1932. Año 1.

El último periodo más largo sin procesiones en nuestra Semana Santa fue el trienio posterior a los sucesos de 1931. Esperando no igualar esa marca, la situación en la que se encontraban los cofrades de aquella época nada tiene que ver con la actual. Nosotros lo tenemos todo, sabiendo que se trata de un paréntesis; a ellos les quedó poco y, en muchos casos, nada. Dejando a un lado los esfuerzos por la reconstrucción (1), veremos cómo se vivieron aquellos días tan señalados.

Llegaba la Semana Santa de 1932, primer año tras los sucesos. El comité ejecutivo de la Agrupación de Cofradías acordó, en sesión del 2 de marzo, una serie de normas a las que debían acogerse las cofradías en la celebración de cultos internos en honor de sus titulares. Se indicó que se podrían celebrar en las iglesias donde tuviesen sus sedes canónicas o, en su caso, en la Catedral y ante las imágenes, si estas se habían salvado de la destrucción, o ante una fotografía que las reprodujera. Se hizo mención a la Catedral porque desde el 2 de agosto de 1931 la imagen de María Santísima de la Esperanza recibía culto en la misma, concretamente en la entonces capilla de Jesús y los niños (hoy de San Sebastián). La Archicofradía de la Esperanza celebró solemne triduo en honor del Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso y María Santísima de la Esperanza.

Frente a dicha capilla, en la del Cristo de la Victoria, la Venerable Orden Tercera celebró el septenario en honor a su titular ante una fotografía. La imagen obra de Fernando Ortiz se había salvado, pero los servitas preferían que permaneciera aún en lugar seguro.

No solo se celebraron actos cultuales en aquella Cuaresma. Acción Nacional celebró un acto político el Sábado de Pasión en el Teatro Cervantes, donde el protagonista fue José María Pemán. Se refirió a Málaga como la ciudad mártir que es la que mayores cicatrices y mutilaciones conserva de la barbarie trágica del 12 de mayo (gran ovación que no deja oír el párrafo completo)…España es hija predilecta de Dios…La unión de las derechas, más que un partido marcadamente político, es una cruzada de carácter nacional, en la que como caballeros andantes nos hemos lanzado por muchos caminos y veredas sin más dama de nuestros pensamientos que España, y sin más ideal que nuestra fe (2).

Estas arengas, con un contenido propio del nacionalcatolicismo, se proclamaron antes del Domingo de Ramos más amargo para los cofrades y muchos malagueños, reflejándose en la prensa conservadora la nostalgia por tiempos pasados y la amargura por la situación que se vivía en aquel momento, sumado a un futuro incierto. El sacerdote Domingo Ortigosa Santos (3) publicó un artículo titulado “Las ruinas de la Semana Santa” en el que señalaba: ¡Pero cuántas cosas han ocurrido!…Este año no hay Semana Santa en Málaga ¿Estoy soñando? Si mis ojos no hubieran contemplado las ruinas de tantos templos incendiados y destruidos en la bella ciudad andaluza; si mis pies no hubieran tropezado con restos de tronos de los Pasos de Semana Santa , tirados y humeantes en las plazas y calles de Málaga… si yo no hubiera sido testigo de las quejas del pueblo malagueño, precisamente contra aquello que, a mi parecer, era lo más sagrado para los malagueños, lo que ellos más amaban…(4).

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Mundo Gráfico (Madrid), 16/03/1932 [Biblioteca Nacional de España]

El poeta José María Hinojosa (5) escribió un artículo titulado “De lo que no se debe hablar”, en respuesta a uno anterior firmado por un centenar de malagueños en el que se preguntaban si iban a desaparecer las procesiones. Hinojosa confirmaba que era un personaje incómodo para ambos bandos: Aquí donde aún no se ha realizado ningún acto de desagravio solemne que pueda mitigar siquiera algo aquel baldón que pesa sobre nosotros ya que todos los malagueños debemos considerarnos cómplices por omisión de aquellos horrores…es verdaderamente lamentable que volvamos a hablar tan pronto de aquellas fiestas religiosas ahora que estamos en época de penitencia; es verdaderamente lamentable que no tendamos un tupido velo sobre todo lo que se relacione con aquello que no supimos defender ni siquiera por piedad para todos los malagueños (6).

La Agrupación de Cofradías acordó, en sesión extraordinaria celebrada el Lunes Santo, asistir corporativamente a los Santos Oficios que se iban a celebrar en la Catedral el Jueves y Viernes Santo. En cumplimiento de tal acuerdo, todos los hermanos mayores estaban llamados a asistir ostentando los escapularios con los distintos emblemas de sus cofradías y llevando su representación.

Se decidió, igualmente, lanzar un comunicado oficial que fue publicado en los dos diarios conservadores, Diario de Málaga y La Unión Mercantil, el Miércoles Santo. Bajo el título de “Ayer, hoy y mañana”, el ente agrupacional quería dar respuesta a las alusiones y requerimientos que se le habían hecho desde las columnas volanderas de la prensa, como se decía en el propio comunicado, rompiendo así su premeditado silencio. Un ayer triunfal; un hoy de añoranzas y dolor, sangrando aún la herida; y un mañana de la Agrupación envuelto en las densas nubes de la incertidumbre: El mañana de la Semana Santa malagueña no le compete a él sino en una mínima parte. La casi totalidad de su porvenir está en manos de Málaga entera.

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La Unión Mercantil, 25/03/1932 [Archivo Municipal de Málaga]

Llegó el Jueves Santo. El Diario de Málaga no publicó su ya tradicional extraordinario de Semana Santa, aunque presentó en portada el Ecce Homo de Martínez de la Vega, como hiciera en el número que publicara el Jueves Santo de 1929. El especial se sustituyó por una serie de artículos que seguían ahondando en el recuerdo. Siendo Jueves Santo, los mismos se centraban en María Santísima de la Esperanza, destacando el emocionante relato de una madre sobre un hecho milagroso en una de aquellas madrugadas de un pasado muy reciente.

Según cuentan las crónicas, los malagueños salieron a las calles un Jueves Santo que oficialmente era laborable pero en el que los comercios permanecieron cerrados. Por la tarde, grandes grupos de fieles recorrieron las escasas iglesias abiertas al culto, viéndose incluso algunas mujeres vistiendo la clásica mantilla, aunque menos que de costumbre. En algunas iglesias, llegaron a formarse largas colas para acceder a las mismas, estando mucho más concurridas que en otros años.

En la Catedral, después de los Santos Oficios, hubo misa de comunión general por el arcipreste Andrés Coll, recibiendo la Sagrada Eucaristía todas las hermandades, congregaciones e infinidad de fieles. A continuación, se organizó la procesión del Santísimo al Monumento, en la que figuraron el cabildo eclesiástico, hermandades sacramentales, miembros de la Adoración Nocturna y de la Agrupación de Cofradías.

El altar de María Santísima de la Esperanza estaba artísticamente adornado con verdadera profusión de luces y flores. En la Santa Iglesia Catedral, los hermanos de la cofradía la velaron en la noche del jueves con la propia devoción y el mismo entusiasmo que en otra época la acompañaban en el suntuoso desfile (7). Hacían guardia durante el día del Jueves Santo y toda la madrugada del Viernes. Hasta las diez de la noche estuvo abierta la Catedral. 

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Diario de Málaga, 25/03/1932 [Archivo Municipal de Málaga]

El Viernes Santo, al igual que en el día anterior, los comercios permanecieron cerrados, aunque los centros oficiales seguían abiertos. También se repitió la gran afluencia de malagueños en las calles, especialmente en calle Victoria ya que, como se apuntaba en la prensa, aunque oficialmente seamos laicos no se ha perdido la costumbre de ir en Viernes Santo al Calvario. En la Catedral, a los Divinos Oficios y a la Adoración de la Santa Cruz, acudieron numerosos devotos, los cuales acompañaron al Santísimo en su solemne procesión…Al Sermón de las Siete Palabras, la afluencia de fieles fue enorme, viéndose totalmente ocupadas el presbiterio, nave central y laterales (8).

No faltó el rezo de la Corona Dolorosa a la Virgen de los Dolores de Servitas el Sábado Santo; ni el rezo del Santo Rosario y Salve cantada a Santa María de la Victoria (9)El Domingo de Resurrección a las seis se celebró la misa del Resucitado y procesión claustral.

Terminaba la Semana Santa de 1932 y no faltaba la ironía en quien escribió que al no haber procesiones la tranquilidad fue completa, notándose la ausencia de tanto ruido. No se encendieron luces de bengala, ni tuvieron que desviar su camino los autos, tranvías, autobuses, coches de punto, camionetas, bicicletas y carretas. Los cafés se evitaron las molestias de aquellas grandes aglomeraciones de público y los hoteles, al fin desligáronse de los compromisos que para los dueños representaba la cesión de los balcones. Descansaron los comerciantes, los industriales, los pintores, los ebanistas, los carpinteros, los electricistas, el alegre gremio de modistillas, los bomberos y las bandas de música. Y para colmo de felicidad ¡hasta los forasteros se ahorraron los gastos de viajes! Festejemos la entrada de la primavera (10).

En el mes de mayo de 1932, llegarían para recibir culto en la Catedral la imagen de María Santísima de los Dolores de la Archicofradía de la Expiración; seguirían, Sepulcro, Servitas y la Soledad de Santo Domingo.

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Publicada en La Unión Mercantil, 25/03/1932 [Archivo Municipal de Málaga]

Aquellos suntuosos desfiles, y aquel fluir de viajeros, y aquel venero de riquezas que circundaban a la Semana Santa en algunas provincias, no han tenido este año existencia porque han sufrido una obligatoria interrupción. La interrupción -que por ser eso, interrupción, no tiene caracteres de infinito-cesará algún día. Cuando esa fecha llegue, Málaga, la ciudad que supo hacer de su Semana Santa un vértice, no debe estar desprevenida (11). Quedaban aún dos años más de espera. 

                

(1) Recomiendo para este tema el profundo estudio realizado en JIMENEZ GUERRERO, J., “Destrucción y reconstrucción de la Semana Santa de Málaga (1931-1939)”. Málaga, 2018.
(2) La Unión Mercantil, Málaga, 20 de marzo de 1932.
(3)Domingo Ortigosa Santos (1908-1938). Cursó estudios apadrinado por la marquesa de Villapadierna en el Seminario de Málaga y después en el de Granada, donde terminó el sacerdocio. Durante la Guerra Civil fue nombrado capellán del 2º Batallón del Regimiento de Infantería de Oviedo. Murió a causa de una explosión mientras oficiaba una misa en Motril.
(4) La Unión Mercantil, Málaga, 20 de marzo de 1932. Hoy día, seguramente, le advertirían al capellán por redes sociales que sí hay Semana Santa, que lo que no hay son tronos en la calles (en cuanto a escribir “Pasos”, también le harían algún apunte).
(5) José María Hinojosa Lasarte (1904-1936) fue un poeta español de la generación del 27, introductor en España de la poesía surrealista​ y codirector en 1929, junto con Emilio Prados, de la revista Litoral. Murió asesinado por milicianos al comenzar la Guerra Civil.
(6) Diario de Málaga, Málaga, 18 de marzo de 1932.
(7) La Unión Mercantil, Málaga, 25 de marzo de 1932.
(8) La Unión Mercantil, Málaga, 26 de marzo de 1932.
(9) La Patrona recibía culto en la Catedral desde el verano de 1931.
(10) Diario de Málaga, Málaga, 24 de marzo de 1932.
(11) La Unión Mercantil 25 de marzo de 1932.

[Foto de portada: Puerta de las Cadenas de la Catedral (c.1932)]

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