LOS TINGLAOS

Una de las notas peculiares de nuestra Semana Santa, que aún hoy sigue vigente aunque de manera excepcional, han sido los tinglaos. Durante bastantes años muchas de nuestras cofradías no salieron de las iglesias ni de las casas de hermandad. Los tronos se preparaban para el importante día de la salida procesional en plena calle, con el riesgo que ello implicaba. Pero aquellos toldos amarillos, o blancos, que jalonaban las calles nos indicaban que la gran semana se acercaba. Un paisaje peculiar en el que se veía a niños, y a no tan niños, asomarse por las uniones de los toldos, admirando los tronos desde muy cerca e incluso probando su peso arrimando el hombro al varal, si se llegaba.  Hagamos pues un recorrido por algunos de esos tinglaos, un recorrido imaginario una mañana de primavera de un año especial, de un  año que engloba a varios de la década de los ochenta e incluso noventa del pasado siglo.

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Tinglao de la Paloma (Arguval)

Iniciamos nuestro camino en La Mundial, en calle Prim, con el muro del río detrás pero con la esperanza de un puente; allí se alza el tinglao de la Paloma de grandes dimensiones, como no podía ser de otra manera. Luego nos dirigimos a calle Fajardo, una calle para Fusionadas incluso hasta Puerta Nueva. Vemos que los sayones de la Exaltación están aún cubiertos, imponen cierto respeto. Camino de la plaza de la Constitución donde nos fijamos que ya están montando la tribuna, bastante más pequeña, y tenemos ante nosotros unos grandes toldos donde asoman parte de los largos varales del trono de Gracia y Esperanza (aquí la prueba del peso metiendo un poco el hombro). Por el Pasaje Heredia, vía de comunicación semanasantera imprescindible, nos dirigimos a los Mártires y en la calle del mismo nombre está el Huerto. Nos asomamos y no, todavía no está puesto el olivo. En el encierro no cabrá nadie en la plaza aunque siempre se le hace sitio a los dos tronos.

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Tinglao de Estudiantes (Víd. “Espíritu Cofrade”)
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Tinglao del Huerto (Víd. “Espíritu Cofrade”)

Subimos por Comedias (calle de traslados cuando los traslados eran sólo eso) y  vemos el entorno de plaza del Teatro, calle Alcántara y plaza de S. Pedro de Alcántara; entorno que en Semana Santa es patrimonio compartido de Gitanos y Sepulcro. Nos vamos dirección a la catedral para llegar a la calle Pedro de Toledo, allí se preparan los tronos de la Pollinica para el Domingo de Ramos; atrás quedó el tinglao de calle Parras, a la que volvería años después y de la que salía el Descendimiento en sus primeros años. Subiendo por Alcazabilla pero teniendo cuidado con los coches,  dejamos a un lado la Casa de la Cultura y llegamos hasta una estrecha calle llamada Muro de Santa Ana, hoy acceso al túnel de Gibrafaro. Allí está el tinglao de El Rico y más arriba por calle de la Victoria, en Pasaje de Campos, está la Sentencia. Incluso un año Rico y Sentencia compartieron dicha calle. Seguimos hasta calle Agua para ver al Rescate; esta vez no en el patio del Colegio Maristas que en alguna ocasión sirvió para instalar su tinglao. De ese mismo patio había salido una incipiente Crucifixión.

 La plaza del Santuario para ver el del Amor nos queda un poco lejos y se acaba el tiempo. Llega la hora de regresar y lo hacemos por Carretería esquivando algún que otro obstáculo encadenado. En calle Arco de la Cabeza está Viñeros y dejamos atrás Nosquera, donde está el tinglao de las Penas.

Ya en la tribuna de los pobres cruzamos el río y no vamos al de Zamarrilla, en el pasaje con su nombre, ya que nos dirigimos al Perchel. En ese lugar donde aún queda barrio, en unas cocheras del Pasillo de Sto. Domingo, está la Estrella. Junto a la iglesia, la versión metálica y permanente del tinglao: Mena; queda un espacio estrecho junto al muro del río para realizar el modesto pero emocionante traslado. Por último, llegamos al recién edificado Salón de Tronos de la Esperanza, construido sobre el solar en el que instalaban el suyo.

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La Estrella en el “angar” (Rev. “Nazareno”)

Aquí termina nuestro camino, donde empezamos pero al otro lado del río, y pensando que es indudable la mejora que ha supuesto salir de las casas de hermandad o desde dentro, pero que es igualmente cierto que aquellos tinglaos son un recuerdo imborrable que forman parte de la memoria de nuestra Semana Santa.

 (Artículo publicado en el diario “La Opinión de Málaga” el 9 de febrero de 2013).

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