Juan de la Victoria Ovando, un cofrade del siglo XVII

En tiempos en los que la actualidad y la inmediatez devoran, pretender captar la atención con una entrada referida a un militar y poeta que vivió en el siglo XVII, reconozco que es, cuanto menos, aventurado. A pesar de ello, lo intentaré, esperando que sirva como excusa que este célebre malagueño fue también cofrade.

Año 1624. Visita la ciudad de Málaga el rey de España y Portugal, y del resto del imperio español, Felipe IV. Monarca bajo cuyo reinado se vivirían los últimos esplendores del Siglo de Oro y comenzaría la pérdida de la hegemonía en Europa, después de guerras agotadoras. Le acompañaba en este viaje su inseparable Gaspar de Guzmán, conde-duque de Olivares. Primera visita regia que se producía desde los Reyes Católicos y que no se repetiría hasta el siglo XIX. La ciudad se preparó para tan importante evento: se repararon parte de las murallas, se colocó un puente de madera sobre el Guadalmedina, se reconstruyeron algunas puertas de la ciudad y se adornó la Alcazaba. A ello añadir las invenciones de fuego por donde pasaría el rey.

Esta visita era de suma importancia para la oligarquía local. La noche del 31 de marzo, la comitiva real fue recibida por los regidores a caballo con hachas encendidas. La aristocracia malagueña no estaba compuesta por una nobleza de títulos, sino fundamentalmente de caballeros. Hijosdalgos de casas muy conocidas que fueron los que en tiempos de los Reyes Católicos ayudaron a la conquista de la ciudad.  A cambio de servicios a la Corona, obtendrían sucesivamente la emisión de diferentes Cédulas y Despachos Reales favorables a conservar su estatus, consiguiendo finalmente del rey Felipe IV el Estatuto de Nobleza de Sangre para los Capitulares Malagueños en 1662. Gracias al mismo, se establecía como requisito ineludible para ser regidor la limpieza de sangre e hidalguía.

En esa Málaga de 1624, de esta histórica visita regia, y en el seno de una familia noble de sangre, nace Juan de la Victoria Ovando y Santarén Loaysa y Rojas. Sus padres, Esteban y Marta Jacinta, le inculcaron siempre el amor por la cultura, el valor y la religión. Tuvo varios hermanos: Jorge, militar que guerreó en Italia; Antonio, regidor de la villa de Archidona;  Rodrigo, maestro de la Orden de San Agustín; y Gaspar, uno de los pocos autores dramáticos que tuvo la ciudad de Málaga en el siglo XVII (1).

Contaba nuestro protagonista con nueve años de edad, cuando a su padre Esteban, caballero de la Orden de Santiago, le fue concedida la facultad de llevar el estandarte en la procesión de la incipiente Hermandad de Esclavitud y advocación del Santo Cristo de la Santísima Trinidad. Hermandad fundada dos meses atrás, concretamente el 20 de marzo de 1633, en el convento de la Santísima Trinidad, y que sería Cofradía del Santo Cristo de la Columna al recibir, en el mes de diciembre, las dos imágenes encargadas al artista José Micael Alfaro. Una de ellas, un Cristo de siete cuartas de alto, los brazos atados, encarnados hasta los codos, y las piernas hasta las rodillas, de rostro y pecho con su cabellera postiza.

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Santo Cristo de la Salud [Archivo Díaz de Escovar]

En el nombre de Dios amén…quieren nombrar por hermanos mayores de la dicha Cofradía y hermandad, para llevar estandarte de ella, a don Esteban de Santarén y Ovando, vecino de esta ciudad, y que la haya de asistir a dicha procesión y llevar el dicho estandarte, gozando de su nombramiento por todos los días de su vida, sin que adelante puedan variar, ni elegir otra persona para el dicho ministerio, porque han de hacer este dicho nombramiento irrevocable, y muerto el dicho don Esteban Santarén y Ovando, haya de suceder en el dicho nombramiento su hijo mayor varón (…) (2).  Y así sería.

A cambio de este nombramiento, debía hacer a su costa un estandarte de damasco y aportar cien ducados de principal de censo. Aceptó don Esteban llevar el dicho estandarte como tal hermano mayor. Para las cofradías constituía un elemento de distinción y privilegio contar con el patrocinio de un miembro de la nobleza, además de los ingresos económicos que se obtenían. Para el noble, una oportunidad de afirmar y exhibir su posición social. El hecho de portar el estandarte revestía gran importancia, identificaba la cofradía con la familia y con la misma persona que lo portaba; una seña de identidad, vinculación e, incluso, posesión. En lo que respecta al gobierno de la cofradía, normalmente se trataba de una posición honorífica, pero gracias a la relevancia que tenía desde el punto de vista económico y social, en ocasiones trascendía esa posición honorífica, convirtiéndose el papel de estos hermanos mayores-patronos en un poder efectivo. Este último sería el caso de la familia Ovando con la Cofradía del Santo Cristo de la Columna.

Nuestro Juan de la Victoria Ovando recibió una educación esmerada de la que nació su amor por la poesía, algo que no era extraño a su familia. Estudió Latín y Humanidades en la ciudad de Granada, desenvolviéndose en un ambiente cultural y artístico. Como tampoco era extraño a su familia, deseó continuar las gestas gloriosas de sus ascendientes e inició su carrera militar. Corría el año 1642 y, encontrándose en la Corte, dedicó sus primeros versos a la maestría ecuestre del rey Felipe IV.

Al morir su padre, llegaba el momento de cumplir con lo pactado y heredar el estandarte de la Cofradía del Santo Cristo de la Columna que por entonces ya radicaba en la iglesia de San Juan, donde se había trasladado en 1636 a causa de la lejanía del convento de la Trinidad. Estando en la iglesia parroquial de San Juan de esta ciudad de Málaga en 7 del mes de abril de 1647…dijeron: Que don Esteban de Santarén y Ovando, caballero del hábito de Santiago, hermano mayor de dicha Cofradía, es muerto y pasado de esta vida, el cual sacaba el estandarte de ella los días del Miércoles Santo cuando la dicha Cofradía sale de esta parroquia, y porque por su fin y muerte sucedió en él y su casa y mayorazgo don Juan de Santarén y Ovando, su hijo mayor, y para que se continúe el sacarlo con la veneración y ostentación que el dicho su padre lo hizo (…) (3). Se ratificaba en su integridad lo pactado con su padre, añadiéndose una serie de estipulaciones como la de dar a la cofradía 400 reales, pagaderos el segundo domingo de Cuaresma de cada año.

La capilla en la que se rendía culto al Señor de la Columna era en la que hoy se encuentra la imagen de María Santísima de Lágrimas y Favores, la primera capilla a la derecha entrando por la puerta principal. Ya no era la misma imagen de la fundación, tallada por Micael Alfaro. El traslado a la iglesia de San Juan había implicado que la imagen titular fuese apartada, ya que Capitularon los Sres. Beneficiados, que la Cofradía había de sacar en sus procesiones la antiquísima, y milagrosa Imagen del Sto. Christo de la Coluna, que en una Capilla de dicha Iglesia está freqüente y devotamente venerada (4). Los cofrades tuvieron que sustituir la nueva imagen por otra que ya se encontraba en San Juan; comenzaba así el periplo de la imagen que realizara Micael Alfaro y que terminaría con su hallazgo milagroso el 31 de mayo de 1649, en plena epidemia de peste. Recibiría la advocación de la Salud, siendo nombrado Sagrado Protector de la ciudad de Málaga. Al Santo Cristo de la Salud, a la primera imagen titular de la cofradía de su familia, le dedicaría Juan de la Victoria Ovando años más tarde unos versos.

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Versos al Santo Cristo de la Salud. Juan de la Victoria Ovando [“Ocios de Castalia”, 1663)

Sus deberes militares le obligan marchar a Nápoles, donde en el verano de 1647 se habían producido una serie de disturbios instigados por Masaniello.  Su estancia en tierras italianas, por entonces españolas, no la desaprovecha y no deja de aprender, perfeccionando su latín. Mientras, la cofradía fue adquiriendo importancia y relevancia, naciendo de la misma dos hermandades filiales: la Puente del Cedrón, constando en algún documento como Hermandad del Paso del Cedrón; y la Hermandad de la Soledad, que posteriormente sería la Archicofradía de los Dolores de San Juan (5).

A su regreso a España, continúa escribiendo y comienza a participar en múltiples certámenes literarios celebrados en las grandes festividades religiosas (justas poéticas), en las que participaban célebres poetas como Calderón de la Barca. Recibe de Felipe IV el hábito de la Orden de Calatrava, orden militar y religiosa a la que se sentía muy unido.

1656
Málaga, 1656. Martin Zeiller [Biblioteca Cánovas del Castillo. Diputación Provincial de Málaga]

Las hermandades filiales de su cofradía fueron adquiriendo cierta autonomía, proceso al que se mostró favorable Juan de Ovando como hermano mayor de la cofradía matriz. Así, el 26 de diciembre de 1655 fueron ratificadas por representantes de ambas entidades las constituciones de la Hermandad de la Puente, que contaban con el plácet de la autoridad eclesiástica y que otorgaban la potestad de actuar con cierta autonomía. 

En el verano de 1656 colaboró en la defensa de Málaga contra el ataque en el puerto de la ciudad de cinco buques ingleses. En ese mismo año,  quedó vacante el cargo de capitán de la Compañía de Milicias de Málaga, al cual postulaban muchos candidatos. El 8 de Mayo de 1657 se reunieron los mandos de la Compañía y propusieron, unánimemente, el nombramiento de Juan de la Victoria Ovando al rey Felipe IV, que accedió.

Contrae matrimonio con Agustina Rizo Méndez de Sotomayor en 1659, sobrina-nieta de Davide Rizzio, secretario de María Estuardo, a la que siempre profesó un amor apasionado. De esta unión nacieron tres hijas: Victoria, Ángela y Ana. Este cofrade del Santo Cristo de la Columna nunca escondió su gran devoción. Como escribió Díaz de Escovar: El santo temor á Dios, firmes creencias católicas y el cumplimiento de los deberes cristianos, resplandecía en aquel hombre, que había probado el culto á su patria combatiendo por ella y el amor á su Rey, en muy distintas ocasiones. Pero dentro de ese fervor religioso, dentro de su alma, existía un verdadero cariño, un afecto sin límites á la excelsa patrona de Málaga, a Ntra. Sra. de la Victoria (6).

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Ntra. Sra. de la Victoria, impresa en 1691 [“La imagen de la Virgen de la Victoria y sus variaciones iconográficas”, 1983]

Devoción que reafirmó cuando un día se encontraba en el interior del templo de la Patrona, dispuesto a salir se dirigió a la puerta, pero no apartaba los ojos de la Virgen; en su distracción no llegó a fijarse en una sepultura que estaba abierta, de bastante profundidad y dentro de la cual había una azada vuelta hacia arriba. Tropezó y cayó dentro de la fosa. Milagrosamente, no tuvo daño alguno. Este hecho le inspiró:

Gran Señora, mi caída

no la tengo á mala suerte,

que no tropieza en la muerte

quien está fijo en la vida.

El alma os daba rendida,

y muerto quedó sospecho,

y de aquesto satisfecho,

así como me sentí

muerto de amor, cuando os vi,

al hoyo me fui derecho

(…)

Vuestra presencia, aunque hundido,

animoso me ha mostrado,

que me vieron derribado

mas no me vieron caído.

Mas séame permitido

del suceso en la desgracia,

que con divina eficacia,

hagáis. Señora, por Dios,

puesto que caí ante vos

que os caiga, Señora, en gracia.

Numerosas alusiones a la Patrona de su ciudad natal en su obra, como al acudir a Ella cuando eleva sus oraciones por la salud del monarca, o cuando le dirige cantes de gratitud, o elogia la riqueza de la iglesia de la Victoria. Riqueza a la que él mismo contribuyó con sus donaciones, como la de cinco mil reales para ayudar al dorado del retablo del altar mayor o la de una hermosa luna de plata a los pies de la Virgen, junto con numerosas joyas de diamantes. Don Juan de Ovando y Santarén, caballero de la Orden de Calatrava…pidió a este convento le concediese sitio, al lado de la capilla mayor, hacia la calzada, donde labrar capilla, con título de Nuestro Padre San Francisco de Paula y panteón para su entierro y de sus descendientes y sucesores, una sala en que el susodicho y sus sucesores, dentro del cuarto grado pudiesen asistir (…)(7). El 4 de septiembre de 1662 se formalizó la concesión por los frailes Mínimos, con título de fundador, obligándose a asistir a su entierro y de sus sucesores y mantener en dicha capilla, situada en el crucero (lado de la Epístola) la imagen de San Francisco de Paula y tener siempre en dicho altar el Santísimo Sacramento.

Al año siguiente, publicó su gran obra y con la que alcanzó su cima como poeta, situado ya en la línea que Luis de Góngora abrió con su revolución poética: Ocios de Castalia, en diversos poemas dedicados al Excmo. Sr. D. Juan Gaspar Enrique de Cabrera. Sin embargo, sus éxitos literarios se vieron ensombrecidos por el fallecimiento de su esposa. A ella le dedicó en 1665 sus Poemas lúgubres: Corpus elegiacum en memoria de la muerte de su esposa. Los poetas malagueños también quisieron legar una muestra de su sentimiento y de su afecto al compañero, formando una corona poética, bajo la dirección de su hermano Rodrigo, fraile agustino.

El 30 de marzo de 1666 se le concedió que pudiese labrar tribuna en su capilla que mirase a la Patrona. Al mes siguiente, quiso honrar a su suegro, Agustín de Rizo y Méndez de Sotomayor, donándole la capilla, que contaba por entonces con dos altares, uno en la misma capilla y otro en la bóveda y entierro.

Se casó en 1670 con Rosa María de Negro y Lomelín, rica dama de la familia de los duques de Génova. Fruto de este matrimonio nacieron dos hijos: Miguel y Rosa María.

Continuaba siendo hermano mayor de la Cofradía del Santo Cristo de la Columna, que en pocos años había adquirido gran relevancia, siendo considerada como la más importante de la iglesia de San Juan, pero que comenzaba a languidecer. Muestra de ello, la separación de sus hermandades filiales desde 1675. El Libro de Constituciones e Inventarios de la Archicofradía de los Dolores de San Juan (1799) describe la situación en la que se encontraba la cofradía de Ovando a finales del siglo XVII:  El estado de decadencia en que a finales del siglo pasado llegó a estar la Cofradía del Santo Cristo de la Columna, sita en la Iglesia Parroquial del Señor San Juan de esta Ciudad, no pudiendo por si sola costear los crecidos gastos que se originaban en la procesión del Miércoles Santo (…).

Llegaba a la última etapa de su vida sin dejar de escribir, sintiéndose atraído por la prosa histórica. Hacia 1703, en la frontera de sus ochenta años, escribe Afectos contritos de un soldado en la hora de la muerte, consagrados a la Candidísima Emperatriz del Cielo, y tierra, Santa María de la Victoria, mi Señora (…) donde expresa su arrepentimiento de vanidades pasadas y su serena espera de la muerte. El 8 de marzo de 1705 cede a la Cofradía del Santo Cristo de la Columna su derecho a sacar el estandarte, que heredó de su padre. Murió el 11 de mayo de 1706.

(…)

En vos confío, aunque indigno,

que de mi llanto no cese

la armonía, y pueda Cisne

morir, para vivir Fénix.

.

Del Polo feliz altura,

el alma tomando, llegue

de Buena esperanza al Cabo,

el cuerpo al de Finis terrae.

.

Fe, y Esperanza me animan,

sin que el aliento me deje,

puesto a tus pies, que en tus manos

el espíritu encomiende.

.

Mas ya lo vital se extingue,

ya el deliquio me acomete,

creo , pesame , confio,

Jesvs, Jesvs, miserere! (8).

Málaga ha honrado muy parcamente el recuerdo de su poeta ilustre. El Ayuntamiento se contentó con poner su nombre á una modesta calle, que pocos conocen y por la cual nadie pasa. Tiempo es todavía de remediar olvidos injustificados. (Narciso Díaz de Escovar, 1903).

.

(1) DÍAZ DE ESCOVAR, N., “Don Juan de Ovando. Estudio biográfico-bibliográfico de este ilustre poeta malagueño”. Málaga, 1903, pp 9-10.
(2) Cit. LLORDÉN, A. y SOUVIRON, S., “Historia documental de las cofradías y hermandades de pasión de la ciudad de Málaga”. Málaga,1969, pp.539-543 (A.H.P.M. Escribanía de Juan Arenas, año de 1633).
(3) Ibídem, pp.172-173 (A.H.P.M. Escribanía de Juan Hidalgo, año de 1647).
(4) GARCÍA DE LA LEÑA, C. (seudónimo de Medina Conde, C.), “Conversaciones históricas malagueñas”. Málaga, 1793.Título IV, p.143.
(5) En consecuencia, el nacimiento de estas dos hermandades filiales tuvo que producirse entre los años 1636, año de llegada de la cofradía matriz, y 1647-1649, años en los que se encuentran fechadas las primeras referencias documentales que se conservan de las dos hermandades, figurando como filiales de la Cofradía de la Columna. Tradicionalmente, se había datado la fundación de la Cofradía del Santo Cristo de la Columna en San Juan a finales del siglo XVI y, en consecuencia, se enmarcaba en ese periodo el nacimiento de las dos hermandades filiales referidas.
(6) DÍAZ DE ESCOVAR, N., op.cit., p.23.
(7) Cit. LLORDÉN SIMÓN, A. “Testamentos. Capillas-Enterramientos. Fundaciones. Gremios. Donaciones. Documentos para la Historia de Málaga.” Málaga, 1990, p.151 (Libro de Fundaciones del convento de la Victoria, fol 481).
(8) OVANDO Y SANTARÉN, J. “Afectos contritos de un soldado en la hora de la muerte, consagrados a la Candidísima Emperatriz del Cielo, y tierra, Santa María de la Victoria, mi Señora (…)”.

Comments: 1

  1. Puentiferario says:

    Entradón. ¡Viva Juan de la Victoria, malagueño ilustre, caído en gracia para la posteridad!

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