Semana Santa de 1915

Hace cien años, sumida Europa en la primera gran guerra, los malagueños se encontraban inmersos en la conocida como crisis de subsistencias. Crisis que tuvo su causa en el incremento de la presión inflacionista como consecuencia de la fuerte demanda exterior, la desaparición de la oferta extranjera y las exportaciones incontroladas. Mezcla explosiva, consecuencia de la guerra, sobre una estructura socioeconómica malagueña ya muy debilitada desde finales del siglo anterior. Desaparecían producciones enteras de trigo para alentar el mercado negro y disparar los precios; solo unos pocos se beneficiaban económicamente de la neutralidad. La situación llegó hasta el punto de que el alcalde, Luis Encina, publicó el Miércoles Santo un edicto dando cuarenta y ocho horas a todos los tenedores y almacenistas de trigo para que pusieran a disposición del Ayuntamiento las cantidades necesarias para el consumo de la ciudad.

Seguramente en la historia de la humanidad, se decía en la prensa, no se habrá dado el caso de otra Semana Mayor como la que ha empezado, en que todo se ve de color de sangre; los pueblos en lucha fratricida olvidan las sublimes doctrinas del Redentor.

En las discusiones de las tabernas y los cafés, a veces acaloradas, sobre si se estaba a favor de los aliados o de los imperialistas, se abría hueco al iniciarse la Semana Santa el eterno debate sobre si las procesiones estaban reñidas con el progreso. Había quien cuestionaba si esas dudas se planteaban en la vecina Sevilla, que mantenía sus tradiciones y a la vez progresaba.

En los días previos a su salida procesional, la Pollinica pidió que engalanasen con colgaduras los balcones y arrojaran flores al paso de la imagen que tallaran las hijas de Pedro de Mena, con el fin de dar mayor solemnidad a la fiesta religiosa. Para causar mayor efecto, podían adquirirse también las tradicionales bengalas en el comercio de Antonio Martínez, en el número 47 de la calle San Juan, único lugar donde se vendían las auténticas.

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Stmo. Cristo de la Exaltación (c.1914) [Foto:La Unión Ilustrada,04/04/1915]

A las cuatro de la tarde del Domingo de Ramos salió la Pollinica del Císter. Continuaron las procesiones el Martes Santo con las Fusionadas, saliendo Azotes y la recién unida Exaltación a las ocho de la noche de la iglesia de San Juan; acompañadas por el Real Cuerpo de Bomberos. Del mismo templo y a la misma hora, pero del Miércoles Santo, salieron las imágenes de Ntro. Padre Jesús de la Puente del Cedrón y María Stma. de los Dolores. La cofradía, con más de doscientos penitentes, se vio obligada a dar la vuelta a causa de la lluvia cuando se encontraba en la plaza del Siglo.

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María Stma. de los Dolores, Hermandad de La Puente (c.1915) [Foto: La Unión Ilustrada, 20/04/1916]

Ese mismo día, una hora más tarde, había salido de la iglesia de Santiago la Cofradía de El Rico. Al caerle lluvia al encontrarse en el Pasillo de la Cárcel, la cofradía hizo un recorrido alternativo para volver, alargándolo finalmente al mejorar el tiempo, llegando cerca de las dos de la madrugada. En la plaza de la Merced se produjo un altercado cuando un espectador insultó a uno de los nazarenos y éste respondió agrediéndole repetidas veces con el cirio que portaba; ambos acabaron en la Aduana.

Las obras que el Ayuntamiento estaba ejecutando sobre el pavimento de la calle Torrijos habían afectado a Fusionadas que no pudieron pasar por allí, pudiendo ya hacerlo las del Miércoles Santo al rellenarse provisionalmente con arena la parte comprendida entre la Puerta de Antequera y Postigo de Arance. El único inconveniente que presentaba la medida era, en palabras del propio concejal responsable, que resultaba muy blando.

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María Stma. de la Esperanza (c.1913) [Foto: Archivo ACC]

También fueron cubiertos de arena los baches existentes en el Pasillo de Santa Isabel y en la entrada del Arco de Buenaventura, pendientes de un nuevo adoquinado. La Archicofradía de la Esperanza había decidido ese año dejar de pasar de vuelta por la difícil calle Compañía, en la que incluso tenían que usar unas pequeñas ruedas para transitar por la parte más estrecha; ampliando el itinerario por el Pasillo de Santa Isabel, plaza de Arriola, Puerta del Mar y Nueva, volviendo a la Alameda por Larios. Era el último año que la Esperanza procesionaría sobre el popular trono de las estrellas, primer trono con palio, documentado, de nuestra ciudad. Al año siguiente iba a estrenarse un nuevo trono ejecutado en la Casa Ureña de Valencia, sustituyéndose probablemente en ese momento el color negro por el verde.

Sepulcro y Servitas cerraban la Semana Santa del año 1915, cantándose numerosas saetas a su paso; destacaban especialmente las cantadas desde los balcones del hotel Alhambra, en la calle Panaderos, por artistas como Carolina López “La Malagueñita”. La animación en las calles duró hasta horas avanzadas en la última jornada.

 

(Artículo publicado en el diario “La Opinión de Málaga” el 07/03/2015, bajo el título de “Cien años atrás”)

[Foto de portada: Málaga (La Esfera, 24/07/1915)]

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