Sucesos de 1931

 

En los días 11 y 12 de mayo de 1931 la furia anticlerical provocó una serie de disturbios en diversas localidades de España: Madrid, Valencia, Alicante, Murcia, Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, Jerez, Algeciras, Granada, Córdoba y Sevilla; ninguna fue tan afectada como la ciudad de Málaga, siendo destruido gran parte de nuestro patrimonio religioso, artístico, cultural e histórico.

Los antecedentes

Los meses previos a la Semana Santa de 1931 fueron cruciales debido al problema que se originó con la subvención municipal para las cofradías; ello se aderezaba con la campaña anticlerical y contraria a las procesiones que se llevaba a cabo desde el periódico republicano Rebelión (en 1931 llamado Rebeldías), encontrándose en la parte contraria La Unión Mercantil en favor de la coalición monárquica.

Tras tensos debates, donde la posturas enfrentadas tensaban la situación (la Agrupación de Cofradías llegó incluso a decidir no salir), se acordó conceder la subvención pero recortando un diez por ciento respecto a la concedida para el año anterior. Pese a que parecía resuelto el problema, el debate había trascendido e impregnado a toda la sociedad malagueña. Incluso el 15 de diciembre de 1930 hubo un intento de incendio del Palacio Episcopal.

Finalizada la Semana Santa de 1931, el diario Rebeldías continuaba con su campaña calificando las procesiones de manifestaciones paganas, escandalizantes y provocadoras.

El 12 de abril de 1931 fueron celebradas elecciones municipales convocadas, como antesala de unas nacionales, por el rey Alfonso XIII lo que a la postre significaría su “acta de defunción”. Se trataba de las primeras elecciones desde que en 1923 ocupara el poder Primo de Rivera. La opción monárquica fue la gran derrotada, titulando lo sucedido de forma magistral el almirante Aznar al decir: “España se acostó monárquica y se levantó republicana”. En la noche del 14 de abril de 1931, el Rey abandonaba el país dirigiéndose al exilio.

Proclamación de la República en Málaga

Fue elegido alcalde Emilio Baeza Medina, proclamando la República el 14 de abril de 1931 desde el balcón del Ayuntamiento. Se produjeron algunos disturbios, destrozándose la lápida de la estatua del Marqués de Larios que fue tirada al mar, y sustituida por otra que ponía calle 14 de abril.

El 6 de mayo de 1931 se debatió una moción del concejal comunista, ideología que era la primera vez que conseguía representación en el Ayuntamiento. Se proponía la solicitud al Gobierno provisional de la República de la adopción de una serie de medidas de signo anticlerical como la disolución de todas las órdenes religiosas o la nacionalización de los bienes de la Iglesia. El mayoritario Partido Radical Socialista la apoyó con leves modificaciones, como la referida al momento en que debían adoptarse esas medidas.

El detonante

El 7 de mayo de 1931 la prensa da a conocer una carta pastoral firmada por el arzobispo de Toledo, y primado de la jerarquía eclesiástica española, cardenal Segura. En ella se refería a las amenazas de anarquía, se apelaba a las mujeres para defender a la Iglesia contra los ataques en sus derechos (escuela laica, matrimonio civil, separación Iglesia y Estado) y al establecimiento de una cierta identificación entre Iglesia y monarquía.

El 10 de mayo de 1931 en Madrid, concretamente en la calle Alcalá, se celebró una reunión del Círculo Monárquico Independiente, el cual tenía la finalidad de aglutinar a los partidarios de la monarquía. Los asistentes pusieron un disco con la marcha real e incluso salieron a la calle dando vivas al rey. Se enfrentaron con transeúntes de signo contrario (otras versiones apuntaban a que fueron los monárquicos los que recibieron los insultos de diversos individuos que se concentraron a las puertas de la sede). Hubo un intento de asalto a la sede, evitado por varios guardias cívicos; más tarde un grupo se dirigió a la sede del diario ABC, ya que su fundador, Luca de Tena, había mantenido una entrevista con el rey en el exilio e iba a recibir un homenaje del mencionado Círculo. La Guardia Civil evitó el asalto, produciéndose diversos disparos desde la sede del periódico y resultando heridos un menor y un portero, que posteriormente fallecerían. Se adoptaron medidas excepcionales ocupando el ejército diversas plazas para sofocar cualquier conato de altercado.

MADRID
A pesar de ello, en la mañana del día 11 de mayo de 1931 se provocó el primero de los incendios que afectarían a edificios religiosos: la residencia de los Jesuitas.

 La autoría de estos hechos se asignó en aquellos momentos a las derechas que buscaban el desprestigio de la República.

Los sucesos en Málaga

Las noticias de lo que había sucedido en Madrid se extendieron por toda España, llegando a Málaga. Así, el Diario de Málaga del día 11 de mayo de 1931 se hacía eco de lo acontecido en la capital:

En la última página de este diario se indicaba: “ÚLTIMA HORA. El Gobernador nos ruega la publicación del siguiente telegrama: Madrid 5 y 30 A las dos de la tarde se ha declarado el Estado de Guerra, volviendo la población a su estado normal (…) En el resto de España reina la más completa tranquilidad”. Lamentablemente, no fue así.

A pesar de que desde el día anterior ya llegaban referencias de lo que estaba sucediendo, el día 11 se produjeron en la calle reuniones de personas comentando estas noticias. Al caer la tarde, en los aledaños de la plaza de la Constitución, muchos reclamaban una acción semejante a lo que pasaba en la capital. Cuando en Málaga, los periódicos de la tarde del lunes divulgaron a los cuatro vientos detalladas noticias de los funestos sucesos de Madrid produjo la sensación consiguiente y la natural efervescencia en todas partes (Escolar García, “Los memorables sucesos desarrollados en Málaga los días 11 y 12 de mayo de 1931”, año 1931.)

Los hechos en Málaga sucedieron cronológicamente por este orden (las horas se refieren al inicio de los asaltos, siendo aproximadas):

Lunes 11 de mayo de 1931

19:00- Convento del Servicio Doméstico o Asilo de María Inmaculada (C/ Victoria)

20:30- Convento de la Asunción (Barcenillas) A media tarde del día 12 fue incendiado

Martes 12 de mayo de 1931

0:00- Residencia de los Jesuitas e iglesia del Sagrado Corazón (C/Compañía).

0:30- Palacio Episcopal.

1:00- Iglesia de la Merced (primera vez) 

2:00- Convento y colegio de San Agustín

2:30- Sede del diario La Unión Mercantil y el convento del Arcángel San Miguel.

3:30- Iglesia de Santo Domingo y el convento de las Mercedarias.

5:30- Convento de la Purísima Concepción de Ntra. Sra. de Religiosas Capuchinas.

6:00- Iglesia de San Pedro.

7:00- Convento de las Adoratrices y convento de San Carlos (Pozos Dulces).

7:30- Iglesia de Ntra Sra. del Carmen.

8:00- Asilo de San Manuel (C/San Andrés); iglesia de San Pablo; iglesia de la Aurora María; y ermita de la Zamarrilla.

9:00- Iglesia de San Patricio (Huelin).

10:00-Iglesia de la Merced (segunda vez)

11:00- Convento de las Carmelitas y convento de la Encarnación.

11:30- Iglesia de Santiago.

12:00- Iglesia de San Juan y el convento de San José de la Montaña (Avda Hospital Civil).

12:30- Iglesia de San José e iglesia de los Santos Mártires.

12:45- Convento de las Esclavas Concepcionistas del Sagrado Corazón y la iglesia de la Concepción.

13:00- Convento de las Catalinas.

14:00- Iglesia de la Santa Cruz y San Felipe Neri; y convento de la Esperanza.

15:30- Convento de las Reparadoras (Plaza de San Francisco)

16:00- Convento de las Bernardas (C/ Victoria) y la capilla de Calle Agua.

16:30- Iglesia de San Lázaro.

Llegaron noticias de que se estaban produciendo altercados en la calle de la Victoria, donde las monjas del convento del Servicio Doméstico huían al percatarse que algunos grupos se concentraban en las puertas del mismo. Eran las siete de la tarde, comenzaba todo.

 

Convento del Servicio Doméstico o Asilo de María Inmaculada

Se trataba de la sede de las religiosas Hijas de María Inmaculada para el servicio doméstico. Su actividad principal era el asilo de los jóvenes pobres y dedicaban su labor al arreglo, lavado y planchado de ropa.

(…) en el interior estaban las jóvenes allí recluidas, sintiéndose desde la calle sus lamentaciones y lloros. Entonces cundió la voz de que era preciso hacer lo mismo que en Madrid: destrozar  y quemar los conventos y expulsar a las religiosas y religiosos. Y la multitud que, en pocos momentos, había engrosado extrordinariamente, empezó a golpear las puertas del Convento, para penetrar en el interior (Nota: Cursivas -Escolar García, 1931). Eran las ocho y media de la tarde.

Las turbas se dirigían, entre gritos y exclamaciones subversivas, hacia los conventos de Barcenillas y la Sagrada Familia. Enrique Mapelli Raggio, Gobernador Civil interino (el titular Jaén Morente no se encontraba en la ciudad), al conocer lo que se estaba produciendo en calle de la Victoria, acudió allí acompañado de otros republicanos para calmar a la multitud. Llegaron al convento de la Sagrada Familia, ubicado en el Camino Nuevo, después del de Barcenillas (convento de la Asunción), donde se encontraban varios grupos. Estos habían conseguido violentar la puerta, penetrando en el interior.

Convento de la Asunción

En este convento recibían instrucción unas 50 niñas pertenecientes a familias acomodadas, entre cuyas jóvenes el asalto causó un pánico espantoso, registrándose sensibles escenas. 

La Madre Superiora se colocó en la puerta diciendo que había cincuenta niñas internas y que no era humano incendiarlo.

El gobernador llegó en ese momento logrando disuadir a la muchedumbre, que pretendía ir al Seminario, convenciéndoles para que les acompañaran al Palacio de la Aduana (sede del Gobierno Civil).

A media tarde del día 12, unos grupos llegaron de nuevo al convento, lo saquearon y prendieron fuego al edificio. Afortunadamente, las monjas y las niñas habían abandonado el lugar. Entre las pérdidas artísticas destacar el retablo de la capilla.

A las once y media de la noche llegaron a la Aduana, y, desde el balcón, el gobernador interino arengó a los asistentes y les invitó a que tuvieran fe y confianza en el Gobierno de la República, y que se disolvieran. Parecía que las palabras de Mapelli habían surtido efecto, pero no fue así. Y empezaron a marcharse, en grupos, hacia las calles del centro de la capital, que, a las doce de la noche estaba concurridísima, especialmente la del Marqués de Larios y la Plaza de la Constitución (…) pero bastó una indicación de un individuo, de indumentaria modesta, subido a los hombros de otro corpulento: Es necesario que en Málaga hagamos como en Madrid. ¡¡Vamos a los Jesuitas!! ¡¡A incendiarlos, a destruirlos!!. Seguidamente toda aquella multitud, electrizada, loca, se dirigió hacia la calle de Compañía, ansiosa de destrucción.

 

Residencia de los Jesuitas e iglesia del Sagrado Corazón

Allí se toparon con el republicano Pedro Armasa Briales que les pidió cordura y tranquilidad. La residencia había sido desalojada. Parecía que deponían su actitud, sin embargo, un grupo de los más exaltados accedió a la residencia por la parte trasera, por Pozos Dulces. Incendiaron una parte del edificio. Minutos más tarde llegó el Cuerpo de Bomberos, pero se encontraron con el entorpecimiento de los que allí se encontraban, evitando que hicieran su trabajo.

Llegó una sección de la Guardia Civil, cuyo mando ordenó el despeje de la zona. Todo podía haberse quedado ahí. Sin embargo, se produjo un hecho clave que sin duda marcó el devenir de los acontecimientos.

A la una y media de la madrugada llegó frente a la residencia de los Jesuitas el gobernador militar de la plaza, general Juan Gómez -García Caminero, el cual, al darse cuenta del estado del gentío, ordenó que inmediatamente la Guardia Civil se retirara a su cuartel, porque, parece ser, el pueblo sabe vigilarse y dirigirse a si mismo.

SAGRAD CORAZ Y JESUITAS

SAGRADO CORAZON 2

SC Y JESUI3

Los grupos de amotinados se dirigieron al Palacio Episcopal, comenzando a golpear con barras, palos y hachas las puertas de entrada.

Palacio Episcopal

El asalto comenzó sobre las doce y media de la noche, prácticamente al mismo tiempo que el del asalto a la residencia de los Jesuitas en calle Compañía. La Guardia Civil, también aquí, recibió orden de retirarse.

Bien pronto lograron echar abajo la puerta de entrada (…)Minutos nada más, tardaron en aparecer, la mayoría de ellos, por puertas y balcones, comenzando a arrojar a la calle imágenes, muebles y enseres (…) mientras en el interior (…) otros comenzaron a rociar con gasolina diversos lugares-el primero de ellos fue el riquísimo archivo y bibliotecas del siglo XIV- prendiéndole fuego.

Palacio Episcopal en la mañana del 12 de mayo de 1931, ya incendiado
Imagen del patio

El obispo consiguió huir. Serían las tres de la madrugada cuando la inmensa manzana que ocupaba el Palacio Episcopal y la Residencia de los Maristas (situado a la espalda del Palacio) ardía por los cuatro costados.

 

Iglesia de la Merced (primera vez) 

El erudito malagueño Narciso Díaz de Escovar redactó unas notas manuscritas relatando: Un resplandor rojizo iluminaba el cielo. Se veían pasar grupos en actitud hostil y se oían rumores alarmantes. No tardó mucho en aparecer una turba en la mayoría jóvenes que llegaron con palos y martillos a la puerta de la Sacristía de la Merced. (…) Al fin se abrió la puerta y apareció el párroco Antonio Gavilán que interceptando el paso decía: matadme a mí, pero no toquéis a mi iglesia.

No fue escuchado y penetraron dando gritos en la Sacristía, en el templo. Destrozan parte de la Sacristía, saquean algunos altares, rapiñan las cajoneras y se llevaron algunas ropas y objetos de culto (…) Un individuo que vestía traje de mecánico cogió la Virgen de las Lágrimas (Consolación y Lágrimas de la Archicofradia de la Sangre) y la paseó mofándose de ella por la calle de San Juan de Letrán. Se sentó en las gradas del Teatro  Cervantes profanando con sus dichos y hechos a la Santa imagen. Luego se levantó y la tiró contra las losas, frente a la casa número dos de la calle Ramos Marín. La cabeza quedó separada del tronco. Una mujer despeinada y sucia le quitó los vestidos blancos a la Virgen y se los puso ella, arrojando después en pedazos los restos de la imagen (…) 

 El saqueo y la destrucción continuaría en la iglesia de la Merced por la mañana.

Convento y colegio de San Agustín

Desde dicho lugar (el Palacio del Obispo) la turba se dirigió al Convento de los Agustinos frente a cuya puerta ya se hallaban unos mozalbetes apedreando cristales y pretendiendo forzarla. No tardaron en abrirla (…).

El gentío, amotinado,comenzó a recorrer rápidamente las dependencias del Convento, que eran destrozadas e incendiadas. Afortunadamente el convento estaba también desocupado.

La parte posterior del convento llegaba hasta la calle Pedro de Toledo, lindando con el convento de la Teresianas que fue desalojado al llegar el fuego al edificio.

 CONVENT Y COLEGIO SAN AGUSTTTTT

Las religiosas y religiosos de la mayoría de los conventos y asilos empezaron a evacuarlos, unos de forma ordenada, y otros, tan precipitadamente, que hasta los más indispensables objetos y ropas fueron abandonados, empezando para aquellos la triste e inquieta caminata de dedicarse a buscar cobijo y refugio a su desdichada situación. (…) Fueron unas horas, de diez de la noche a cinco de la mañana, que no se olvidarán fácilmente a aquellas religiosas, religiosos y asiladas e internos , así como tampoco, a los que por nuestra profesión (periodista), presenciamos escenas desgarradoras (…).

 

Escolar García relata el siguiente hecho que refleja lo que se tuvo que vivir en aquellas horas:

 Fue en la plaza de la Merced, donde, sentadas en un banco, llorando y gimiendo, nos encontramos a dos mujeres. Inmediatamente supusimos eran religiosas (…) – ¿Son ustedes monjas?- le preguntamos

– Sí…-nos replicaron atribuladas.-Y no sabemos donde refugiarnos..Somos de fuera de Málaga…No conocemos a nadie- Y empezaron a llorar.(…) en la calle Madre de Dios había una puerta abierta. En ella estaba una mujer de traje modesto. Era la portera. -¿Son monjas?-nos preguntó con curiosidad y cariño. – Sí-le replicamos- que no tienen familia y no saben donde meterse esta noche.

 -Hombre -dijo la pobre mujer llorando- pues no faltaba más. Un cuarto chico tengo; pero está a disposición de estas pobres hermanitas.. Las dos religiosas se lanzaron hacia ella, besándole las manos y la buena mujer del pueblo y las dos monjas desaparecieron por aquella puerta rápidamente, ya que se acercaba un grupo de gente chillando, y temían ser víctimas de cualquier agresión.

 

Sede de la Unión Mercantil

Este periódico era considerado como el primero de los de información malagueña y el más relevante de cuantos se editaban en Málaga durante el primer tercio del siglo XX.

A la una de la madrugada, el redactor de sucesos del diario de siniestrado, cumplía sus deberes informativos, en el ataque al Palacio Obispal, cuando hasta él llegaron voces de -Ahora a la Unión Mercantil y a Santo Domingo. Entre los que más gritaban, destacábase un negro, que con un hacha en la mano animaba a las turbas.

El periodista acudió a pedir auxilio al Gobierno Civil, que tras mucha insistencia enviaron a dos parejas de guardias de seguridad, los cuales vieron como por calle Nueva un grupo de revoltosos, y por la calle de San Juan otro, desembocaban en la Plaza de Félix Saenz lanzando gritos diciendo que iban a quemar la Unión Mercantil. El periodista pudo avisar a sus compañeros que abandonaron el edificio.

 Serían las tres de la madrugada cuando, por los balcones de la Unión Mercantil, se elevaban grandes columnas de fuego y humo.

Convento del Arcángel San Miguel

Situado en el barrio del Molinillo, de la orden de las Dominicas. Fue asaltado en torno a las dos y media de la madrugada por un grupo dirigido por tres individuos que había actuado por el barrio de Capuchinos. Se apoderaron del dinero que contenían los cepos y saquearon la residencia de las monjas.

COPNVENTO ANGEL

Después de actuar en la sede de la Unión Mercantil, y cuando ya era pasto de las llamas,  marcharon por la Plaza de Arriola hacia la Iglesia de Santo Domingo. Su objetivo era destruir las populares imágenes.

Iglesia de Santo Domingo

Le tocaba el turno a esta iglesia, al antiguo convento, donde se guardaban tesoros como la Virgen de Belén, el Cristo de Mena, el Cristo de Cabrillas, la Virgen del Pozo, lienzos de Alonso Cano, de Francisco Pacheco y las imágenes del Nazareno del Paso y de la Virgen de la Esperanza, las glorias Nazarenas de la ciudad. El objetivo no era accidental ya que en esta iglesia, enclavada en un barrio humilde, se encontraban las imágenes más veneradas.

Esta era la iglesia de Santo Domingo antes de la madrugada del 12 de mayo de 1931:

Altar Mayor
Retablo

 

Virgen del Rosario
Capilla de la Virgen del Rosario
“El Moreno” y la Virgen de la Esperanza
Virgen de Belén obra de Pedro de Mena

Virgen del Pozo o de la Antigua (s. XVI)

La iglesia dormía y las imágenes descansaban del ejercicio de la piedad, de la oración de la cera derramada en su honor, de las flores que endulzaban con podredumbre de postrimería la hora cierta del desastre. El espíritu de fray Alonso de Santo Tomás se paseaba por su convento desamortizado y se detenía ante el Crucificado que Mena labró para la sala “de profundis”, allí donde la comunidad maceraba sus carnes con las disciplinas, aquel espacio que lavaba sus losas con la sangre de la penitencia. Era el silencio el reino de las naves, era el silencio el reino de la muerte, era la expectativa de la tragedia, del destino escrito en los libros de plomo.

En torno a las tres y media de la madrugada un grupo de personas cruzaba el puente de Santo Domingo. Antes de que llegaran, penetraron en ella algunos entusiastas cofrades de la Hermandad del Cristo de la Buena Muerte y el Paso, los cuales procedieron, con una rapidez vertiginosa, a salvar aquellos objetos y enseres de más valor, poniéndolos a buen recaudo. Entre estos, lograron que la bellísima escultura de la Buena Muerte (…) y las de la Virgen de la Soledad y la Esperanza, y el Cristo del Paso colocarlas en los sótanos respectivos debajo de los altares de los que, a simple vista no podían ser advertidos por nadie. Sin embargo, y debido al relato de lo sucedido por Francisco Palma Burgos, respecto de la actuación de su padre Francisco Palma García, el Cristo de Mena no se escondería quedando en el altar.

La Virgen del Rosario fue sacada por una ventana de una casa contigua a la iglesia, envuelta en sábanas.

El acceso al interior del templo se produjo por la sacristía. El párroco José Campaña permaneció en la casa que habitaba y que estaba junto a la iglesia, hasta que comenzaron a incendiarla.

Una vez en el interior del templo los asaltantes destrozaron en su propio altar a la Virgen de Belén. Le prendieron fuego a los altares, al coro y a la sacristía. Uno de ellos, al aporrear con una barra el altar del Cristo del Paso, dejó al descubierto la bóveda que existía bajo el mismo, asomando la cabeza.Lanzó una exclamación, que más bien fue un rugido -¡Aquí han guardado los santos..!, ¡Vamos a echarlos al fuego!. Acudieron otros y, entre todos ellos, sacaron de aquel lugar las imágenes (…) para arrojarlas a la inmensa hoguera que habían formado en el patio de la iglesia.

El escultor Francisco Palma García entró en la iglesia, cuando los asaltantes estaban dentro y habían iniciado el fuego, con la intención de salvar el Cristo de Mena; esto narraba su hijo Francisco Palma Burgos de cómo oyó a su padre relatar a un amigo lo sucedido: Yo entré detrás de aquello como absorbido por su ira (…) vi que uno entró en nuestra capilla, abrió la verja y con una pata de una mesa subió por la mesa del altar y empezó a flagelar a nuestro Cristo. Yo di un zarpazo, le cogí una pierna y lo insulté, él levantó el palo con furia para darme en la cabeza, yo lo miré como rompiéndole la cara, y descargó su furia sobre la pierna del Cristo rompiéndola, le hizo saltar el clavo (…). Esta pierna, que escondida sacó Palma de la iglesia, es la que se conserva actualmente como reliquia en la entrada del columbario de la congregación.

A las ocho de la mañana el templo ardía completamente

El templo estaba ardiendo. Aparecieron  soldados del regimiento de Málaga al mando de un oficial, lograron desalojar el templo y lo acordonaron. Según el relato de Julio Trenas, Francisco Palma comenzó a retirar los bancos, vitrinas y reliquias que había en la Capilla, dejó limpia de leña para que el fuego no se comunicara, salió a la nave central cerrando la verja (…) Buscaba como loco alguno que le ayudara a descolgar el Cristo (…) el humo era bastante denso e irrespirable, salió a la calle, y se encontró a los bomberos, se dirigió a Ramírez y llorando como un niño le pidió dos hombres. Ramírez se fue con él y entraron nuevamente en la iglesia, se amarró un pañuelo como los bomberos; entre llamas y astillas rotas entraron de nuevo en la Capilla, Palma ayudado de este Ramírez descolgaron al Cristo, rompiéndole los brazos y pegados al cuerpo lo envolvieron en el manto de la Virgen de la Soledad. Unos soldados que estaban en la puerta les prometieron  no abandonar la iglesia. Al cabo de una hora de estar allí, los soldados recibieron la orden superior de abandonar el templo, continuando el fuego y la destrucción.

Francisco Palma volvió a casa con la pierna del Cristo que había podido sacar, y así lo relataba su hijo “papá venía mojado, roto y oliendo a humo (…) Yo, que tenía trece años, lo apoyé como pude y tocándome la cabeza con aquella mano cálida de creación subimos los cuatro escalones rotos, y se lo entregué a mamá. Lloraron juntos, le enseñaba algo que a mi me escondía, pude ver con esa curiosidad de niño y vi un trozo de madera astillado y tronchado, lo besaba como si fuera una reliquia, lavó la ceniza de la policromía con sus lágrimas. ¡El Cristo! ¿Qué Cristo? decía mamá (…) el nuestro, “el de Mena”, mamá lo abrazó y lloraron juntos, yo no dormí”.

El lapso de tiempo que estuvieron los soldados custodiando el templo es en el que se piensa, quienes creen que se salvó el Cristo de Mena, pudo ser sacado de la iglesia de Santo Domingo. Desgraciadamente, es improbable ya que en esa hora visitó el templo el Gobernador Civil Jaén Morente (acababa de regresar a Málaga) y según el diario El Cronista de 13/05/1931 “emocionándose visiblemente ante la magnitud de la catástrofe y sobre todo, al serle presentada la talla del Cristo de Mena, joya artística y de inapreciable valor que aparecía mutilada.”. Posteriormente a esta visita, y como he señalado anteriormente, los soldados se retiraron siendo asaltado e incendiado de nuevo el templo.

Afortunadamente, sí pudo ser salvada en esos momentos la cabeza de la imagen de María Stma. de la Esperanza por Francisco Sánchez Segarra, que contaba con dieciséis años, y lo relataba así: Me acerqué y vi como alrededor de la iglesia había un cordón de soldados (…) como pude, me introduje en la iglesia. Una vez dentro, encontré a la Virgen de la Esperanza tirada en el suelo de su camarín (…) Sin pensarlo, la cogí, tapé su rostro con sus mismas vestimentas y salí rápidamente del templo.

La versión policial, como afirma Jiménez Guerrero y sustentado en documento firmado por el Comisario Jefe el 15 de mayo de 1931, indica que fue el concejal comunista Andrés Rodríguez el que capitaneó los grupos que asaltaron, saquearon e incendiaron la iglesia de Santo Domingo; y al decirle un individuo que aún no se ha podido averiguar quien sea, que respetaran y no quemaran la imagen del Santo Cristo de Mena, contestó que allí se quemaba todo.

La destrucción en la iglesia de Santo Domingo fue total.

Capilla de la Congregación de Mena
Capilla de la Esperanza

 

Nave central

 

Convento de las Mercedarias

Este convento situado en el barrio del Molinillo, en la continuación de la calle Molinillo en dirección a la plaza de Salamanca, fue asaltado sobre las tres y media de la madrugada por el mismo grupo que había actuado en el cercano convento del Ángel y capitaneado por los mismos tres individuos. Lo saquearon y amontonaron en el exterior muebles, enseres, imágenes, etc. La llegada de dos Guardias, apellidados Postigo y Espejo, evitó el incendio de la sede, ya que convencieron a los amotinados del peligro que corrían las casas cercanas.

 

En plena madrugada del día 12 de mayo de 1931, cuenta el periodista Escolar García, sucedió lo siguiente:

Un amigo nos ofreció su automóvil para que en el mismo subiéramos a los montes que rodean a la capital, y desde ellos presenciar el horrible espectáculo (…). Al fin escalamos la curva más alta, desde la cual dominábase la población por completo. Nos detuvimos. El panorama que desde allí presenciamos no se borrará facilmente de nuestra retina. Era verdaderamente aterrador, dantesco, producía escalofríos en el cuerpo y una intensa amargura en el espíritu (…). 

La ciudad estaba silenciosa y tétrica. El cielo veíase rojo y negras columnas de humo hacia él ascendían. Era el resplandor de las tremendas hogueras que, en diversos sitios de la capital, elevaban hacia el infinito sus llamas inmensas… Allá el Palacio Episcopal…Más acá Los Agustinos…A la izquierda los Jesuítas…En el centro La Unión Mercantil, y, por último, al fondo Santo Domingo…

Nuestro acompañante y nosotros guardamos silencio. Cerca del auto que allí nos llevó se detuvo otro, que dirigíase hacia Málaga. Lo ocupaba una familia granadina que desconocía lo que desarrollábase en Málaga. Descendieron del vehículo, y se pusieron junto a nosotros. No hablaron ni una sola palabra. Solamente nuestras miradas se cruzaron. En las pupilas de todos se reflejaba una intensa emoción.

 

Sobre las dos y media de la madrugada, tras una tensa reunión, el Gobernador Civil interino, Enrique Mapelli Raggio, había cedido el mando al Gobernador Militar Juan Gómez García Caminero. Este hecho fue determinante; las razones se desconocen, quizás por impotencia o por no querer ser cómplice de lo que se estaba perpetrando en la ciudad.

Las turbas, desde las cinco de la mañana, se dividieron en varios grupos, cada uno de los cuales tomó un distinto sector para actuar. Y, por ello, a la vez que incendiaban y destrozaban los templos del barrio del Perchel, ocurrían idénticos sucesos en el de la Trinidad, en el de Capuchinos, en la Victoria…

 

Convento de la Purísima Concepción de Ntra. Sra. de Religiosas Capuchinas

Situado en la calle Huerta del Obispo, cerca del Llano de Doña Trinidad, fue asaltado en torno a las cinco y media de la madrugada. Antes, cuando el Palacio Episcopal ardía, las dieciocho religiosas fueron avisadas por algunos vecinos consiguiendo escapar y refugiarse en casas vecinas. Era el sereno del distrito y algunas buenas personas que acudían para comunicarnos que habían comenzado a incendiar los conventos en el centro de la capital, para que nos pusiésemos a salvo. Escolar García relata que entre las religiosas se encontraban algunas que estaban enfermas y gracias a la ayuda de los vecinos pudieron ponerse a salvo.

En el asalto destruyeron todo lo que encontraron a su paso, produciéndose las primeras escenas de profanación de sepulturas. Así, rompieron la losa protectora de la cripta donde estaban sepultados los restos de los marqueses de las Navas, protectores del convento. El cadáver de la marquesa que no hacía ni un año que había sido traído embalsamado de París fue exhumado. Un grupo de individuos cogió el féretro y lo sacó a la calle. Los esqueletos fueron paseados por las calles, siendo objeto de burla y algazara a una turba de mozalbetes.

 

Iglesia de San Pedro

La iglesia de San Pedro fue asaltada en torno a las seis de la mañana. Antes, a primeras horas de la madrugada, miembros de la Cofradía de la Expiración, con D. Enrique Navarro Torres al frente, enterados de lo que había sucedido en los Jesuitas, se habían dirigido al convento de las Adoratrices donde se guardaba el precioso manto de Ntra. Sra. de los Dolores, así como el palio y otros efectos de gran valor, siendo trasladados en camioneta a Almayate. Posteriormente, se dirigieron a la iglesia de San Pedro con la intención de montar guardia y evitar su asalto. Pero la oportuna llegada de las fuerzas del ejército, junto con el convencimiento de que lo custodiarían, les hizo volver a sus casas, ajenos a cuanto iba a suceder horas después.

Así, avanzada la madrugada, los militares abandonaron su puesto por orden superior. En torno a las seis de la mañana, se inició el asalto utilizando hachas, barras y palos. Desde aquella hora, los amotinados fueron completamente dueños del templo, continuando los destrozos y saqueos, hasta que dejaron completamente desmantelada la iglesia perchelera.

Presionados por los vecinos por miedo a que se extendiese el fuego a las casas colindantes, no incendiaron la iglesia que sin embargo fue destrozada, lanzándose las imágenes a una hoguera que se formó en la plaza. Allí se arrojaron, despedazadas, el primer Cristo de la Expiración (una pierna pudo ser salvada por el torero malagueño Andrés Mérida); la imagen del Cristo donada por la viuda de Aldama (la cabeza fue salvada también por Andrés Mérida); la imagen de María Magdalena; etc.

La cabeza de la Virgen de los Dolores (ya que la imagen había sido cortada por la mitad para poder bajarla del Camarín) se cree fue salvada por José López Chica, quien ayudaba a una costurera del barrio a vestir a la Dolorosa. Se hizo con ella y la metió en un saco de cal dándosela a su hermana. En la buhardilla del edificio de la calle San Pedro número 8 vivía su abuelo, quien escondió la cabeza en una maceta, envuelta en telas y dentro del saco de cal. Fue el secreto de la familia hasta que al cabo de unos meses fue devuelta a la cofradía, escondiéndose en la casa de uno de los miembros de la junta de gobierno, Rogelio López Moreno, sita en calle Tacón. La colocó en un pequeño altar en una de las habitaciones de la planta baja que los vecinos utilizaban como trastero, con un cartel de “peligro” en la puerta indicando la existencia de trasformadores de alta tensión en la habitación y que era peligroso entrar.

Francisco Checa Portal, miembro de la cofradía, relataba lo siguiente: Hay un Miércoles Santo que por las circunstancias que le rodearon, quizá por mis diecisiete años llenos de ilusiones, lo tengo siempre presente. Fue en 1932, en una casa de la calle de Tacón (…) la cabeza de nuestra Virgen (…) fue colocada en un modesto altar y ante ella nos congregamos un reducido grupo presididos por nuestro llorado Enrique Navarro. Recuerdo como si hubiera sido ayer el sentido Rosario que rezamos con un nudo en la garganta. 

Semana Santa de 1932

Cuando el Gobernador Civil titular, Antonio Jaén Morente, tuvo noticias de lo que estaba pasando en Málaga decidió regresar desde Madrid. Llegó a las seis y media de la mañana al Palacio de la Aduana donde le esperaban, el Gobernador Civil interino, Enrique Mapelli; el Gobernador Militar, Gómez García Caminero, que en aquel momento ostentaba el poder; y algunos caracterizados elementos del republicanismo malagueño. Jaén Morente recuperó el mando, esperando darle solución debida a los sucesos que se desarrollaban. 

Ordenó fuese colocado en las esquinas de las calles y fuese repartido al público el siguiente bando:

“Acabo de llegar de Madrid, en automóvil, y de un modo inmediato y con conocimiento de la autoridad militar, me he hecho cargo del mando de la provincia. Así lo exige mi dignidad y mi deber. De un modo rápido y a todo trance, hay que restablecer el orden jurídico de la ciudad; lo haré así asistido por vosotros, pues lo exige así la salud de la República. Vuestro Gobernador, Antonio Jaén Morente.”


Posteriormente, se trasladó al convento de las Adoratrices.

 

Convento de las Adoratrices

Se encontraba sito en la calle Cristo de la Epidemia. En el mismo se daba albergue a jóvenes quienes, junto a las monjas, abandonaron el edificio. Varias hermandades guardaban allí sus enseres, algunos de los cuales pudieron ser puestos a salvo como es el caso de la Cofradía de la Expiración referido anteriormente.

Al amanecer del día 12 de mayo, un grupo de personas violentó la puerta de hierro que tenía el edificio y accedieron al interior, asaltando la capilla, los dormitorios y los lugares de trabajo en costura y bordados. La destrucción fue total. Se amontonaron en el patio enseres, imágenes, etc. Cuando el incendio se inició fue rápidamente sofocado; estaba haciendo acto de presencia el Gobernador Civil Jaén Morente quien dirigió unas palabras a los asaltantes y logró que depusieran su actitud.

Lugar donde trabajaban las monjas

La capilla
Enseres e imágenes amontonados en el patio

Fuentes: Diario de Málaga 11/05/1931- Archivo Díaz de Escovar// ESCOLAR GARCÍA, J., Los memorables sucesos desarrollados en Málaga los días 11 y 12 de mayo de 1931.Un reportaje histórico. Tip. del Conde, 1931.[Textos en cursiva]/JIMÉNEZ GUERRERO, J., La quema de conventos en Málaga. Ed. Arguval, 2006.

Fotos: Legado Temboury/ ESCOLAR GARCÍA, J., op.cit.

Comments: 1

  1. Rafael Moreno says:

    Gracias por este legado histórico que nos ha regalado a los malagueños. Y para que tengamos siempre presente, hasta donde puede llevar el comportamiento humano cuando no respetamos las ideas de los que no piensan como uno.
    Rafael

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