CARRETERÍA

El origen de esta vía se debe a la urbanización en época cristiana del foso de la antigua muralla musulmana desde la Puerta Nueva hasta la Puerta de Buenaventura. Aunque su primera denominación fue la de San Francisco por la cercanía con el convento franciscano de San Luis el Real, el ser paso obligado para las carretas que traían los productos del campo hasta la ciudad motivó el cambio de denominación. Desde su origen era cruzada por las numerosas cofradías radicadas en el citado convento, empleando la llamada Puerta de San Francisco para entrar en la ciudad al realizar sus estaciones de penitencia.

La primera acera en ser edificada fue la de los impares, mientras que la de los pares no quedó formada hasta que en el siglo XVIII el Ayuntamiento autorizó la construcción de casas adosadas a la antigua muralla y sobre el foso. Carretería recibió el nombre de Torrijos durante el siglo XIX y así fue denominada oficialmente hasta la Guerra Civil. Fue lugar de residencia de numerosas personalidades de la vida política y cultural y una vía de gran animación comercial, abundando negocios de todo tipo.

En el siglo XIX gran parte de las cofradías incluían en su recorrido la plaza de la Merced por lo que para volver hacia el sur empleaban las calles Álamos y Carretería. Tal era el caso, a finales de la centuria, de las cofradías de San Juan (Rescate y Fusionadas) o de las percheleras (Misericordia, Esperanza y Soledad de Santo Domingo).

Era ineludible en la década de los veinte del pasado siglo cuando era utilizada para dirigirse al recorrido oficial o para regresar del mismo, previo paso por la plaza de la Merced, en función de donde radicara su sede. Se instalaron sillas con un precio diario de veinticinco céntimos el día, el mismo que para las instaladas en la plaza de Félix Sáenz o la calle Martínez.

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El Rico en calle Carretería (c.1958) [Foto: La Saeta]

Aunque nunca dejó de ser una vía cofrade, a finales de los años ochenta volvería a alcanzar su plenitud. Así, en 1988 únicamente hubo dos cofradías que no pasaron por allí, y justificado por la extensión de su recorrido: la Cena y el Descendimiento. Éxito producto de la constancia de sus vecinos y comerciantes que desde unos años atrás venían reivindicando el paso de las cofradías por Carretería, la cual había sido suprimida por la mayoría. Entre estos comerciantes destacaron por su labor José Antonio Jurado, de la “Casa de la Música”, y Manuel Davó. Las cofradías apreciaron la importancia de esta calle y volvieron a ella. La Archicofradía de la Esperanza lo había hecho ya el año anterior, al igual que Estudiantes que evitaba así el cruce con la Columna. En ese año de 1988 volvían la Expiración, que había estado veintiún años sin pasar por allí; y El Rico, once.

Desde 1989 hasta 1993 todas las cofradías agrupadas pasaron por Carretería, salvo el Descendimiento. Precisar que el Domingo de Ramos de 1991 no hubo procesiones por la lluvia, y el Lunes Santo no salió Estudiantes por la misma razón.

Atractivo adicional ha sido la tribuna de los pobres al final de la calle, donde la comunión entre el pueblo de Málaga y sus cofradías se ha manifestado en su máxima expresión, con sus aspectos positivos y negativos; donde se cantaban saetas por el Niño de Bonela, Gloria de Málaga o Antonio de Canillas; o se escuchaba recitar al inolvidable Manolo Rodríguez.

Paralelamente a su degradación y abandono, quedando la otra gran vía comercial del centro histórico en el olvido, las cofradías han ido sustituyéndola. Difícil era que pasara una Semana Santa sin que se produjeran incidentes, concentrados en determinados días. El debate sobre esta emblemática calle no ha cesado, planteándose que la solución está en una mayor seguridad, en volver a instalar sillas, o simplemente en dejar de pasar por allí.

El obispo Buxarráis en 1987 aconsejaba a las cofradías que siguieran profundizando en la identidad de la fe católica y que hicieran todo lo posible para que los hermanos penitentes, los portadores de trono, las bandas de música, etc, contagiaran a los “espectadores” de un profundo sentimiento religioso, porque a veces daba pena ver el comportamiento de los que estaban en las aceras. A pesar de ello, no culpaba a las cofradías del problema, ya que simplemente era el resultado de una escasa preparación religiosa y de una ausencia de predisposición interior por parte de algunos de los que ven pasar nuestras procesiones. Las cofradías no tenían la culpa, pero en ellas estaba la posible solución.

Junto a ello, habrá que tener esperanza en la ejecución del nuevo Plan Especial que promete ampliar el espacio peatonal, plantar árboles  y recuperar los edificios históricos, volviendo a dignificarla en todos los sentidos. Ojalá el entorno ayude; mientras, soñemos con un futuro construido sobre su imborrable pasado cofrade.

 

(Artículo publicado en el diario “La Opinión de Málaga” el 12/03/2015)

[Foto de portada: La Sangre en calle Torrijos -1927 (@nosoloalameda)]

 

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