Las dimisiones de Baena

En el año 1921 me surgió a mi la idea, ante las dificultades que encontraban las cofradías por sí solas para obtener fondos con que atender las procesiones. Unidos todos no solo estábamos de acuerdo para la organización de las fiestas, sino que contábamos con una fuerza representativa que, sin depender de otros organismos corporativos, podíamos gestionar directamente tanto mejoras como fondos (1).  Así contaba Antonio Baena en 1926 cómo surgió la Agrupación de Cofradías. No fue labor de una sola persona y sin la ayuda de muchos cofrades no hubiera sido posible, pero parece indudable que él fue el impulsor y el elemento cohesionador que la difícil empresa requería. La visión que de él se tenía era clara: Es para repetirlo muchas veces y muy alto: todo lo ha conseguido una sola voluntad…que supo aunar todas las que, sueltas, para bien poco servían. Esa voluntad indomable, recta, hija de una energía nacida en la confianza de las propias fuerzas, fue la de don Antonio Baena….Magnífico ejemplo es ese para los pobres de espíritu, para los que sintieron rota su energía (2).

Esa voluntad flaqueó. En aquellos años, hubo determinados momentos en los que sintió que estaba solo o al menos no con todos los apoyos que consideraba justo que tuviera. No fue un camino de rosas, ni siquiera dentro de la propia Agrupación.

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[Vida Gráfica. Archivo Municipal de Málaga]

Tras la Semana Santa de 1921, la primera de la Agrupación, Antonio Baena presenta por primera vez su dimisión. En asamblea del día 17 de octubre, Alberto Torres de Navarra, quien la presidía por la ausencia a la misma de Antonio Baena, leyó a los presentes una carta de este último en la que decía: un grito de dolor por el abandono, que en la cooperación constante y necesaria le tiene sus compañeros y que considerando esta actitud como reflejo de indiferencia, desvío y desafecto, pone su dimisión en poder de los mismos (3).  Torres de Navarra aprovechó la ocasión para pregonar a los hermanos mayores que habían asistido en pleno, según él, solo motivado por el anuncio de la marcha de Baena. Esa misma noche, a las once y media, una numerosa comisión integrada por hermanos mayores y cofrades se personó en el domicilio de Baena (4), como prueba del cariño, respeto y confianza que todos tienen a quien ha sabido con su talento y tacto hacer de la Agrupación el organismo más estimado y simpático de Málaga, decían.

Menos de un año después volvió a presentar la dimisión, concretamente el 14 de agosto de 1922, fundamentado en la desidia y poca asiduidad con la que algunos hermanos mayores cooperaban en los actos de la Agrupación.

La tercera se produjo a finales del año 1924 y tampoco fue aceptada. El motivo, el mismo. La situación al año siguiente distaba de ser del todo pacífica. En 1925, en la tradicional comida tras la Semana Santa, uno de los invitados, el poeta Sáenz y Sáenz, leyó unas cuartillas como homenaje de admiración y testimonio de gratitud por sus constantes desvelos en pro de la Semana Santa malagueña (5): El señor Baena no solamente se sostiene, sino que ha llegado a consolidarse en forma tal, que a la hora presente sería imposible derribarlo, a pesar de la “buena voluntad” que algunos elementos tratan de poner en juego para conseguirlo. 

Esas pequeñas rencillas fueron aumentando, a tenor de lo que sucedería un año después. Sí, otra dimisión de Baena, pero esta vez hizo notar por primera vez que estaba auténticamente molesto con determinados miembros de la Agrupación y pidió que no se contara con él para la formación del nuevo comité. En la revista Vida Gráfica se publicó una entrevista en la que dijo mucho, entrevista cuyo titular fue: “La dimisión del presidente de la Agrupación de Cofradías. Sevilla está de enhorabuena.” (6)

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Homenaje de la Archicofradía de la Sangre a Antonio Baena en el Caleta Palace (abril de 1926) [Foto: Vida Gráfica. Archivo Municipal de Málaga]

En la misma adujo que el principal motivo era el cansancio, llevando el peso de un cargo en el que hay que desarrollar muchas actividades y sostener muchas luchas, en las que la moral y el entusiasmo para seguir adelante se deprime mucho cuando el sacrificio y el esfuerzo es estéril y se estrella ante la oposición sistemática que se mueve sólo a impulsos de la pasión, la rencilla o la envidia.

El periodista le apuntó que el cansancio no era por el cargo sino por las luchas que le origina el mismo. Le preguntó si era cierto que cuando había sido nombrado hijo predilecto de la ciudad de Málaga, propuesto por Díaz Serrano, solo una o dos hermandades le habían felicitado por ello. Contestó que no lo recordaba, pero que no había que darle importancia. También le recordó que la construcción de las tribunas y la adquisición de las sillas habían corrido de su cuenta, suponiendo según él mismo un desembolso de 50.000 pesetas. A pesar de la insistencia del entrevistador, Baena también insistía en que su marcha de la presidencia no era para hacer inculpaciones ni para exteriorizar su disgusto por nada. Aunque dejó la siguiente frase: Ahora bien, sí he de manifestarles que en mi labor en beneficio de las fiestas de Semana Santa he hecho mala siembra, equivocando el terreno y la semilla.

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Entrega a Baena de placa en homenaje por su nombramiento como hijo predilecto de la ciudad, brindado por los hermanos de la Sangre y la Esperanza (1927) [Foto: Vida Gráfica. Archivo Municipal de Málaga]

No desaprovechó la ocasión para criticar abiertamente la actitud de los hoteleros, ya que eran unos de los más beneficiados y no aportaban nada. No en vano, en ese mismo año 1926, hubo un pequeño incidente con el Hotel Regina, situado en la entrada de Puerta del Mar, acordando la Agrupación que las cofradías entraran por el centro de la Alameda, subiendo si era necesario por la calle Atarazanas y entrando por Torregorda.

Poco menos de un mes después de que fuera publicada aquella entrevista, concretamente el 20 de octubre de 1926, quedaron zanjadas las discrepancias y reconsideró su decisión en sesión de la Agrupación. Para ello, fue crucial la intervención de su madre al pedirle que sacrificara su amor propio herido en bien de los demás. Finalizó con un abrazo entre madre e hijo y Baena agradeció las muestras de apoyo y afecto a los asistentes.  Se acordó hacer constar en el acta y notificarle a la madre de Antonio Baena el agradecimiento por la decisiva intervención en la crisis presidencial.

El escrito, firmado por el secretario José Viñas con el visto bueno del vicepresidente Manuel Cárcer,  se remitió a finales del mes de noviembre. En uno de sus párrafos se decía: Diferencias de criterio noblemente mantenidas, injustificadas pretensiones, la contumacia envidiosa de los esotéricos que no pudiendo aproximarse a nuestro presidente por elevación pretenden hacerlo inútilmente por descenso de su ilustre personalidad; la insidia de los profesionales de la calumnia; amigos oficiosos que, en vez de confortar su ánimo ayudándole en su labor, son portadores de las inmundicias del arroyo, hacen que la exquisita susceptibilidad de su querido hijo sea abatida e inducido por hiperestesia moral a prescindir del amor de sus amores al adoptar la firme resolución de no continuar rigiendo los destinos de esta Agrupación (7).

No cesaban los reconocimientos por su labor profesional y benéfico asistencial ((8), tampoco el cansancio que empezaba a hacer mella en su férrea voluntad. Tras la Semana Santa de 1928, la Archicofradía de la Expiración celebra un banquete en honor de su joven hermano mayor, Enrique Navarro. Celebración a la que asiste Antonio Baena. Se cuenta que en su discurso el presidente de la Agrupación contó que al veterano torero Lagartijo le preguntaron en público su parecer sobre otro joven diestro que empezaba a destacar, llamado Frascuelo; la contestación del maestro fue rápida: “fijarse si será güeno que lo comparan conmigo”.  Ambos se fundieron en un abrazo (9).

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Hermanos de la Expiración junto con Antonio Baena en el acto de entrega a Francisco Palma García del título de asesor artístico de la archicofradía (1930) [Foto: Vida Gráfica. Archivo Municipal de Málaga]

Pidió que le dejaran no actuar como presidente durante un año, al objeto de poder dedicarse por entero a la cofradía de la Sangre ante las importantes novedades del año 1929. Los preparativos de la primera salida procesional de María Santísima de Consolación y Lágrimas debían recibir toda su atención. Sin embargo, nuevamente tuvo que desistir de su pretensión.

Descanso que sí le concederían tras la Semana Santa de 1929. Baena dijo que tenía sus obras abandonadas porque, desde el primer momento, todos los minutos de su vida los consagró a la Agrupación y a sus cofradías; además, había dejado su mandato en la Archicofradía de la Sangre. A pesar del motivo expresado, en la prensa se insistía otra vez en la existencia de discrepancias, señalando que el motivo estaba en diversidad de opiniones sobre extremos importantes, de elementos disconformes con procedimientos y sistemas que a otros les parece muy bien (10). Nuevamente, en la revista Vida Gráfica se dan más detalles: ha encontrado en determinados lugares chinitas a su paso que han sido la gota de agua que ha hecho rebosar el vaso de su amargura y de su cansancio impulsándolo a abandonar su cargo donde se considera agotado (11).

Lo más que consigue son seis meses. Las siguientes reuniones fueron presididas por Manuel Cárcer Trigueros. Los momentos más duros estaban por llegar.

En 1930 el ayuntamiento acordó por unanimidad ponerle su nombre a la Alameda de Capuchinos.La lápida indicativa fue dañada el 12 de abril de 1931, día de las elecciones municipales,  poniendo en su lugar el rótulo de “Avenida de Fermín Galán”. Acto de vandalismo que fue acompañado por un intento de agresión al propio Baena.

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Acto de descubrimiento de la lápida con el nombre (22/03/1931) [Foto: Vida Gráfica. Archivo Municipal de Málaga]

Tras los Sucesos de 1931, el 11 de agosto se reunió el comité ejecutivo convocado por Baena para conocer las distintas opiniones acerca del futuro de la Agrupación. Tres días más tarde se reunió la Junta General de la Agrupación y presentó su dimisión porque, como él mismo dijo, en el mes de mayo se había producido un doble delito: contra las joyas artísticas y contra los bienes de las cofradías. Añadió que, después de los agravios recibidos del pueblo de Málaga, al que tanto amó, no le retienen en él sino los suyos y los de la Agrupación de Cofradías, únicos que en todo momento le fueron leales y supieron comprender cuánto de grande había en su cariño por esta desgraciada ciudad (12).

Se nombró nuevo comité ejecutivo y por aclamación se decidió que Baena siguiera siendo el presidente. Sin embargo, en esta ocasión ya sería distinto, ya que se le facultaba para no desempeñar el cargo durante el tiempo que estimase oportuno. Asumiría el mando de facto el vicepresidente, Manuel Nogueira Jiménez, quien realizaría una labor esencial en uno de los momentos más complicados y de mayor trascendencia. Labor no siempre reconocida.

Tras la muerte de Manuel Nogueira en el mes de diciembre de 1931, Baena volvió a presidir un comité ejecutivo el 13 de enero de 1932. A pesar de que su presencia era testimonial, pretendía que Torres de Navarra fuese designado como nuevo vicepresidente, lo que implicaba ser su sucesor. No  lo consiguió, presentando su dimisión que fue leída en sesión del comité celebrada dos días después y que presidía Enrique Navarro como primer vocal. La labor de este último fue determinante para que, una vez más, no se aceptara la dimisión, si bien seguiría Baena de forma testimonial como lo venía haciendo desde 1931. La vicepresidencia sería ocupada finalmente por Enrique Navarro.

En el mes de junio de 1932 se evidenciaba la dificultad que planteaba la especial situación de tener un presidente con una licencia temporal y en la que continuaba recayendo la responsabilidad en la vicepresidencia. Nos encontramos en los tiempos de la Comisión Pro-Semana Santa y ya se habla en abril de 1933 de Enrique Navarro como presidente accidental. Se puso fin a la situación de interinidad, tras manifestar Baena su deseo de no volver en modo alguno a la presidencia, en sesión de la Junta General de 26 de septiembre de 1935 designándose presidente a Enrique Navarro Torres. Se iniciaba una nueva etapa.

Como se escribió en la carta remitida por la Agrupación a su madre, para que las grandes obras se realicen se precisan dos elementos indispensables: un hombre que piense, inicie, proyecte, cree y labore al impulso de un noble sentimiento y una voluntad fuerte y leal, y otro hombre o entidad que con fe en aquel disponga de medios y actitudes y se halle propicio a facilitarlas sin tasa para que quede coronada, por el éxito, la obra en proyecto. 

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(1) Vida Gráfica, Málaga, 20 de septiembre de 1926.
(2) Vida Gráfica, Málaga, 6 de abril de 1925.
(3) DE MATEO AVILÉS, E., et al., “75 años de la Agrupación de Cofradías. 1921-1996. Estudio histórico sobre la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga”, Málaga, 1996, p. 64
(4) ESTRADA Y SEGALERVA, J.L., “Efemérides malagueñas, IV”, Málaga, 1970, p. 79.
(5) SALINAS BAENA, J.J., “Antonio Baena Gómez, constructor de sí mismo”. Málaga,1995, p. 201
(6) Vida Gráfica, Málaga, 20 de septiembre de 1926
(7) SALINAS BAENA, J.J., op.cit., p.210.
(8) A título de ejemplo, en 1927, la Medalla del Trabajo (de plata de segunda categoría que le sería impuesta en 1928) por fomentar importantes obras comerciales, así como la Cruz de Beneficencia de primera clase por su esfuerzo como presidente del Patronato del Asilo de los Ángeles para ancianos.
(9) SALINAS BAENA, J.J., op.cit., p.223.
(10) DE MATEO AVILÉS, E., op.cit., p. 98
(11) Vida Gráfica, Málaga, 30 de septiembre de 1929.
(12) DE MATEO AVILÉS, E., op.cit., p. 145

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