Últimas voluntades

El tiempo es el auténtico protagonista del drama del Barroco. Ante el decisivo y angustioso momento que impide al hombre la indiferente actitud ante su ser y su futuro, se encuentra forzado a sentir en su fondo una instintiva conciencia histórica, en la que la pregunta por su destino es ineludible. El hombre que vive su vida desviviéndose porque la pone entera al servicio de algo que no es la misma vida, ni está en la vida, sino en la salvación, en la gloria eterna, se le ofrece en cada momento fugaz como colgada por infinitos hilos que la unen con la realidad trascendente del fin eterno (1). Propongo un breve viaje por tiempos pasados, por últimas voluntades de fieles y devotos de diferente condición, pero con algo en común (2).

Juan de Herrera, de profesión panadero y que vive en la calle del Viento, ordena en 1606 ser enterrado en la capilla de las Ánimas del Purgatorio del convento de San Francisco al ser hermano de la misma. Al igual que Juan Martínez en 1619, consignando la voluntad de que acompañen su cuerpo doce religiosos de cada uno de los conventos de San Francisco, San Agustín y la Merced. Juan Cano Serrano, viñero, ordena en 1654 ser enterrado en la misma capilla por ser hermano de las Ánimas del Purgatorio y que sea llevado por cuatro hermanos terceros.

En testamento otorgado el 22 de mayo de 1590, Bartolomé López de Beas manda ser enterrado en Santo Domingo, en la capilla de los hermanos del Dulce Nombre de Jesús con el acompañamiento de ocho pobres con hachas encendidas. En la misma capilla manda ser enterrado en 1615 Juan López Peinado y que acompañen su cuerpo las cofradías de la Soledad, el Rosario y el Dulce Nombre de donde era hermano; y en 1648 María García, por pertenecer a la Hermandad de la Esperanza, ordena que se dé una libra de cera a Nuestra Señora de la Esperanza que está en la plaza pública de la ciudad.

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Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso, perteneciente a Carta de Hermandad (siglo XIX) [Foto: Arguval]

José Armengual, armador y vecino de la calle Ancha de los Percheles, hermano del ilustre malagueño Lorenzo Armengual de la Mota, en testamento otorgado el 2 de noviembre de 1682 dispone se entierre su cuerpo en la capilla de la Soledad de Santo Domingo, de cuya hermandad es hermano, y le acompañen los cofrades con la cera de Constitución haciéndole el entierro que tiene obligación, diciéndole la misa de cuerpo presente y las setenta y dos que se le dicen y aplican a los demás hermanos de ella.

No nos movemos de la iglesia de Santo Domingo. En 1677, Francisca Carrillo, viuda de Juan Martínez, dice en su testamento que tenía un lienzo de la hechura e imagen del Santo Cristo de Cabrilla,el que quiero y es mi voluntad se ponga y coloque en la capilla de Nuestra Señora de la Soledad de dicho convento de Santo Domingo y se den de mis bienes dos ducados por una vez para ayudar al aceite de la lámpara de la dicha capilla.

Lienzo del Santo Cristo .Cabra-Jaén. .Fotoexaltaciontarancon.wordpress.com
Lienzo del Santo Cristo (Cabra, Jaén) [Foto:exaltaciontarancon.wordpress.com]

La última voluntad de Juan de Berlanga, estando enfermo, fue ser enterrado en la iglesia de los Santos Mártires, declarando ser hermano de la Cofradía de la Madre de Dios de la Esperanza, sita en Santo Domingo, y asimismo de la del Dulce Nombre de Jesús, ordenando por ello a los mayordomos de estas que sufragaran los gastos de su sepultura y pagasen la limosna de cierto número de misas.

Pedro de Mena y Medrano, escultor, en testamento otorgado en la ciudad de Málaga el 3 de enero de 1675: cuando la voluntad divina fuere llevarnos de esta presente vida, sean sepultados en la iglesia del convento de Señora Santa Ana, que es de Recoletas Bernardas del Císter, donde tenemos nuestras hijas religiosas profesas…en la Capilla donde se colocare la hechura de un Santo Cristo, que yo el dicho Pedro de Mena y mis hijas hemos hecho y ejecutado con nuestras manos con este fin.

Juan Romero de Narváez, escribano público y hermano de la Cofradía de las Angustias, mandó en 1626 ser sepultado en el convento de la Merced, en la capilla y bóveda que allí tiene.

En 1682 Juan de Silva manda que su cuerpo sea vestido con una túnica de lienzo de la Hermandad de la Puente del Cedrón, de la que es hermano, y enterrado en la iglesia de los Santos Mártires de la que es parroquiano.

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Ntro. Padre Jesús de la Puente del Cedrón, perteneciente a Carta de Hermandad (siglo XIX) [Foto: Arguval]

Juana de Mérida manda en su testamento en 1665 ser sepultada en la iglesia de San Juan, en la capilla del Santo Cristo de la Exaltación, teniendo sus hermanos la obligación de acompañarme y hacer mi entierro.

En 1649, Francisco del Arroyo y su esposa María Ximénez, mandan en su testamento ser enterrados en la capilla del Dulce Nombre de Jesús de Santo Domingo, porque somos hermanos de la Hermandad de Nuestra Señora de la Esperanza, y se nos digan las misas que tienen obligación como tales hermanos. Declaran también ser hermanos de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad (Dolores) de la iglesia de San Juan, ordenando que todo lo que debía gastar dicha hermandad en su enterramiento, lo redujera en misas.  El 28 de noviembre de 1698 fue enterrado Pedro de Granada y Venegas en la bóveda de la Hermandad de los Dolores de San Juan, quien había fallecido en su casa del barrio de El Perchel.

En 1760 Manuela del Castillo dispuso que a su muerte se le diese a su cuerpo sepultura en la bóveda de su hermandad, la de Nuestra Señora de la Esperanza que se veneraba en la ermita de Santa Lucía, yendo vestida a la tierra en hábito de San Francisco.

En 1765 falleció Bárbara de Aguiar y Padilla, camarera de la imagen de la Soledad de Santo Domingo, había ordenado que se diese una basquiña de terciopelo negro para que hiciese un paño para cubrir la caja del féretro, donde llevan los hermanos difuntos en su entierro; y asimismo le diese a dichos hermanos para la dicha imagen una cruz de oro pendiente de un lazo que tenía con cincuenta y cuatro diamantes grandes y pequeños brillantes, tasada en cincuenta y cinco doblones; y un rosario de Jerusalén negro engastado de oro con tres medallas de los mismo y cuentas embutidas en nácar, y todo con la condición que no se pudiese prestar ni enajenar; y todo con ningún motivo ni pretexto y que perpetuamente permaneciesen en los dichos destinos.

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Ntra. Sra. de la Soledad, iglesia de Santo Domingo [Foto:@nosoloalameda]

Fernando Ortiz, escultor, en 1771 dispuso en su testamento que su cadáver vaya vestido a la tierra con el hábito patente, que uso del venerable orden tercero de nuestro Padre Señor San Francisco de Paula, y que se le dé sepultura en la iglesia parroquial del Señor Santiago de esta ciudad, de la que soy feligrés, y asistan a mi entierro la Santa Cruz, beneficiados, cura, sacristán y demás clero que compone la parroquia.

Una flor sobre su tumba se marchita, una lágrima sobre su recuerdo se evapora. Una oración por su alma, la recibe Dios. (San Agustín)

(1) OROZCO DÍAZ, E., “Manierismo y Barroco”. Madrid, 1981. p.60.
(2) LLORDÉN, A. y SOUVIRON, S., “Historia documental de las cofradías y hermandades de pasión de la ciudad de Málaga”. Málaga, 1969. LLORDÉN SIMON, A. , “Escultores y entalladores malagueños. Ensayo histórico documental (siglos XV-XIX)”. Ávila, 1960. LLORDÉN SIMON, A. , “Testamentos, capillas-enterramientos, fundaciones, gremios. Donaciones. Documentos para la Historia de Málaga”. Málaga,1990.

[Foto de portada: Fragmento del testamento de Bárbara de Aguiar y Padilla (Archivo Histórico Provincial, cit. “Mena. Cien años de historia.Cuatro siglos de devoción”)].

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