salieron de la iglesia de San Juan las imágenes de Jesús de la Puente del Cedrón y la Virgen de los Dolores. Cofradía que presentó muchas novedades, que se sumaban a las numerosas presentadas el año anterior. Entre ellas, destacaban un nuevo estandarte bordado en oro para la sección del Señor, una nueva saya y un manto bordado en oro y plata, en tal profusión que difícilmente se percibe el fondo o tela que lo forma, bordados por las Adoratrices. Un manto que, sin disputa, puede considerarse como una verdadera joya artística, habiendo destacado en su obra detalles preciosísimos, tal como la colocación de dos palomas bordadas en plata, que no parecen fruto de femeninas manos, sino que milagrosamente han venido a posarse sobre los hombros de Ntra. Sra. de los Dolores.(9) También a estas religiosas, les había sido encargado el bordado del interior del palio.

A todas estas novedades debe unirse la modificación efectuada en el palio, encargada a la autora del mismo, Leonor Torres de la localidad de Zaragoza, consistente en sustituir el marco dorado que remataba el palio por otro de terciopelo bordado en oro.  Por último, estrenaron nuevas túnicas de los mayordomos y campanilleros, bordados en oro en los talleres de la Santa Casa.

Salió a las siete de la tarde. Tras el Señor, la banda de cornetas y tambores de los Exploradores. Tras el trono de la Virgen, la banda de cornetas y tambores del Regimiento Borbón.

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Ntra. Sra. de los Dolores (1920). Fotografía publicada en la Guía de Málaga de 1921-anterior a Semana Santa- en la que se puede observar que ya se encuentra sustituido el marco dorado que remataba el palio [Foto: La Saeta]

El recorrido seguido fue el siguiente: San Juan, Puerta del Mar, Martínez, Larios, plaza de la Constitución (vuelta), Granada, plaza del Siglo, Molina Lario, Santa María, San Agustín, Duque de la Victoria, Granada, plaza de la Merced, Álamos, Torrijos, Pasillo de Santa Isabel, Atarazanas, Martínez, Larios, plaza de la Constitución, Especerías, Nueva, San Juan, a su templo.

Aunque durante la Cuaresma se publicó que la Archicofradía de la Sangre iba a procesionar el Viernes Santo, junto con el Sepulcro, finalmente lo volvió a hacer el Miércoles Santo, pero no junto a la Cofradía de El Rico.  El trono, estrenado el año anterior, había sido reformado ampliamente por Barrabino. Las reformas en este trono se describieron minuciosamente en la prensa(10): Sobre un fondo imitando caoba vieja, se destacan catorce tableros con los atributos de la Pasión, en gran relieve y bruñidos en oro. En los entrepaños lucen catorce pilastras con preciosos relieves dorados. En el frente lleva el escudo de la Hermandad y detrás el de Málaga, ambos ricamente tallados y bruñidos. Completan la reforma cuatro arbotantes verdadera filigrana de arte.

Las modificaciones sobre el modesto trono, obra de Benítez Oliver, fueron de tal calibre que hasta el último momento no pudieron anunciar el itinerario definitivo al tener que medir la anchura de varias calles. La calle que tuvieron que suprimir del recorrido fue Lagunillas y no por la anchura, sino por los innumerables cables eléctricos que podían obstaculizar el paso de la Cruz(11)

Además de la reforma en el trono, la imagen del Crucificado procesionó sin la pureza que tiene de paño, dejándole la de talla para que se pueda apreciar la valiosa labor del artista.

A las siete y media de la tarde, salió la archicofradía y siguió este recorrido: Plaza de la Merced, Álamos, Torrijos, Puerta Nueva, Pasillo de Santa Isabel, Arriola, Sebastián Souviron, Puerta del Mar, Martínez Larios, plaza de la Constitución, Granada, plaza de la Merced, Victoria, Baza, Huerto del Conde, Francisco Masó, Ramos Marín, Madre de Dios, plaza de la Merced, a su templo.  Al no salir junto con El Rico, podía internarse en su recorrido por la feligresía de la Merced.

La gran novedad de la Cofradía de Jesús El Rico para este año 1920 era que la imagen de Nuestra Señora de los Dolores volvía a ser procesionada. Lo iba a hacer sobre un trono construido  en los talleres de los señores Prini y con una corona imperial en resplandores de plata, regalo del hermano don Adolfo Domenech. Bombas de gas acetileno, como era lo habitual, alumbraban ambos tronos.

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Ntra. Sra. de los Dolores de la Cofradía de Jesús El Rico [Foto: Mundo Gráfico]

La sección de la Virgen estrenó una magnífica bandera azul y grana, regalada por el hermano Enrique López, y un estandarte pintado por el Fernández Alvarado, costeado por la directiva. El contador, señor Benítez, regaló tres potencias para el señor. Los cargos de la nueva sección de la Virgen estrenaron túnicas, con capas blancas, hocamangas y cinturón azul oro, capirotes azul de raso, borlas de oro y sandalias. Doscientos veinte penitentes conformaban el total del cortejo, el cual se organizaba en la plaza de la Merced(12)

Variaron el inicio del recorrido, respecto al año anterior, no dirigiéndose hacia Álamos sino hacia calle Granada, ya que la liberación del preso en el Pasillo de la Cárcel (hoy Avenida de la Rosaleda) se produciría al regreso. El recorrido fue el siguiente: Granada, plaza de la Constitución (acera de la derecha), Juan Gómez García, Nueva, Puerta del Mar, Martínez, Larios, plaza de la Constitución, Granada, Méndez Nuñez, plaza del General Lachambre, Puerta Buenaventura, Torrijos, Pasillo de la Cárcel, Purificación, Álvarez, plaza de San Francisco, Torrijos, Álamos, plaza de la Merced, a su templo.

Los malagueños, como receso entre tanta procesión, podían hacer una parada en la recién inaugurada pastelería Viena, en el número 5 de la calle Molina Lario, con exquisitos bocadillos y un extenso surtido de lo más delicado y fino, con chocolates, té, café y helados. Si no, podían ir a La Imperial, en el número 52 de la calle Nueva, y comprar los típicos pasteles de pescado o las empanadas de merluza. Al día siguiente, comprar el Diario de Málaga que  publicaba su especial de Semana Santa, con artículos de colaboración y muchos fotograbados, al precio de cinco céntimos. 

Jueves Santo. La política apartó la atención en este día tan señalado. Era 1 de abril y se tenía que celebrar la sesión constitutiva en el Ayuntamiento de Málaga, a las tres de la tarde. Hasta aquí, todo más o menos normal, aunque como dije anteriormente, era una constitución interina hasta que se resolvieran los expedientes electorales. En el salón de plenos de la nueva Casa Consistorial, se iba a vivir un escándalo, como fue calificado, y en el que tuvo protagonismo un ilustre cofrade. El acto lo abría la antigua corporación, para dejar paso a los nuevos concejales electos, después de que el secretario municipal leyera el artículo 53 de la Ley Municipal de 1877; entonces, pasaría a presidir la sesión el concejal más votado, procediéndose a la elección del alcalde y resto de cargos. Pues bien, todo iba en orden hasta que, después de tomar asiento los nuevos concejales, irrumpieron en el salón de plenos, jadeantes, los señores José Estrada, Félix Sáenz y Antonio Baena. Hay que recordar que ninguno de ellos era concejal. Traían un oficio que, según decían, afectaba de una manera esencial a la constitución del Ayuntamiento. 

Del grupo de conservadores extraños a la Corporación parten voces de ¡muy bien! ¡muy bien! El señor Sáenz Clavo: Que se lea ese oficio, que se lea. El señor Estrada también habla; el señor Álvarez Net (don José) va de escaño en escaño y hasta el señor don Antonio Baena, que no tiene otro título para estar allí que el de contratista de la Casa Capitular, se sienta en un escaño junto a su hermano el concejal don Andrés…el señor Sáenz Calvo, a gritos: -Lo tenía interceptado el secretario! El secretario, señor Martos, protestó contra esa acusación. El oficio en cuestión era del Gobierno Civil y por el mismo se daba traslado de un acuerdo de la Comisión Provincial por el que se resolvía que el concejal de mayor número de votos era el hermano de Antonio Baena.  

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Nueva casa consistorial desde el aire (c.1920) [Foto: Archivo Díaz de Escovar.Caja 33 (5). Fotos aéreas de Marcelin Flandrin]

Siguió la trifulca en el salón de plenos. Algunos concejales de la corporación saliente, como Jiménez Platero, afirmaban que debía cumplirse la ley y no el capricho de personas ajenas al Ayuntamiento que pretendían imponer los procedimientos. Mientras, Antonio Baena empujaba a su hermano hasta la presidencia. El señor Rodríguez, atónito, sin poder reprimir el alboroto, abandona el sillón y enseguida lo ocupa el señor Baena (don Andrés). Aumenta el alboroto, el espectáculo resulta propio de una aldea. El escándalo continuó y entre el público asistente se oyeron gritos de: ¡Menos oficios y más aceite! …¡Y más pan!. Cada cual grita a su saber y entre las frases que se escuchan las hay de muy grueso calibre. El escándalo fue convirtiéndose en tumulto.(13) La sesión acabó a las cinco menos cuarto. 

En poco más de dos horas, la Congregación de Mena abría las procesiones del Jueves Santo. La atención volvía a reconducirse. Sorprendía el número de penitentes que llevaba, llegando a los cuatrocientos. Túnicas blancas de terciopelo con capirote negro en la sección del Señor y negras, de igual tela, las de la Virgen. Los mayordomos, con capirote largo de terciopelo negro, bordado al frente de oro fino y atrás con borla de oro. También, escapulario de Santo Domingo bordado en seda roja y en realce, y  unas sandalias modelo del señor Palma. Los trabajos de bordado fueron hechos en el Asilo de San Juan de Dios y en el establecimiento del señor Morillas. Las reformas fueron costeadas íntegramente por los hermanos que ostentan cargos.

El trono del Señor fue reformado, incluyéndose arbotantes tallados en madera. La Cruz se elevó más de un metro para que por su altura alcance la de los primeros pisos y pueda admirarse el mérito de su escultura…El trono de la Virgen será conducido por distinguidos jóvenes de esta sociedad, e irá rodeado por sesenta hachones de acetileno.(14) Se decía que el nuevo trono para la Virgen estaba en construcción y que dificultades de última hora impedían que se pudiese estrenar.

En cuanto al itinerario, alargaron sensiblemente el recorrido en comparación con 1919. Pasaron por Molina Lario, San Agustín y Duque de la Victoria, antes de llegar a la plaza de la Merced desde calle Granada. Para compensar, acortaron el de vuelta desde Atarazanas, enganchando Larios en Liborio, prescindiendo de llegar de nuevo hasta la plaza de la Constitución. El itinerario seguido fue el siguiente: Pasillo de Santo Domingo, Puente de Tetuán, Alameda Principal (lado de la derecha), Larios, Plaza de la Constitución (vuelta), Granada, plaza del Siglo, Molina Lario, San Agustín, Duque de la Victoria, plaza de la Merced (vuelta), Álamos, Carretería, Pasillo Santa Isabel, Atarazanas, Puerta del Mar, Nueva, Liborio García, Larios, Alameda, Puente de Tetuán, Pasillo de Santo Domingo, a su templo.

La Archicofradía de la Esperanza, o la procesión del Paso como se la conocía por entonces, era considerada la más popular en Málaga y la que despertaba mayor entusiasmo entre los malagueños. En el trono del Nazareno, se incluyó un juego completo de alumbrado tallado en oro, estilo Luis XV, con guardabrisas de cristal morado, obra de Palma García. En el trono de la Virgen, se estrenó una candelería de plata, costeada por suscripción entre los hermanos y personas afectas a la archicofradía, y fueron retiradas las “ángelas”. Las huelgas en las fábricas de Barcelona impidieron que se pudiesen estrenar nuevas túnicas de terciopelo.

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María Stma. de la Esperanza en el interior de la iglesia de Santo Domingo (1920) [Foto: Semana Santa en Málaga]

Esta imagen luce riquísimo manto de terciopelo verde artísticamente bordado en oro fino, reconocido como lo mejor en bordados de esta índole y palio de terciopelo del mismo color bordado soberbiamente en oro fino, sostenido por doce varales de plata cincelada colocados al exterior del palio, copia exacta del que luce la Virgen de la Esperanza del barrio de la Macarena de Sevilla.(15)Siguiendo la tradición de años anteriores, la archicofradía repartió mil panes a los pobres el Jueves Santo por la mañana en la parroquia de Santo Domingo.

Salió a las ocho de la noche de la iglesia de Santo Domingo y el itinerario fue el siguiente: Pasillo de Santo Domingo, Puente de Tetuán, Alameda Principal (impares), Acera de la Marina, Marqués de Larios, Plaza de la Constitución (vuelta), Granada, plaza de la Merced (vuelta), Álamos, Torrijos, Puerta Nueva, Pasillo Santa Isabel, Arriola, Atarazanas, Puerta del Mar, Nueva, Juan Gómez García, Plaza de la Constitución, Marqués de Larios, Alameda (pares), Puente de Tetuán, Pasillo de Santo Domingo, a su templo.

Se incorporó a la jornada del Jueves Santo la Cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Misericordia, ya que el año anterior había salido el Viernes Santo. También se vio afectada por las huelgas, no pudiendo estrenar lo que tenían proyectado. Sí pudieron estrenar treinta cetros para los mayordomos, así como un juego de mazas para los guiones y estandartes. Acompañando al Señor, el trono de Nuestra Señora de los Dolores, con magnífico alumbrado de acetileno, siendo su autor Pedro García, el mismo que el año anterior había ejecutado el del Señor.

Salió de la iglesia del Carmen a las ocho de la noche y el itinerario seguido fue el siguiente: Ancha del Carmen, Pasillo de Santo Domingo, Puente de Tetuán, Alameda Principal (acera izquierda), Acera de la Marina, Marqués de Larios, plaza de la Constitución, Granada, plaza de la Merced (vuelta), Álamos, Torrijos, Puerta Nueva, Compañía, Salvago, Especerías, Nueva, Puerta del Mar, Alameda (acera derecha), Puente de Tetuán, Pasillo de Santo Domingo, Ancha del Carmen, a su templo.

Viernes Santo. A las ocho de la noche salió de la iglesia de la Victoria la Hermandad del Santo Sepulcro. Estaba previsto que se estrenaran unos nuevos arbotantes para el trono, sin embargo, en las semanas previas ya se dudaba que estuviesen terminados a tiempo.

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Ntra. Sra. de la Soledad en el interior de la iglesia de la Victoria (1920) [Foto: Archivo Agrupación de Cofradías]

El itinerario seguido fue el siguiente: Alfonso XII, plaza y calle de la Victoria, plaza de la Merced, Álamos, Torrijos, Puerta Nueva, Pasillo de Santa Isabel, Arriola, atarazanas, Puerta del Mar, Martínez, Larios, plaza de la Constitución, Granada, plaza de la Merced, Victoria, Alfonso XII, a su templo. Se suprimen las calles Nueva y Especerías como en años anteriore para evitar el doble paso por calle Larios.  El Santo Sepulcro, sobre el trono tallado, profuso de flores y  circundado de luces, inciensos y bengalas.(16)

Servitas cerró el Viernes Santo, saliendo a las diez de la noche. Se incrementó notablemente el número de penitentes, llegando a los doscientos cincuenta y todos pertenecientes a la Orden Tercera. En el centro de la procesión, siete sacerdotes, también pertenecientes a la Orden, rezando el Santo Rosario. En el trono de la Virgen no van luces, únicamente la corona de Nuestra Señora lleva una bombilla eléctrica y un reflector que enfoca la cara de la Virgen. En la procesión irá también una banda de música, sección del cuerpo de bomberos, banda de cornetas y tambores del Regimiento Borbón y un piquete del mismo regimiento.(17)

El recorrido fue el siguiente: Guerrero, Dos Aceras, Torrijos, Compañía, Salvago, Especerías, Nueva, Puerta del Mar, Martínez, Larios, plaza de la Constitución (derecha), Granada, plaza de la Merced (izquierda), Álamos, Dos Aceras y Moreno Rey, a su templo.

Concluía la Semana Santa previa a la fundación de la Agrupación de Cofradías. Acabar con los problemas de financiación era una necesidad común, una vez puesto de manifiesto el agotamiento de la postulación domiciliaria, la ridícula contraprestación recibida de los comerciantes y la poca solidez de la subvención municipal. Al frente de esta histórica unión, el decidido cofrade Antonio Baena Gómez. Genio y figura.

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(1) La Libertad, Madrid, 10 de febrero de 1920.
(2)El Regional, Málaga, 29 de marzo de 1920.
(3)Archivo Díaz de Escovar. Caja 1 (1.6.1)
(4)La Unión Mercantil, Málaga, 17 de marzo de 1920.
(5) Incluidas en el orden del día de sesión a celebrar el Viernes de Dolores, 26 de marzo de 1920, las solicitudes de las siguientes cofradías: Sepulcro, Sangre, Mena, Fusionadas y El Rico.
(6)La Unión Mercantil, Málaga, 17 de marzo de 1920.
(7) Ibídem
(8) El Regional, Málaga, 26 de marzo de 1920.
(9) La Unión Mercantil, Málaga, 14 de marzo de 1920.(Señalar que esta noticia ha sido fechada erróneamente en diversas publicaciones, indicando el año 1919).
(10) La Unión Mercantil, Málaga, 20 de marzo de 1920.
(11) El Regional, Málaga, 31 de marzo de 1920.
(12)Ídem.
(13)El Regional, Málaga, 2 de abril de 1920.
(14)El Regional, Málaga, 31 de marzo de 1920.
(15)Ídem.
(16)El Regional, Málaga, 1 de abril de 1920.
(17)Ídem.

Foto de portada: La Unión Ilustrada, 8 abril de 1920.

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