DE OBLIGADO CUMPLIMIENTO

A pocas horas de comenzar una nueva Semana Santa conviene recordar unas cuantas normas de obligado cumplimiento para las cofradías. Normas dictadas en otro tiempo, pero en el mismo lugar.

Recordar que las rentas obtenidas por las cofradías no se gasten ni distribuyan en otra cosa que en lo determinado por el instituto, y no en superfluidades y ostentaciones vanas, ni profanas, que ni causan devoción, ni edifican a los fieles, como son comidas o banquetes.

Igualmente se ordena que ninguna persona de cualquier estado, calidad y condición que sea, se ponga ni vista túnica para ningún otro fin que no sea para salir en las procesiones; y que acabadas, los penitentes no anden vagando por las calles con el pretexto de visitar las iglesias, ni con otros, aunque sea piadoso. Estas normas, que tendrían cierta lógica hoy día, fueron dictadas en el año 1671 por el obispo de Málaga fray Alonso de Santo Tomás. Es cierto que otras de las incluidas en aquellas célebres constituciones sinodales no tendrían un fácil encaje actualmente, o sí; como la que prohibía que las procesiones saliesen de noche, «ni a tiempo que no pueda volver a la iglesia de donde salió antes de que anochezca».

Nazarenos del Prendimiento (c.1953)
Nazarenos de la Hermandad del Prendimiento (c. 1953) [Foto:@nosoloalameda]

Pero quizá una de las normas más sorprendentes no procedió del Obispado, aunque la hizo suya, sino de la Corona. Se trataba de una real orden del Rey Carlos II dictada en 1672, enviada al cabildo municipal y al prelado, consistente en prohibir las caras cubiertas en las procesiones de la Semana Santa, aunque fueran vestidos de nazarenos; se exceptuaban solo los que se azotaren, los aspados y los trompetas. Varias hermandades, como las radicadas en el convento de San Luis el Real con Vera+Cruz al frente, y ya entrado el siglo XVIII, recurrieron ante el vicario y el cabildo catedralicio la prohibición de llevar capirotes.

A comienzos del pasado siglo, el obispo Muñoz Herrera ordenó a las cofradías que eligiesen sus hermanos atendiendo, más que al número, a las cristianas cualidades de ellos. Más vale calidad que cantidad.

En los años de las suntuosas procesiones, el obispo Manuel González, concretamente en vísperas de la Semana Santa de 1924, dispuso que el tiempo en que se debían verificar las procesiones no podía exceder de seis horas. Se ordenaba, entre otros aspectos, que los penitentes que formaran parte de las comitivas sólo podían usar del hábito para ir de sus domicilios a la Iglesia, y desde ésta a su domicilio; se reiteraba lo ya ordenado más de dos siglos atrás. Las hermandades no cumplieron dicho decreto, observándose un gran número de penitentes con el hábito de nazareno paseando al margen de la procesión.

Pasión (c.1949)
Nazarenos de la Archicofradía de Pasión (c.1949) [Foto:@nosoloalameda]

Corría el año 1938, y el obispo Balbino Santos dictaba unas nuevas normas para las cofradías. Entre ellas, se prohibía que recibieran ni activa ni pasivamente cantidades provenientes de la organización de festivales ni espectáculos ni diversiones de ningún género; nuevamente se intentó regular el tema de los horarios, junto con el uso exclusivo del hábito penitente en la procesión; incluso se dictaron normas para regular el montaje de los tronos dentro de las iglesias, indicando que fueran a horas distintas de las de culto.

Herrera Oria intentó poner cierto orden en las salidas procesionales, sancionando a diversas cofradías por sus incumplimientos, como la Esperanza, Viñeros o Rocío; también pretendió que la actividad de las cofradías se centrase en la labor social. Dijo, el ya cardenal, en 1965: «Yo no os pido que prescindáis de los tronos y de los mantos… Pero lo que sí debo hacer en nombre de lo que esas misma imágenes representan es deciros: Austeridad, no lujo; modestia, no ostentación. Son las consignas de la Iglesia contemporánea». La Iglesia del Concilio Vaticano II.

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Herrera Oria ante los titulares de El Rico (c. 1949) [Foto: Revista La Saeta]

El obispo Suquía, en su escrito conocido como Luces y sombras, fue más allá mencionando la supresión de las procesiones, en las que veía algunas luces; concluía: «Luces, que si no cuidamos entre todos, están llamadas a apagarse por sí mismas, en medio de la noche». El obispo Buxarrais, años después del conocido como «Pregón del obispo» ,en el que pedía a las cofradías que vendiesen todo aquello que no fuera imprescindible para el culto para paliar las necesidades de los más pobres; mantuvo diversas reuniones con los cofrades. En ellas aconsejaba que se evitaran, en lo máximo posible, las ambigüedades con lo político y lo social, como las visitas, fiestas y honores.

Normas de obligado cumplimiento para los cofrades, quienes constantemente han perseguido lo que deben ser.

(Artículo publicado en el diario “La Opinión de Málaga” el 12 de abril de 2014)

[Foto de portada: Herrera Oria en la procesión del Santo Sepulcro (Foto:@nosoloalameda)]

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