El obispo Manuel González y las cofradías malagueñas

El beato Manuel González García (1877-1940) será canonizado este domingo 16 de octubre de 2016. Fue obispo auxiliar de la Diócesis de Málaga desde 1916 y titular de 1920 a 1935. Por tanto, fue obispo en nuestra ciudad durante los años de la llamada edad dorada de las cofradías malagueñas, teniendo que sufrir el desastre de mayo de 1931.

Manuel González, nacido en Sevilla y de padres antequeranos, fue nombrado arcipreste de Huelva en 1905, donde destacó su trabajo con las escuelas del Sagrado Corazón y la obra social en el barrio de El Polvorín con las escuelas provisionales.

El día 6 de diciembre de 1915 fue preconizado por el papa Benedicto XV con el título de obispo de Olimpo y auxiliar de Málaga, con derecho a sucesión. La causa de dicho nombramiento se encontraba en que el obispo Muñoz Herrera, después de un largo pontificado, precisaba de la ayuda de un obispo auxiliar debido a su edad. En la ciudad de Huelva no sentó bien este nombramiento. Manuel Siurot, quien quedaría encargado de las escuelas, decía: ¡Mire Vd. que irse D. Manuel y quedarse estas Escuelas sin él! ¿Quién puede hacer lo que él hace? ¡Habrá que cerrarlas y mandar la llave de honor a todos los señores que han contribuido a que D. Manuel se nos vaya! (1)

Denota la personalidad de quien iba a llegar a Málaga este fragmento escrito por él mismo en El Granito de Arena, obra de apostolado, de 20 de diciembre de 1915: Yo no quiero que en mi vida de Obispo, como antes en mi vida de Sacerdote, se acongoje mi alma más que por una sola pena que es la mayor de todas, el abandono del Sagrario, y se regocije más que con una sola alegría, el Sagrario acompañado…Yo no quiero ser el Obispo de la sabiduría, ni de la actividad, ni de los pobres, ni de los ricos, yo no quiero ser más que el Obispo del Sagrario abandonado. A eso voy a Málaga y a donde quiera que me manden, a ser el Obispo de los consuelos para dos grandes desconsolados: el Sagrario y el pueblo. El Sagrario, porque se ha quedado sin pueblo; y el pueblo, porque se ha quedado sin Sagrario conocido, amado y frecuentado… (2) En Huelva había fundado en 1910 la Obra de las Tres Marías de los Sagrarios-Calvarios y los Discípulos de San Juan para fomentar las visitas a esos sagrarios abandonados o poco frecuentados, iniciando lo que sería la gran familia de la Unión Eucarística Reparadora.

El 16 de enero de 1916 fue su consagración episcopal en la Catedral de Sevilla, produciéndose su entrada en la Diócesis de Málaga el 25 de febrero de 1916, el día de su cumpleaños. Un año más tarde tuvo que ser nombrado administrador apostólico de la diócesis para poder salvar las trabas que le estaban poniendo al joven prelado un sector del clero y del Cabildo Catedralicio, defensores a ultranza de la primacía del obispo titular y que llegaron incluso a calumniarlo.

Las cofradías malagueñas venían de unas relaciones con el obispo Muñoz Herrera que se habían centrado fundamentalmente en la renovación de las viejas Constituciones Sinodales de fray Alonso de Santo Tomás, las cuales prácticamente reeditó a pesar de ser del siglo XVII; aunque reconoció aspectos positivos de las hermandades al enumerar sus fines. Las cofradías se encontraban en estos años en un resurgimiento que iba a culminar con la fundación de la Agrupación de Cofradías en 1921 y la posterior edad dorada. La necesidad de una mayor financiación de las cofradías siempre ha sido una constante; en esta época más si cabe, ya que sus principales ingresos provenían en ese momento de las mesas petitorias y la cuestación domiciliaria.

El establecimiento de límites a las actividades organizadas por las cofradías para obtener financiación constituyó el principal punto de fricción entre las cofradías malagueñas y don Manuel González. En marzo de 1918, ejerciendo aún como administrador apostólico, prohibió que las señoras con traje inmodesto apareciesen en las mesas petitorias de las cofradías y hermandades. Posteriormente, en una circular de 1919, prohibió las verbenas y fiestas benéficas organizadas por las cofradías (3).

El 26 de diciembre de 1919 falleció Muñoz Herrera, después de pasar sus últimos días junto a su familia en Antequera. Manuel González fue nombrado obispo de la Diócesis de Málaga el 22 de abril de 1920. Para celebrar su toma de posesión, que se produjo el 15 de agosto, quiso, en vez de un banquete oficial a las autoridades, se diese un gran banquete a los niños pobres de la capital. De nada sirve atraer a los cristianos al Sagrario si me olvido de los que más sufren, era uno de sus lemas.

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[Foto: santosbeatoscatolicos.blogspot.com]

Durante su episcopado quería centrarse preferentemente en la formación y perfeccionamiento de los sacerdotes, los niños y aquellas personas que aún conservaban la fe más o menos amortiguada, consecuente con su principio de que es más fácil, práctico y provechoso empezar a trabajar por el retorno a Jesucristo preparando el de los que están más cerca de Él que el de los que están más lejos. (4)  En mayo de 1920 se colocó la primera piedra de un nuevo Seminario; un año más tarde fundó las Hermanas Marías Nazarenas (Misioneras Eucarísticas de Nazaret desde 1970).

Por entonces, la Agrupación de Cofradías estaba recién constituida, con Antonio Baena al frente. La relación de Baena con el obispo Manuel González fue naturalmente buena y fluida, aunque no estuvo exenta de ciertas desavenencias.

La primera constatable, a causa nuevamente de una actividad para recaudar fondos. Pasada la Semana Santa de 1921, la Agrupación de Cofradías visitó al gobernador y al alcalde con la intención de organizar la Fiesta de la Flor, una fiesta con un carácter lúdico-social. A tal efecto se creó una comisión encargada de conseguir un distintivo para las señoras y señoritas que postularan y de visitar, entre otras, a la marquesa de Guirior para que organizase el evento. Sin embargo, la señora marquesa, junto con otras que iban a encargarse de la misma tarea, declinaron el ofrecimiento porque una elevada personalidad eclesiástica se oponía a ello. Ello sentó bastante mal en el seno de la recién creada Agrupación, indicando el hermano mayor de la Cofradía de El Rico, Alberto Torres de Navarra, que estaba convencido de que esa personalidad era el Sr. Obispo y lamentaba que la primera personalidad o autoridad eclesiástica se opusiera a la celebración de una fiesta tan culta y humanitaria. (5)

La verdad es que todo apuntaba a que el señor obispo había impedido, indirectamente, la celebración de ese festejo. Normalmente, prefería emplear medios suaves y convincentes para la corrección de abusos; aunque, como veremos, no dejó de utilizar el rigor cuando aquellos no eran suficientes.

Dentro de su plan de mejora de la formación, incluyó un trabajo incesante por la moralización de las costumbres populares y por las obras de beneficencia. En su consecución no le iba a temblar el pulso y la situación en el año 1924 lo iba a requerir. Ese año significó un verdadero punto de inflexión para la Semana Santa malagueña. A partir de aquel año iba a adquirir paulatinamente un gran interés, dentro y fuera de la ciudad; del mismo modo, la nueva situación política la llevaba a estar más en contacto con las autoridades civiles y militares, existiendo una importante comunicación y colaboración, no existiendo problema alguno con la concesión de la subvención municipal. El aumento del número de hermandades agrupadas era continuo y provocó una reestructuración en los días de salida. El ascenso de las cofradías malagueñas y de su Semana Santa parecía no tener techo. En la prensa se elogiaba incesantemente las reformas de las cofradías y la organización en los cortejos procesionales.

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El obispo Manuel González y Antonio Baena [Foto:archisevilla.org]

Todo parecía perfecto. Sin embargo, no lo era. Se producían hechos que en nada beneficiaban la imagen de las cofradías en particular, ni de la Iglesia en general. El lugar donde solían producirse los desmanes era la plaza de la Merced, donde después de horas de recorrido algunos nazarenos y hombres de trono aprovechaban para hacer alguna visita a los quioscos o tabernas de turno, quedando los tronos abandonados; se producían actitudes, mientras se vestía el hábito nazareno, que nada tenían que ver con el espíritu religioso. Estas situaciones no pasaban desapercibidas para el señor obispo y debía ponerles término. La Cuaresma del año 1924 era el momento idóneo, antes de que el gigante creciera más y con pies de barro.

El obispo Manuel González dictó un decreto dirigido a las cofradías y hermandades canónicamente erigidas en esta ciudad de Málaga, dando normas concretas para la realización de los desfiles procesionales, ya que aunque constituyen una espléndida manifestación de fe católica; por lo mismo que suponen grande esfuerzo necesitan proceder regularmente y sin las dificultades, que no pocas veces se originan de no tomarse en consideración la índole de estos actos piadosos…demanda las cautelas que eviten su desviación e impidan que la solemne conmemoración de los sublimes Misterios de la Pasión, Muerte de Nuestro Divino Redentor y de los Dolores de Su Santísima Madre, adquieran carácter profano, como se decía en el propio texto.

El decreto (6) se centró fundamentalmente en los siguientes aspectos:

  • El tiempo en el que las cofradías estaban en la calle. Así, se intentaban evitar los parones y abandonos mencionados, estableciendo un límite máximo de seis horas para hacer el recorrido.
  • Los participantes en la procesión, que eran pagados en algunas cofradías. Debían guardar la compostura y el orden propios de un acto religioso de lo cual hacemos responsables a los Hermanos Mayores y Juntas de Gobierno, con la advertencia de que si no…nos veremos en la dolorosa necesidad de negar a la Cofradía o Hermandad negligente la licencia para salir en el año próximo. Asimismo, los penitentes que formen en las procesiones sólo podrán usar el hábito para ir desde su domicilio a la iglesia y desde ésta a su domicilio. Se reiteraba lo ya ordenado más de dos siglos atrás.
  • Control económico de las cofradías. Se indicaba la obligación de presentar cuentas justificativas de ingresos y gastos del año anterior y presupuesto del año siguiente. Igualmente, se prohibía el endeudamiento de las cofradías para acometer los gastos de la salida procesional.
  • Otorgamiento de la relevancia debida en el cortejo procesional, entre tanta presidencia, a la cruz de la parroquia. Se recordaba así que las cofradías son Iglesia y forman parte de la correspondiente parroquia. Presidirá cada una de las procesiones la Cruz de la Parroquia a cuya demarcación pertenezca la iglesia en la que esté erigida…; tanto la Cruz como el personal de la parroquia perseverarán en sus puestos durante las seis horas señaladas…pero, si pasadas no hubiera llegado la procesión a su Iglesia, mandamos que la Parroquia se retire y nos dé cuenta de haberlo hecho, para imponer a las Cofradías y Hermandades la sanción…

Las hermandades no cumplieron dicho decreto en su totalidad, observándose fallos en los horarios, así como personas con el hábito nazareno al margen de las procesiones. Los desmanes serían utilizados infatigablemente por los sectores anticatólicos, sobre todo en los últimos años de la década.

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En la procesión del Corpus (1926) [Foto: Vida Gráfica]

El señor obispo seguía siendo en Málaga un empedernido apóstol de la predicación callejera y no dejaba pasar ninguna ocasión para recordar la que era una de sus mayores preocupaciones: la situación precaria en la que estaban sumidos muchos malagueños.  Además, lo hacía en importantes reuniones y ante quienes tenían en su mano la posible solución, como en la celebrada el 19 de septiembre de 1924 en el Ayuntamiento para presentar las grandes reformas que se debían acometer en la ciudad. A aquella reunión, convocada por el alcalde José Gálvez Ginachero, asistieron las llamadas fuerzas vivas de la ciudad, personalidades entre las que se encontraban ilustres cofrades.

Al finalizar aquella reunión, don Manuel se levantó, tomó la palabra y propuso, ante el estupor de todos, un programa de reconstrucción social, base indispensable y previa a toda reforma de tipo urbano. Don Manuel dijo: …Después de oír al Conde de Gualdalhorce y teniendo en cuenta la situación de nuestra capital es justo repetir aquellas palabras: Málaga apesta. Hay que hablar con verdad, sin eufemismos. Málaga apesta en las casas de los pobres, donde duermen las personas hacinadas… Apestan a muertos de cuerpo y de alma, que quedan sepultados en muladares. Es esa la causa de que sea excesivo el número de viejos prematuros en esta ciudad. Las escuelas son miserables; cuartos pestilentes en los cuales enferman el maestro y los niños, esos niños que hasta cuando sonríen reflejan en sus ojos la maldita tuberculosis… Hay que tener fe; yo, Sacerdote de Cristo, os pregunto: ¿Queréis que Málaga resucite, que sus niños no sean tuberculosos? Yo os afirmo: si queréis, lo será. Esto es preciso, porque no es de cristianos no evitar el que se repita el caso ocurrido ya de que de cuatrocientas personas asistidas en un dispensario parroquial hubiera más de doscientas tuberculosas. Pueblo que no evita este mal, no puede ser pueblo de cristianos, es pueblo que se halla maldito de Dios. (7)

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En la inauguración de un comedor escolar en Santo Domingo (1926) [Foto: Vida Gráfica]

En el año 1927 se produce otro roce con la Agrupación de Cofradías. Concretamente, en la reunión de 14 de julio se lee un escrito presentado por la Cofradía de la Amargura comunicando la destitución radical de su junta de gobierno por el señor provisor del Obispado de Málaga, José María Jiménez Camacho. El motivo de tal destitución fue el conocerse públicamente la intervención de la hermandad trinitaria en la celebración de verbenas de carácter profano. En la Agrupación no entendían que procediera una medida tan inflexible, por lo que se produjeron sucesivas entrevistas con el obispo. Don Manuel quería evitar que las cofradías organizaran actividades que estuvieran más cerca de lo lúdico-social y profano, muy propias de la clase acomodada de la época, que de lo religioso. Seguía con su particular cruzada en este tema.

De esas reuniones salió un comunicado conjunto de espectáculos y actividades festivas de carácter estrictamente moral, tras el cual las cofradías tuvieron claro las actividades que podían realizar. Entre las actividades permitidas se encontraban los espectáculos teatrales de orden moral, excursiones, tómbolas, rifas, conciertos, festivales infantiles, edición de folletos anunciadores, etc. Destacan en ese comunicado las prohibiciones expresas: Se prohíbe terminantemente la celebración de las tituladas Cruces de Mayo; verbenas en solares acotados para tal efecto; bailes y diversiones en la vía pública y en general todo cuando desdiga la moral de que ha de estar investidas las cofradías. (8) No se concebía la exhibición de la Santa Cruz con bailes y divertimentos profanos. Es preciso recordar que las cofradías participaban activamente en las Cruces de Mayo, así lo hicieron en 1925 a raíz de un concurso convocado por la publicación Vida Gráfica.

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Cruz de Mayo de la Soledad de San Pablo, ganadora del concurso de 1925 [Foto: Vida Gráfica]

El último conflicto con las cofradías del que se tiene noticia se produjo al ser destituida la junta de gobierno de la Cofradía del Rescate. La Agrupación medió y el Rescate pudo salir en la Semana Santa de 1929.

Llegó la noche del 11 al 12 de mayo de 1931. El Palacio Episcopal fue uno de los edificios asaltados e incendiados, teniendo don Manuel y su familia que huir en una noche de infausto recuerdo. Perseguido e increpado por los asaltantes, le fue negado el refugio en alguna casa. Consiguieron ponerse a salvo en la del sacerdote Antonio Rodríguez Ferro; posteriormente, fue llevado a la finca La Vizcaína, propiedad de Eduardo Heredia. Desde allí, marchó a Gibraltar.

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Fachada del Palacio Episcopal tras el incendio de 1931 [Foto: Legado Temboury]

Las cofradías malagueñas sufrieron un durísimo golpe, debiendo la mayoría de ellas comenzar desde cero. El 26 de diciembre de 1931 don Manuel vuelve a la Diócesis, residiendo en Ronda. Posteriormente, en noviembre de 1932, fija su residencia en Madrid por mandato de la Santa Sede. No volvería a Málaga.

En 1935 las cofradías malagueñas logran volver a las calles; el 5 de agosto es nombrado obispo de la Diócesis de Palencia, falleciendo el 4 de enero de 1940.

Confesó don Manuel González, hacia el fin de su vida, en una reunión familiar: Habrá habido otros Obispos más santos, más elocuentes, más sabios, más… de lo que sea, pero más en contacto con el pueblo que yo en Málaga, creo que no. (9)

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Don Manuel González y, tras él, el Nuncio de S.S. Monseñor Tedeschini (octubre de 1927) [Foto: Vida Gráfica]

(1) CAMPOS GILES, J., “…El obispo del sagrario abandonado”. Palencia, 1950, p.390.
(2) Ibídem, pp.398 -399.
(3) DE MATEO AVILÉS, E.. , “Los obispos y la Semana Santa malagueña”, Vía Crucis, Cuaresma 1993, p.12.
(4) CAMPOS GILES, J., Op.cit., p.426.
(5) DE MATEO AVILÉS, E., et al., “75 años de la Agrupación de Cofradías. 1921-1996. Estudio histórico sobre la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga”. Málaga, 1996, p. 64.
(6) Este decreto fue publicado en el Boletín Oficial Eclesiástico del Obispado de Málaga, año 57, 15/04/1924. Número 5. Puede consultarse en el Archivo Histórico del Cabildo Catedralicio y Diocesano de Málaga.
(7) CAMPOS GILES, J., Op.cit., pp.461-462.
(8) Cit. DE MATEO AVILÉS, E., et al., Op.cit., p. 91 (Libro de Actas del Comité Ejecutivo de la Agrupación de Cofradías,1927-1940, folios 10 y 10v. Archivo Agrupación de Cofradías)
(9) CAMPOS GILES, J., Op.cit., p.413.

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