LA SEGUNDA EDAD DORADA

En plena transición y en momentos en que las cofradías intentaban desprenderse de la vinculación política, determinados grupos de jóvenes consiguieron lo que no se había logrado en los últimos treinta años: fundar o reorganizar una cofradía. Con un espíritu renovador y ausencia de lazos con instituciones políticas o sociales, se apoyaron en el pasado de cofradías que por diversas razones habían desaparecido.

No solo recuperaron para Málaga antiguas cofradías, sino que volvieron a concebir la manifestación religiosa como estación de penitencia y no como desfile; dirigirse desde un lugar sagrado a otro lugar sagrado. Para ello, manifestaron el deseo de salir desde el interior de las iglesias y de retomar la estación a la catedral, que solo podían realizar Pasión y Viñeros.

La mencionada concepción determinó la adecuación de las andas procesionales a ajustadas dimensiones. No debe afirmarse con ello que estas cofradías introdujeran postulados estéticos sevillanos, lo que ya se había producido desde mediados de la década de los sesenta del pasado siglo de la mano de Juan Casielles y su relación con los talleres hispalenses de Villarreal; sin embargo, es innegable que en su mayoría abogaron por el mantenimiento de los referidos postulados.

La puesta en escena de estas cofradías llamaba la atención sobremanera. El Viernes Santo de 1978 salió a las calles Dolores de San Juan. El ambiente de austeridad y absoluto silencio del cortejo causó un gran impacto. Al paso del trono por la plaza de Arriola, ante el convento de las Hermanas de la Cruz, las monjas rompieron su habitual mudez para cantar un motete a la imagen de Nuestra Señora de los Dolores; era la primera vez que sucedía. Hay que dar la bienvenida y la enhorabuena a estos jóvenes cofrades por el magnífico desfile realizado, pleno de orden y severidad, como corresponde a una Hermandad de Viernes Santo y en cumplimiento de sus Estatutos. Los penitentes vistieron túnicas negras de tejido de ruan, cíngulo de esparto y cola recogida, se decía en un diario local. Fue un ejemplo para las que venían detrás. Al día siguiente, por los alrededores de San Felipe, el Descendimiento procesionó la imagen de la Virgen de las Angustias.

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Dolores de San Juan por la Alameda [Foto: La Saeta, 1983]

Después de la incorporación a la Agrupación de Dolores de San Juan (1978), lo harían: Monte Calvario (1981), Descendimiento (1982), Humildad (1986), Dolores del Puente (1986) y Salud (1988). Todas ellas, salvo Dolores del Puente, habían comenzado su andadura a finales de los años setenta.

Como reconoció el presidente de la Agrupación, Fernández Verni, en 1982: La Semana Santa malagueña atraviesa una época de oro. No solo se aumentó en cantidad, sino también en calidad.

Antes de la Semana Santa de 1987,  y como ejemplo de la preocupación por un mayor cuidado en la presentación de los cortejos procesionales en la calle, Salvador Villalobos, delegado del Monte Calvario, propuso retirar la megafonía existente en la tribuna central para los saeteros, o que por lo menos se hiciera un día a modo de prueba. Del mismo modo solicitó que se controlaran los excesos cometidos en ocasiones, aprovechando la existencia de megafonía, en diferentes puntos de la ciudad, los cuales eran desmedidos e improcedentes. La Agrupación acordó el estudio de la propuesta, aprobándose posteriormente solicitar la eliminación de la megafonía al Liceo-Peña Malaguista y a la peña El Cenachero.

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Salida de la Humildad [Foto: postal editada en 1987 @nosoloalameda]

Igualmente, en torno a 1987, comenzaban a redefinirse las relaciones entre las hermandades y la Iglesia Diocesana. El delegado episcopal tuvo especial interés en la participación de los cofrades en la elaboración de las normas pastorales para la diócesis como parte de una nueva metodología de acción pastoral de conjunto; así se designó una comisión compuesta por tres cofrades: Francisco José González (Pasión), Pedro Merino (Dolores de San Juan) y el referido Salvador Villalobos (Monte Calvario).

Plenamente incorporadas en el seno agrupacional, llegaba el momento de plantear allí la reapertura de las puertas de la catedral. Humildad, Salud, Monte Calvario y Descendimiento hacían un acto en el Patio de los Naranjos ante la Puerta de las Cadenas, al que asistía multitud de público. Antes de la Semana Santa de 1987, el hermano mayor de Humildad preguntó sobre esa posibilidad, a lo que el presidente contestó aludiendo a la buena disposición al diálogo del obispo Buxarráis; aunque el principal escollo lo había constituido el Cabildo Catedralicio. Finalmente, en reunión del mes de octubre de 1987, el Cabildo accedió a la propuesta de autorizar la entrada a las cofradías que lo tenían solicitado. El tesón de las “nuevas” logró que en 1988 se reabrieran las puertas a todas las que lo desearan, entrando por primera vez junto a ellas la Hermandad de las Penas; escribían así una página memorable de nuestra historia cofrade.

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Monte Calvario en el Patio de los Naranjos [Foto: La Saeta,1984]

(Artículo publicado en el diario “La Opinión de Málaga” el 19/03/2015)

[Foto de portada: María Stma. de la Salud saliendo de San Pablo en 1988 (Archivo de la Hermandad de la Salud)]

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