ROCÍO

Martes Santo, nueve de la noche, iglesia de San Lázaro; la imagen de María Stma. del Rocío, de color moreno y expresión divina, va a procesionar por primera vez por las calles de Málaga. Había sido bendecida el día 8 de marzo, tras la entrega de su obra por Pío Mollar.

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María Stma. del Rocío [Foto: Diario de Málaga, 02/04/1931]

La Hermandad de Jesús de los Pasos en el Monte Calvario compartía jornada con  Fusionadas y Humillación, pero ese año la atención se centraba en el barrio de la Victoria. Lucía una corona de plata cincelada, vestido de tisú de plata y manto de damasco blanco de seda; sobre un original y modernista trono diseñado por el malagueño José Rueda Aguilar y construido en Valencia por la empresa de orfebrería religiosa de Mengó y da Pena. En el trono se habían empleando materiales como la plata, el cristal unicolor y mármoles negros; enriquecido con esculturas talladas en mármol blanco, representando a las tres Marías y a la Verónica. Al frente del trono, la imagen de la Virgen de la Victoria, colocada en un tronito de plata, en homenaje a la Patrona “por malagueña y victoriana”, se decía.  En el frente posterior, el escudo de la ciudad. El palio de seda blanca con bambalinas de damasco y con flecos de plata, remataba el conjunto; dieciséis barras, también de plata, lo sostenían.

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María Stma. del Rocío en la Semana Santa de 1931 [Foto: Anécdotas y curiosidades de la Semana Santa malagueña]

Salió entre vítores y aclamaciones, llegando en torno a la una de la madrugada a calle Larios. Relataba González Anaya en su novela “Las vestiduras recamadas”, que al llegar a la céntrica calle se produjo una avalancha, viviéndose escenas de pánico; todo ello causado por un petardo, apuntaba Lola Carrera. Afortunadamente no se causaron daños de importancia, tan solo “tarea para sastres y modistillas, y comercios zapateriles”, como decía uno de los personajes. Bastante avanzada la madrugada llegó a su templo. Allí, poco más de un mes después, sería salvajemente atacada.

La hermandad lo perdió todo, encargándose nuevamente al escultor valenciano la hechura de la imagen; escondiéndose en el número cinco de la calle Puerto hasta el mes de febrero de 1937. El Domingo de Ramos de 1938 fue bendecida, volviendo a las calles de Málaga en la Semana Santa de 1940, y esta vez en un modesto trono sin palio.

Pasaron los años y continuó siguiendo la multitud a la Virgen que va sonriendo, a la que no llora ni viste de negro, como escribió Juan Antonio Rando en 1948. Escoltada por una corriente anónima que la espera y la reza, bajando calle Victoria, entre el pueblo y con el pueblo; pasando por la plaza de la Merced con sus grandes árboles, viviéndose allí momentos emocionantes en el encuentro con la Hermandad de la Sentencia, con la Virgen del Rosario; y entrando en Álamos, bajo la luz tenue de los viejos faroles de gas.

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María Stma. del Rocío (c.1958) [Foto: Revista La Saeta]

Abandonaba Carretería para adentrarse en Cisneros, buscando la irregular estructura de calle Nueva, tan malagueña, tan típica; donde, se decía, el entusiasmo era explosión de flores y saetas. Y por la Alameda, más blanca sobre el fondo verde de los grandes árboles, se asomaba a calle Larios en la apoteosis de su espectacular desfile, como escribió Fernando Gil en 1950. Por Granada, Méndez Núñez, Casapalma y Madre de Dios, llegaba a la plaza de la Merced de nuevo, dejando a la izquierda el esqueleto de lo que un día fue un templo, la iglesia mártir malagueña; adentrándose en el barrio por Huerto y Travesía del Conde.

Enfilaba Lagunillas. Las viviendas, mal alineadas pero existentes con sus balcones llenos de macetas, marcaban el camino de regreso por el clásico empedrado. Momento cumbre del Martes Santo.

Llegaba a San Lázaro, llegaba el encierro; donde a los acordes de las bandas de música, el contínuo sonar de campanas, ininterrumpido cantar de saetas y quema de millares de bengalas de colores, el pueblo aclamaba a su Virgen blanca con la seda del palio llena de flores. El alma popular había hecho su ofrenda emocionada.

Se dejó de pasar por Cisneros y Nueva, convirtiéndose la llamada “Tribuna de los Pobres” en un punto crucial, tanto de noche como de día; desapareció aquel cruce con la Virgen del Rosario; como lo hizo definitivamente la Merced y como lo hará Lagunillas si se deja que caiga. Pero lo que no ha cambiado es el fervor, la devoción y, permítanme, el idilio de Málaga con la Virgen del Rocío, con la Virgen que sonríe y no llora. Aunque, como escribiera Juan Antonio Rando, después del encierro, cuando la gente se retira, se silencia la plaza y poco a poco se va quedando sola, ahora, ahora sí, la Virgen del Rocío tiene lágrimas en sus lindos ojos.

(Artículo publicado en el diario “La Opinión de Málaga” el 28/02/2015)

[Foto de portada: María Stma. del Rocío, c. 1949 (@nosoloalameda )]

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