EL STABAT MATER DE ROSSINI Y LA SOLEDAD

Stabat Mater dolorosa
Iuxta crucem lacrimosa
Dum pendebat Filius

Cuius animam gementem
Contristatam et dolentem
Pertransivit gladius

El Stabat Mater es un himno que narra el sufrimiento de la Virgen ante la Cruz. No está clara la autoría de este bello texto de veinte estrofas, atribuyéndose mayoritariamente al papa Inocencio III (c. 1161-1216) o al monje franciscano Jacopone da Todi (1236-1306). En todo caso, este himno ya era bien conocido a finales del siglo XIV; así, Georgius Stella, canciller de Génova, en sus Annales Genuenses señala que lo usaban los flagelantes en 1388. La seña de identidad musical de estos flagelantes era la lauda spirituale, un tipo de oración cantada de orígenes franciscanos, siendo considerado el referido Jacopone da Todi el fundador de este género. Asimismo, en torno a 1399 en Provenza, la hermandad de los Bianchi cantaba el Stabat Mater durante sus nueve días de procesiones.

Gracias a estar escrito en lengua latina, el Stabat Mater alcanzó una enorme difusión internacional y su texto se incorporó a numerosos misales en toda Europa como secuencia (fragmento cantado tras el aleluya en la misa medieval) (1). Las secuencias adquirieron una gran popularidad a finales de la Edad Media, conociéndose hasta cinco mil diferentes. Ante su gran profusión, el Concilio de Trento las eliminó de la liturgia de la misa con cuatro excepciones, entre las que no se encontraba el Stabat Mater, siendo excluido del nuevo Misal Romano (1570) hasta su definitiva rehabilitación en 1727 por el papa Benedicto XIII, cuando se incorporó como secuencia de la misa de los Siete Dolores de la Virgen.

Debido a su carácter lírico y épico, el Stabat Mater ha sido musicalizado en más de doscientas ocasiones, incluso durante el periodo en el que estuvo excluido del Misal. Músicos de distintas épocas, géneros y estilos han escrito música para este texto medieval. Entre estos músicos se encuentran Palestrina, Pergolesi, Liszt, Haydn, Meyerbeer, Dvorak, Vivaldi o Rossini.

Gioacchino Rossini (1792-1868) era el compositor que gozaba de mayor prestigio y reconocimiento popular en la primera mitad del siglo XIX. Fue uno de los máximos exponentes del bel canto en dicha centuria, siendo conocido especialmente por sus óperas cómicas. Gracias a su éxito pudo permitirse dejar de componer, tras Guillermo Tell (1829), viviendo cómodamente integrado en la sociedad parisina. Sin embargo, en un viaje a Madrid en el mes de febrero de 1831 para dirigir una representación de El Barbero de Sevilla, en presencia del propio Fernando VII, le iba a llegar el encargo del que sería el último gran éxito de su vida. A esta función acudió el archidiácono Manuel Fernández Varela quien, entusiasmado, deseaba poseer un manuscrito de Rossini y un Stabat Mater que rivalizase con el famosísimo de Pergolesi. Rossini accedió a componerla dado que el prelado era gran amigo de su protector, Alejandro Aguado. La única condición que puso el compositor fue que la obra no podía ser vendida ni publicada.

Se estrenó el Viernes Santo de 1833 en la iglesia del convento de San Felipe el Real de Madrid, incluyendo fragmentos compuestos por su amigo Giovanni Tadolini. El hecho de que a la muerte del archidiácono sus herederos pretendieran venderla, motivó que Rossini la retomara, eliminando los fragmentos de Tadolini y completando los diez movimientos de la que consta. Así, fue estrenada el 7 de enero de 1842 en la sala Ventadour de París, siendo un éxito.

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Portada partituras Stabat Mater de Rossini “transcrit pour piano à quatre mains par Ch. Czerny” (c.1854) [Biblioteca Nacional de España]

Al igual que había ocurrido un siglo antes con la obra de Pergolesi, el entusiasmo del público europeo fue en cierta manera deslucido por las críticas de los representantes de la Iglesia, debido al carácter operístico de muchos de sus números, considerándose que no era una obra genuinamente sacra. Las críticas no venían exclusivamente de la Iglesia; por ejemplo, Richard Wagner dijo que era un producto hecho a la medida de los salones parisinos. (2)

A pesar de que constituyera una encrucijada en el desarrollo de la música religiosa, es reconocida por su calidad musical, especialmente los últimos números que compuso Rossini y que corresponden al segundo, tercero, cuarto y décimo. Adelantó algunos de los que serían rasgos distintivos del siglo XIX, en cuanto a la música sacra en general, como el hecho de que se estrenara definitivamente en una sala de conciertos en lugar de en un templo, marcando la línea de lo que ocurrirá cada vez con mayor frecuencia con misas, réquiems y otros textos litúrgicos, pensados más para el disfrute musical que para la liturgia.

La creciente burguesía malagueña no era ajena a los gustos europeos de la época, ocupando el Stabat Mater de Rossini un lugar preeminente. El Viernes de Dolores de 1853 se cantó en los salones del Círculo Recreativo: La escogida concurrencia que llenaba los salones del Círculo, escuchó con gusto aquellas sublimes notas de Rossini (…) Un murmullo de aprobaciones resonó en los salones al terminarse el Stabat Mater, pues en razón a ser un cántico religioso muchas personas no creyeron oportuno el aplaudir. Las señoras fueron vestidas de negro y no se quitaron los velos ni mantillas, como para solemnizar de este modo aquella función, la cual terminó a las once en punto de la noche. (3)

Esta burguesía había pasado a dominar, desde pocos años atrás, las cofradías malagueñas, revitalizándolas e induciendo una transformación que estaba resultando esencial. El gusto romántico por la música culta impregnaba los cultos de las cofradías, favoreciendo su difusión y, en algunos casos, llegando a encargar composiciones sacras propias (4). El Viernes de Dolores de 1855 por la noche, en la iglesia de la Merced, sonó la obra del compositor de Pésaro: Debemos hacer especial mención del Stabat Mater de Rossini que, durante el Septenario hecho de noche en la parroquia de la Merced, se han cantado por algunos aficionados. Anoche esta obra musical del célebre maestro ha debido ejecutarse con orquesta, dirigida por el señor maestro de capilla don Mariano Reig. (5).

En la Semana Santa de aquel año, la pujante Cofradía de Nuestra Señora Soledad no realizó estación de penitencia. En cambio en la noche del viernes (Santo) se cantó a dicha señora de la Soledad en la parroquia de Santo Domingo, un solemne Stabat Mater, ejecutado por profesores y aficionados. (6) La Cofradía de la Soledad es, probablemente, la que mejor ejemplifica la incorporación de la burguesía malagueña a las cofradías, con todo lo que conlleva, perteneciendo a la misma familias como los Heredia, Crooke o Huelin. Sus cultos, solemnes como pocos. En la noche del Viernes de Dolores de 1865 se celebró un acto religioso en la iglesia de Santo Domingo al que acudió mucho público. La obra de Rossini fue cantada por la sección lírica del Liceo, acompañados de una orquesta. La imagen de Nuestra Señora de la Soledad estaba expuesta en el altar mayor, severamente adornado con el mayor gusto, y en el que ardían infinidad de luces. (7)

La sección lírica del Liceo participaría con asiduidad en los cultos de la Cofradía de la Soledad, aunque puntualmente también lo haría la sección lírica del Círculo Mercantil. Tanto los liceos como los círculos eran sociedades de recreo, las cuales proliferaron en Málaga como consecuencia del ascenso de la nueva élite urbana. En los liceos los jóvenes de ambos sexos, pero siempre de buena familia, se reunían para practicar como aficionados el arte dramático y el arte lírico o, incluso, una disciplina científica. Se trataba de conjugar cultura y ocio mediante el aprendizaje y la práctica de un arte, bajo la dirección de unos profesionales.

Con el paso de los años las notas del Stabat Mater de Rossini se estaban convirtiendo en el sonido característico de los cultos a la Soledad de Santo Domingo, acompañando el devenir de la cofradía a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX. En 1870, el Viernes (Santo) por la noche y sábado por la mañana tuvieron lugar en Santo Domingo los actos religiosos acordados por la hermandad de la Soledad en honor a su imagen (…) En el Stabat Mater de Rossini, que fue después cantado a toda orquesta tomaron parte la señora de Palacio, y en los coros las señoritas de Ávila, Utrera, Cruz, Ulloa, Gaertner, Laffore y Rubio, devotas todas de dicha imagen.(8) La orquesta estuvo dirigida aquellas dos jornadas por el insigne músico Eduardo Ocón, director de la Sociedad Filarmónica de Málaga.

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Nuestra Señora de la Soledad de Santo Domingo [Foto: La Saeta]

Eran los años del complicado periodo conocido como el Sexenio Revolucionario (septiembre 1868-diciembre 1874), años en los que la Cofradía de la Soledad de Santo Domingo era la única que salía a la calle en Semana Santa (1871,1872 y 1874), y lo seguía haciendo de forma solemne. En 1872 la sección lírica del Liceo había participado en el septenario que comenzó el Viernes de Dolores, contribuyendo a que se puedan llevar a cabo estos actos religiosos la piedad y devoción de las Sras. hermanas y la iniciativa de la actual camarera de dicha efigie, Doña Carlota Hernández de Cendra, secundada por la Sra. doña Josefa Genestroni de Rabanal (9). Por supuesto, se interpretó la composición de Rossini, concretamente el Jueves Santo, pero no se hizo únicamente en las naves dominicas. Llegó el día de la estación de penitencia, Viernes Santo. El cortejo de la Soledad, compuesto por unas seiscientas personas y bajo una fuerte lluvia, hizo su entrada en la Catedral por la puerta principal. Al llegar la imagen, a la que había acompañado durante el recorrido una capilla musical, la sección lírica del Círculo Mercantil comenzó a cantar la introducción, “Stabat Mater dolorosa”.

Tampoco podía faltar la obra de Rossini en la misa de privilegio el Sábado Santo, interpretándose en este caso algún fragmento, normalmente el dueto para soprano y contralto “Quis est homo” (parte nº 3); así fue en 1886, siendo interpretada junto con otras piezas como el Ave María de Gounod o una Letanía de Ocón (10).

Llegamos a los últimos años del siglo XIX. La situación que atraviesa la cofradía, al igual que el resto de la ciudad, no tiene nada que ver con la disfrutada en las décadas anteriores. En 1891, a pesar de la situación poco holgada de la hermandad de la Soledad de Santo Domingo, que solo ha podido extenderse este año al coste de la cera y luto del retablo, los dignos y laboriosos coadjutores de dicha parroquia señores don José Jiménez Aranda y don Leopoldo Sánchez Puerto han organizado y costeado una lucidísima novena, predicando en toda ella el Sr. Sánchez Puerto (…) anheloso de tributar un místico homenaje a la Soledad de María Inmaculada (11).

Llegaban nuevos tiempos, atrás quedaba una época. Atrás quedaban los solemnes cultos con la orquesta interpretando las notas de aquella célebre obra, sobre la que se discutía tras su estreno si tenía carácter sacro. Aquella célebre obra que en Málaga adquirió su verdadero sentido en honor a la Soledad de Santo Domingo.

La Madre piadosa estaba
junto a la cruz y lloraba
mientras el Hijo pendía.

Cuya alma, triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.(12)

BOLETIN Nº 18 MENA
Nuestra Señora de la Soledad a los pies del Stmo. Cristo de la Buena Muerte y Ánimas (1942-1943) [Foto: Archivo Congregación]

 

Introducción. “Stabat Mater dolorosa”

Parte 3. “Quis est homo”

 Parte 10. “Amen, in sempiterna saecula”

(1)En la liturgia católica la secuencia es un texto o tropo del Aleluya gregoriano, o también el himno que se desarrolla a partir de ello. En la época medieval se denominó tropo a una forma musical que prolongaba y embellecía la liturgia añadiéndole texto, música o ambos; frecuentemente la música incorporada eran antiguos melismas de origen griego o romano. Musicalmente, las secuencias se desarrollan a lo largo de la Edad Media. Estas secuencias tienen la forma de composiciones estróficas, rimadas.
(2) FERNÁNDEZ DE LARRINOA, R., “El llanto de una madre. Ocho siglos de Stabat Mater” [https://bustena.wordpress.com (Consulta: 30/05/2016)].
(3) El Avisador Malagueño, Málaga, 22 de marzo de 1853.
(4) Como las que se cree compuso para la Archicofradía de los Dolores de San Juan el compositor y hermano de la archicofradía Juan Cansino Antolínez, quien dirigió en multitud de ocasiones la música del Septenario (CASTELLÓN SERRANO, F.,et al., “Archicofradía Sacramental de los Dolores. Historia y patrimonio”. Málaga,2013, pp.185 y 392).
(5) El Avisador Malagueño, Málaga, 31 de marzo de 1855.
(6) El Avisador Malagueño, Málaga, 8 de abril de 1855.
(7) El Avisador Malagueño, Málaga, 9 de abril de 1865.
(8) El Avisador Malagueño, Málaga, 17 de abril de 1870.
(9) El Avisador Malagueño, Málaga, 23 de marzo de 1872.
(10) El Avisador Malagueño, Málaga, 25 de abril de 1886.
(11) La Unión Mercantil, Málaga, 27 de marzo de 1891.
(12) Estas estrofas corresponden a la versión de Lope de Vega en Rimas Sacras (1614). Las del encabezamiento corresponden a la versión latina medieval del Analecta hymnica mediiaevi (1886-1922).

[Foto portada: Ntra. Sra. de la Soledad, anterior a 1931 (Archivo Municipal de Málaga)]

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