LA PROMESA

El 17 de julio de 1927 es una fecha que pasó a la historia de la plaza de toros de La Malagueta, ya que aquel día se concedió por primera vez en Málaga una pata, por entonces el mayor premio que se otorgaba por una faena. El premiado fue el exitoso novillero valenciano Vicente Barrera, que además cortó cuatro orejas y un rabo a novillos de Peñalver.

La temporada de aquel año estuvo marcada por los duelos entre Barrera y Gitanillo de Triana, toreando muchos mano a mano. Por ello, se generó la máxima expectación en Málaga con la novillada que se iba a celebrar el 31 de julio de 1927, donde ambos compartían cartel junto con el novillero malagueño Andrés Mérida; quien, por cierto, pasaría a la historia de nuestra Semana Santa por salvar el 12 de mayo de 1931 la cabeza del Cristo de la Expiración, que aún se conserva en la casa de hermandad de la archicofradía. Por otro lado, se daba la circunstancia que esa tarde Vicente Barrera se despedía como novillero tras una triunfal temporada que le iba a conducir a la esperada alternativa en el mes de septiembre. Desde las 10 de la mañana hubo ayer cola en el despacho de la empresa, lo que prueba la extraordinaria expectación que ha despertado la corrida de esta tarde en la que se despedirá como novillero Vicente Barrera. El entusiasmo está justificado porque los novillos de don Ramón Gallardo están admirablemente presentados y tanto Barrera, como Mérida y Gitanillo de Triana, son tres artistas que pueden propiciar una gran tarde a la afición. (La Unión Mercantil, 31/07/1927).

En las jornadas previas los cofrades de la Expiración agasajaron al famoso novillero y lo llevaron a visitar la iglesia de San Pedro. Allí admiró la bella imagen de María Santísima de los Dolores, rezando ante Ella.

Dolores
María Stma. de los Dolores [Foto: La Saeta,1930]

En la tarde del domingo 31 de julio, ante una abarrotada Malagueta, los novilleros estaban cumpliendo con las expectativas. Mérida era premiado por su faena en el cuarto, y Gitanillo de Triana cortó sendas orejas en el segundo y el quinto. Sin embargo, Barrera, que había cortado oreja y rabo en el tercero, sufrió una grave cogida en el sexto. El pronóstico era de extrema gravedad; había sufrido una cornada de dos trayectorias, de doce y veinte centímetros de profundidad.

Cuando el diestro valenciano se encontraba en la mesa de operaciones de la enfermería de la plaza y el doctor García Recio hacía lo que podía por salvarle la vida, comprendió la gravedad de la situación y que sus ilusiones habían quedado truncadas para siempre. El anestésico que se le suministró acrecentó más aún su pesimismo. De pronto, una luz celestial iluminó sus pensamientos y vio la imagen de la Dolorosa, vio a la Virgencita morena de los Percheles, a aquella que días antes había visto en San Pedro cuando los cofrades de la Expiración le llevaron a su iglesia. Los labios del torero se abrieron para musitar una plegaria: “-¡Virgencita buena, sálvame!” Y después, una ofrenda: “-Sálvame Virgencita buena y te prometo salir el próximo año de penitente, cuando pasees por las calles de Málaga.

Como si la Virgen le hubiese respondido, el rostro de Vicente Barrera se animó con la fe que le entrara en el alma. Ya no sintió el miedo, porque la esperanza nació en su espíritu y así fue que le dijo al doctor García Recio:”– Rasgue usted bien la herida y no tenga cuidado, que no me duele.

Vicente Barrera se salvó, recuperándose en un corto espacio de tiempo. Pudo tomar la ansiada alternativa en su Valencia natal el 17 de septiembre de 1927 apadrinado y acompañado, respectivamente, por los hermanos Juan y José Belmonte. El 24 de septiembre volvió a La Malagueta como matador, compartiendo cartel con Belmonte y Gitanillo de Triana. Recibió una especial ovación. Pero debía volver y no solo para triunfar como torero, sino para cumplir una promesa.

Así lo hizo. El Miércoles Santo de 1928 acompañó a la Virgen de los Dolores por las calles de Málaga, como nazareno. Estaba allí, como él dijo, porque una Virgen buena y milagrosa así lo ha querido.

El torero Vicente Barrera
El torero Vicente Barrera el Miércoles Santo de 1928 ante María Stma. de los Dolores [Foto: La Unión Mercantil]

Desde 1929 hasta la Guerra Civil, Vicente Barrera estuvo casado con el éxito, como lo prueban, entre otras muchas circunstancias, las ciento cuatro orejas que cortó durante la temporada de 1932. Falleció en 1956 y, seguramente, sin olvidar nunca a aquella Virgencita morena de los Percheles.

Fuentes: Entrevista a Vicente Barrera. La Unión Mercantil, 6 de abril de 1928/ Diario ABC, 1 de agosto y 25 de septiembre de 1927/portaltaurino.net

[Foto de portada: María Stma de los Dolores, c. 1929 (La Saeta)]

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