Roces

La historia de las cofradías en siglos pasados está jalonada de conflictos entre ellas, conflictos que derivaban en pleitos en los que pretendían hacer valer sus preferencias o derechos sobre las otras. Después de la formalización de la unión cofrade con la fundación de la Agrupación de Cofradías en 1921, aunque las unió y palió problemas del pasado, como en toda organización humana y no divina, han surgido roces. Daré una pincelada de algunos de ellos. No con la intención de incidir en viejas heridas ya curadas, sino para mostrar cómo conflictos que en su momento parecían insalvables, no lo fueron, poniéndolos el tiempo en su justa media.

La primera, en la frente. Tras la Semana Santa de 1921, Antonio Baena, presidente de la Agrupación, presenta su dimisión. En la asamblea de 17 de octubre, Alberto Torres de Navarra leyó una carta de Baena en la que decía: un grito de dolor por el abandono, que en la cooperación constante y necesaria le tiene sus compañeros y que considero esta actitud como reflejo de indiferencia, desvío y afecto, pone su dimisión en poder de los mismos. Riñó Torres de Navarra a los presentes, al decir que solo la dimisión del presidente los había hecho reaccionar y acudir a tan importante reunión. En esa misma noche, acudieron todos a casa del presidente como prueba del cariño, respeto y confianza que todos tienen a quien ha sabido, con su talento y tacto, hacer de la Agrupación el Organismo más estimado y simpático de Málaga (1).

No sería la última vez que advirtiese con su dimisión, ni el único. Rafael Atienza, secretario de la Agrupación y hermano mayor de la Puente, presentó su dimisión por un incidente sufrido en la corrida de toros organizada por la entidad. Las dimisiones, y no aceptación de las mismas, eran una constante en el momento que surgía alguna discrepancia.

De las dimisiones personales se pasó a las desagrupaciones de las cofradías. El 18 de agosto de 1922 se recibió oficio de la Cofradía de Jesús El Rico, de la que era hermano mayor Torres de Navarra, anunciando que se separaba de la Agrupación. El motivo parece que fue una discusión en una de las sesiones ya que, ante el anuncio de la cofradía, Esteban Pérez Bryan propuso que se le notificara a dicha Hermandad que no hubo deseos de molestar a su digno hermano mayor  y que deponga su actitud, volviendo de nuevo a la Agrupación (2). A pesar de ello, se mantuvo la decisión de desvincularse del ente agrupacional. No sería la única, el 5 de septiembre comunicó idéntica decisión la Cofradía del Sepulcro, desconociéndose los motivos. En los meses de febrero y marzo de 1923, ambas cofradías volvieron al seno agrupacional.

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[Foto: Málaga Católica, 22/11/1921]

Dejemos los difíciles inicios para llegar a la complicada década de los setenta, concretamente al Jueves Santo de 1974. La junta de gobierno de la Congregación de Mena decide procesionar al Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Ánimas a hombros de caballeros legionarios y a Nuestra Señora de la Soledad sobre unas pequeñas andas. La sorpresa fue muy grande, sobre todo para los hombres de trono. No lo fue menos en la Agrupación, enterándose de la decisión en la tribuna. La decisión de la congregación estuvo avalada por el párroco y el obispo Buxarrais. El presidente Atencia debía lidiar con un importante problema, debido al malestar del resto de las cofradías que consideraban lo sucedido una falta de respeto hacia la Agrupación. La sesión de la junta de gobierno del 25 de abril fue de todo menos pacífica, interviniéndose en la misma un magnetofón que se había introducido (con los móviles hoy es más complicado). Si la Agrupación no está de acuerdo con nosotros, es obvio que la Agrupación está equivocada (3), decían en la congregación.

Se acordó una minoración de la subvención y un apercibimiento de expulsión si los hechos se repetían. Atencia había conseguido calmar la indignación con sanciones, digamos, aparentes: hipotética expulsión condicionada y una minoración de la subvención, la cual  solo plasmaba la realidad de haber procesionado un único trono.

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Jueves Santo de 1974 [Foto: Archivo Congregación de Mena]

Dejamos los setenta. En sesión de la junta de gobierno de la Agrupación del 18 de febrero de 1980, el hermano mayor de Pollinica, Jesús Saborido, comunica que su cofradía ha decidido cambiar su horario de salida a las once de la mañana. La oposición al cambio se motiva en el temor a que un horario partido el Domingo de Ramos provocase una menor venta de sillas. Como apoyo a la oposición agrupacional, un informe desfavorable del Ayuntamiento sobre los inconvenientes que generaría el cambio en el tráfico.

En el fondo, las posiciones enfrentadas representaban la autonomía y potestad de decisión de una cofradía, frente a la autoridad de la Agrupación como defensora del interés común. Interés que desde Pollinica no se consideraba menoscabado. Tras la votación, resultó desestimado el cambio de horario, anunciando el hermano mayor que debía acatar lo que su cofradía había decidido, la cual se sentía desde ese momento desvinculada de la Agrupación. El fiscal, José Atencia, informó que según los estatutos, agrupada o no, debían someterse al dictamen de la Agrupación para poder salir. Finalmente, el Domingo de Ramos de 1980 sería el último que Pollinica saldría por la tarde. Permaneció casi un año desagrupada, llegándose el 17 de febrero de 1981 al deseado acuerdo.

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Pollinica en calle Císter, Domingo de Ramos de 1981 [Foto: Grabación en formato Super-8. @nosoloalameda]

Termino este áspero camino con una historia más. Nuevamente, los horarios y Mena como protagonistas. Semana Santa de 1990. La congregación reclamaba una solución a sus problemas de horarios, manifestando su oposición a los aprobados e interponiendo un recurso que se desestimó. Desestimación que fue interpretada como una actitud cerrada a cualquier negociación.

Lo peor fue que el conflicto se trasladó a la noche del Jueves Santo y la congregación no pidió la tradicional venia al pasar por la tribuna. La presidencia, como respuesta, se levantó y se marchó. La imagen de la presidencia vacía al paso de los titulares es un ejemplo de las absurdas consecuencias que tienen determinadas acciones y reacciones en un conflicto. Pasada la Semana Santa, se nombró una comisión para que estudiase lo sucedido y emitiese un informe, en el cual fueron rechazadas ambas actitudes. Informe que fue el punto de partida, reconociéndose los errores, para restablecer las buenas relaciones entre la congregación y la Agrupación.

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Jueves Santo de 1990 [Foto: Archivo Congregación de Mena]

Que surjan roces es inevitable. La virtud, una vez que se producen, está en la voluntad de solventarlos. Para ello, seguro que ayuda seguir lo que Él nos enseñó hace mucho tiempo: ponernos en el lugar del prójimo (y no se refería, necesariamente, al orden de paso).  

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(1) Archivo de la Agrupación de Cofradías de Málaga. Libro de actas Juntas Generales (1921-24), fol. 25.
(2) Ibídem, fol. 46.
(3) GÓMEZ RAVASSA, R., “De 1973 a la actualidad”, en DE MATEO AVILÉS, E., et al., “Mena, cien años de historia. Cuatro siglos de devoción”, 2015, p. 155.

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