LA SEMANA SANTA DE MÁLAGA EN LOS LIBROS DE VIAJES- I

Ha pasado mucho tiempo desde que un marino griego escribiera el poema Ora maritima, donde hacía una descripción de la antigua Mainake. El viaje se sitúa entre las más remotas actividades de los hombres, así como la necesidad de plasmarlo por escrito. A pesar de ello, la literatura de viajes no ha sido un género literario universalmente reconocido, no siendo considerada como fuente documental hasta bien entrado el siglo XX.

Voy a referirme a algunos de estos viajes en los que se da la circunstancia, no sólo de que Málaga sea uno de los destinos, sino también de que lo fuera durante la Semana Santa. Ello nos permitirá ver lo que sucedía a través de las descripciones de estos libros, siendo especialmente relevantes las referidas a períodos en los que la ausencia de crónicas solo nos ha permitido, aplicando otras fuentes plenamente válidas, suponer cómo eran estas manifestaciones públicas de fe en la Málaga de otras épocas. Viajemos pues.

La primera parada la hacemos de la mano del diplomático francés Jean François Peyron (1748-1784), quien escribió “Essais sur l’Espagne et voyage fait en 1777 et 1778, ou l’on traite des moeurs…”, editado en Ginebra en 1780. Sin embargo, la edición que he podido consultar es la segunda, editada en París en 1782, parece ser con el mismo contenido pero con diferente título: “Nouveau voyage en Espagne, fait en 1777 et 1778”.

NOVEAU VOYAGE

Es en 1777 cuando llega a Málaga, tras haber recorrido la costa mediterránea. Afirma en su libro que nunca ha oído mencionar tanto a Dios, a la Virgen y a los Santos, como en España; y hacer la señal de la Cruz también es muy común. Al leer estos libros de viajes, especialmente los editados en los siglos XVIII y XIX, hay que dejar a un lado nuestro pensamiento globalizado y tener muy presente que entonces España, y el Sur más aún, eran un destino exótico para estos viajeros extranjeros. Y cuando digo exótico, digo como indica la RAE: “Extranjero o procedente de un país o lugar lejanos y percibidos como muy distintos del propio. Extraño, chocante, extravagante”. Es decir, la lejanía concebida no tanto como distancia geográfica, sino como desconocimiento. Por esta razón España se percibía lejana, remota y exótica.

El 27 de marzo de 1777, Jueves Santo, presencia una procesión y escribe: yo sabía de la existencia de los personajes llamados nazarenos; son hombres vestidos como nuestros penitentes de la Provenza o Languedoc, pero tienen en su vestimenta una cola que sobresale, de cuarenta pies de largo; así que tres nazarenos ocupan toda la longitud de una calle (…) El que puede llevar más tela en la cola es el más orgulloso y, sin duda, el más devoto. Fue una procesión de la figura de Jesucristo en diversas momentos de la pasión; se le vio en la columna, sudando sangre, coronado de espinas, portando la Cruz  y finalmente descendido de la Cruz. En todos los misterios (…) él era llevado por diez nazarenos, precedido por varios incensarios. Lamentablemente, la quema de incienso, la falta de aliento de los portadores y las figuras portadas, daban a la ceremonia mucha menos pompa, solo horror y tristeza. Sin embargo, las mujeres se cubrían con sus mejores galas; hay un velo de blonda que no deja perder nada de su belleza de la talla y figura; adornan las ventanas y los balcones de sus casas, y no parecen formar parte de la terrible y sombría ceremonia, ya que están alegres y gozosas.

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Vista de Málaga desde el cortijo La Palma (1780) [portal.idemap.es]

La segunda parada la hacemos junto al británico Joseph Townsend (1739-1816). Hijo de un mercader londinense, este médico, geólogo y vicario escribió “A journey through Spain in the years 1786 and 1787…” , editado en Londres en 1792 y considerado uno de los mejores libros de viajes sobre nuestro país, siendo meticuloso en las descripciones y aportando multitud de datos útiles. Tanto es así, que se dice que su edición francesa en 1809 sirvió de libro de bolsillo a las tropas invasoras de Napoleón.

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Joseph Townsend  [blog.elcomercio.es]

Llegó a Málaga, procedente de Cádiz, a finales del mes de marzo de 1787 y permaneció unos veinte días. Da múltiples detalles, llegando al punto de referirse a los búcaros o alcarrazas que se hacían cerca del convento de la Victoria. Se trata de vasijas de una marga azulada que sirven para refrescar el agua de beber. Es notable, que cuando el viento terral prevalece abrasador, el líquido depositado en estas jarras llega a ser tan frío como si estuviera enterrado en la nieve.

Loa la labor de los capuchinos al entregarse al servicio de los pobres, junto con la de los miembros de la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri. Un amigo suyo se encontraba pasando unos días de retiro, previos a la Semana Santa, con esta congregación para ser dedicado a la lectura, la oración y la meditación, previo a recibir la Eucaristía en la Pascua; yo fui a visitarlo en su retiro(…) Estos padres utilizan la disciplina los miércoles y viernes, a las siete de la noche, porque en ese momento, inmediatamente después de las vísperas ensayan sus maitines; pero todas las órdenes religiosas que se levantan a media noche para este servicio, llevan a cabo su flagelación en el momento adecuado; y muchos de ellos lo hacen con tal violencia, que en la mañana los lugares donde se encontraban, son encontrados rociados con su sangre.

El obispo de Málaga (Manuel Antonio Ferrer y Figueredo), aunque distinguido por su benevolencia y piedad, y, en la opinión de todos, libre de toda mancha, sin embargo, se dice que lleva a cabo la práctica de la disciplina secreta con más severidad que los más celosos de la monjes. Este buen obispo (…) da más de la mitad de sus bienes para alimentar a los pobres, que se reúnen todas las mañanas a sus puertas para recibir cada uno un poco de dinero, y de allí dispersarse entre los conventos, en los que nunca fallan para conseguir algo de pan y caldo.

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Plano de Málaga, Carrión de Mula (1791) [Archivo Municipal de Málaga]

El 5 de abril de 1787 era Jueves Santo y escribió: Por la noche cantaban el Miserere, acompañado de música suave y de tal forma que casi nadie podía contener las lágrimas.  Y a la mañana siguiente: “El viernes, a las siete de la mañana, cerca de diez mil almas se reunieron en la Plaza Mayor para ver pasar las procesiones; pero en el momento en que un crucifijo entraba por un lado de la plaza y en que el discípulo bienamado y la Santa Virgen aparecían por el otro, un súbito y fuerte aguacero obligó a la multitud a disolverse para buscar abrigo. Por eso fue que el encuentro del Hijo con la Madre no pudo verificarse; de no ser por eso, habrían, así como otras imágenes diferentes, desempeñado su papel. San Juan debía demostrar su pena alzando sus manos al cielo, la Santa Virgen se habría desmayado y todo el pueblo habría roto a llorar. Sin duda, el señor Townsend iba a presenciar la escenificación del Paso por la Archicofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso y María Santísima de la Esperanza.

Continuará…

[Imagen de portada: “Perfectissima Geographica Delineatio Regnorun Vandalitiae, Granatae et Algarbiae; Tractuum, Meridionalium Portugalliae Extremadure ac Castell ae Novae”. Mapa hacia 1720 (grabadoslaurenceshand.com)]

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