Sucesos de 1931 (III)

Pasadas las doce y media del mediodía, declarado el estado de guerra y con el ejército en las calles, comenzaba a reconducirse la situación; a pesar de ello, quedaba daño por hacer.

Convento de las Esclavas Concepcionistas del Sagrado Corazón y la iglesia de la Concepción

Un grupo de asaltantes entró en el convento sito en calle Liborio García, colegio de las Esclavas; lo hicieron por la puerta principal y por la que se encontraba en la calle Siete Revueltas. Al mismo tiempo penetraron en la iglesia entrando por calle Nueva. El asalto fue feroz. Escolar García nos relata que: Por las ventanas que dan a la calle Siete Revueltas, los amotinados empezaron a arrojar ropas, colchones y enseres, que eran recogidos por los que hallábanse en la calle (…).

Los soldados llegaron tarde, pero llegaron. Desalojaron a los asaltantes con varias cargas, e incluso hubo varios detenidos; los primeros después de más de doce horas ininterrumpidas de destrucción.

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Interior de la iglesia de la Concepción una vez asaltado

En estas horas se formó un movimiento para detener los asaltos, una guardia cívica que acompañaría a los militares formada en su mayoría por militantes del partido republicano-socialista. Como señala el periodista Escolar García: (…) comenzaron a destacarse jóvenes y obreros, aconsejando calma y pidiéndoles a todos que regresaran a sus hogares. Unos grupos atendían los requerimientos de estos jóvenes y trabajadores republicanos, marchando a sus casas; pero otros, entre los que se observaba la presencia de maleantes, no lo hacían, y , en vista de ello se procedió a efectuar una acción ciudadana y policíaca, para castigar y detener a los saqueadores de profesión.

El gobernador militar, Pérez Caminero, telefoneó a Sevilla, Ronda y Algeciras para que enviaran tropas de refuerzo; igualmente hizo con Melilla para que llegaran más fuerzas de la Guardia Civil. Los refuerzos llegaron a las nueve de la noche del día 12 y en la mañana del día 13.

Convento de las Dominicas de la Aurora y Divina Providencia (vulgo Catalinas)

En torno a la una del mediodía un grupo, según Temboury, de unos doscientos jóvenes llegó a la calle Arco de la Cabeza, y en solo media hora destrozó el convento de las Catalinas. Los asaltantes forzaron las puertas de la iglesia y de la portería inmediata al convento. Ya comenzaba la práctica tristemente habitual consistente en sacar los enseres y las imágenes a la puerta con la intención de quemarlos. Ello fue impedido, como en algunas otras ocasiones, por los vecinos por temor a que el fuego se propagase. A las dos de la tarde los soldados hicieron acto de presencia y evitaron igualmente el incendio, al menos en ese momento. Repuesta supuestamente la calma, los soldados se marcharon y llegó otro grupo que se llevó los enseres a las calles Moreno Mazón y Carretería (por entonces Torrijos), más amplias, cumpliendo el propósito de incendiarlos.

COMEDOR Y CORO BAJO CONVENTO CATALINAS
Convento de las Catalinas

Jaén Morente hizo acto de presencia en la zona para pedir calma y prudencia.

Convento de la Esperanza

En torno a las dos de la tarde se produjo el ataque a este convento situado en el número 27 de la calle Refino. Según Escolar:  Su puerta fue rápidamente echada abajo, y en el convento penetraron los hombres, mujeres y niños, alocados, en busca de la destrucción y el saqueo.  Sacaron ropas y enseres y les prendieron fuego. Llegaron las fuerzas del ejército y se produjeron nuevas detenciones.

convento esperanza calle frailes
Enseres del convento de la Esperanza esparcidos por la calle Frailes

Iglesia de Santa Cruz y San Felipe Neri

A la misma hora que era asaltado el convento de la Esperanza, un grupo de jóvenes que había participado en la destrucción de la iglesia de la Merced llegaron hasta el final de la calle Guerrero.

En los momentos previos a ello se produjo un hecho que, por desgracia, no fue habitual en el transcurso de los tristes sucesos. Se trata de la salvación de dos imágenes: la imagen de María Santísima de los Dolores, obra de Fernando Ortiz y titular de la Venerable Orden Tercera de Siervos de María; y la del Cristo de los Afligidos. La primera de ellas fue salvada in extremis por los siguientes hermanos: Francisco Cames, Leopoldo Werner y Ricardo Gross de Orueta. Se cree que la imagen, sacada por la puerta de la Sacristía que daba a la calle Cabello,  fue llevada en primer lugar a una casa de citas ubicada en la misma calle, para ser llevada en los días siguientes a una casa particular y a la catedral. El Cristo de los Afligidos, conocido como el “Señor de los Credos”, fue salvado por un devoto.

Los asaltantes entraron en el templo, a pesar de que un procurador de arbitrios trató de impedirlo. Sacaron las imágenes y los enseres a la calle Parras y a la plaza Montaño, donde se formaron dos grandes hogueras. El saqueo y el incendio duró hasta pasadas las tres de la tarde, momento en que llegó el ejército produciéndose dos detenciones. Una de las imágenes que fue destruida era la primera imagen titular de la Orden Tercera, obra de Pedro de Mena y que había sido donada por el fundador el conde de Buenavista.

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Primera imagen titular de Servitas, obra de Pedro de Mena. Destruida el 12 de mayo de 1931 (Foto: Archivo CSIC)
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Altar en el que ya no se encontraba el Cristo de los Afligidos cuando se produjo el asalto

RETABLO MAYOR SAN FELIPE NERI

 

Convento de las Reparadoras 

A las tres y media de la tarde, en la plaza de San Francisco, se produjo el ataque al convento. Lanzaron muebles y ropas al patio, y en la plaza quemaron diversos enseres. Escolar García señalaba que, una vez que los amotinados entraban en los templos o en los conventos, el sonido que procedía de su interior era inconfundible y tétrico; era el sonido de la destrucción que se repetía ya desde hace más de quince horas.

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Patio del convento de las Reparadoras

Convento de las Bernardas

En calle de la Victoria un grupo de asaltantes llegó hasta el convento de las Bernardas, eran ya las cuatro de la tarde del día 12 de mayo. Procedieron como de costumbre, lanzando las imágenes y los enseres a la calle para prenderles fuego. Sin embargo, esta vez sí fue impedido por la fuerza pública. De esos momentos existe una fotografía en la que se ve la imagen del Stmo. Cristo Resucitado, atribuida durante largo tiempo a Fernando Ortiz, tirada en la calle junto con diverso mobiliario a punto de ser quemada; fotografía que ha pasado a la historia.

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Calle Victoria

Capilla de calle Agua

Una parte del grupo que caminaba por la calle de la Victoria, y no se detuvo ante el convento de las Bernardas, continuó avanzando hasta la capilla de calle Agua. Tardaron muy poco en destrozarla.

Las detenciones, que se iniciaron muy tarde, se sucedían en estas horas llegando al centenar.

Iglesia de San Lázaro

El grupo de calle de la Victoria siguió subiendo y llegó a San Lázaro. Eran las cuatro y media de la tarde. Rompieron la puerta y uno de los amotinados lanzó una cuerda con nudo corredizo al Cristo de San Lázaro, enganchándolo por la cabeza. Tiró violentamente, y el Señor y la cruz, dando grandes traspiés, cayó desde el altar a la nave del templo, donde fue destrozada. La imagen de la Virgen del Rocío fue descendida de su altar y rota a hachazos (…) Saquearon además el almacén que poseía la Hermandad de los Pasos del que sacaron, arrojándolos a la hoguera, los Pasos y efectos procesionales.” Igualmente destrozaron la cripta profanando los nichos.

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Interior de la iglesia de San Lázaro

Todo había acabado; a las cinco de la tarde del día doce de mayo aún ardía la iglesia de la Merced. La prensa de aquel 12 de mayo se hacía eco del inicio de la barbarie, quedaba por contar lo que había pasado en las horas siguientes.

12.05.1931
Diario El Cronista 12 de mayo de 1931

A las nueve de la noche llega un destacamento formado por dos compañías del batallón de Montaña Alba de Tormes de Ronda. Las calles céntricas se quedaron desiertas…Lo cierto fue que , desde las diez de la noche, la impresión de la capital-tomada militarmente-era desconsoladora…Deprimía el ánimo. 

A pesar de ello, en aquella noche fue provocado un incendio en el asilo del Niño Jesús, siendo detenidos sus autores.

El día después

Miércoles 13 de mayo. Amanece un día claro, despejado y luminoso. La ciudad recobró su acostumbrado aspecto, aunque con ciertas cautelas; la presencia militar era una constante por las calles.

La prensa no podía hablar de otra cosa, el titular del diario El Cronista califica de memorable lo sucedido los días anteriores en la ciudad de Málaga.

13.05.1931
Portada del diario El Cronista del día 13 de mayo de 1931

Se iba a producir a primeras horas de esa mañana una sorprendente noticia: dimitía el gobernador civil Jaén Morente. Recibió a los periodistas y les manifestó que se hallaba apesadumbrado y dolorido por los hechos que se habían producido. El telegrama en el que presentaba su dimisión al jefe del Gobierno concluía así: “Estima, sin embargo, que habiendo tenido por contra la desgracia de presenciar parte de los sucesos, debe poner y pone a su cargo a la disposición del Gobierno.”  Horas más tarde fue aceptada la dimisión, abandonando Málaga el señor Jaén Morente.

El alcalde, que también había estado ausente durante el inicio y desarrollo de los sucesos, señor Emilio Baeza, ordenó que los edificios siniestrados fueran tapiados. Dos días tuvieron que emplear para ello los operarios municipales. Fue elogiada por el señor alcalde la labor de los bomberos, que trabajaron sin descanso durante muchas horas.

Y ¿qué sucedió con el gobernador militar general Gómez García Caminero? En la tarde del día 13 organizó una parada militar por la calle Marqués de Larios, la cual fue presenciada por numeroso público que le vitoreó. Algún sector de la prensa lo trató como un héroe y como el artífice de la reposición de la calma gracias a la declaración del estado de guerra. Olvidaron su papel en el inicio de los sucesos y que, declarado el estado de guerra, continuaron produciéndose ataques; el mencionado sector justificaba lo anterior señalando que la permisividad había sido malentendida. Concedió un plazo de cuatro días para que se devolviera lo que se había saqueado; muchos, voluntariamente, devolvieron lo que habían sustraído, otros los arrojaban en lugares alejados y en la vía pública.

Consecuencias

El Gobierno de la República dictó una declaración condenando los hechos. El mismo día 13 tomaba posesión en Madrid el nuevo director general de Seguridad, que sustituía al dimitido Carlos Blanco. El presidente del Gobierno, Alcalá Zamora, insistía en que los sucesos lo que trataban era de desprestigiar a la República y que ni el ejército más fuerte del mundo hubiera podido evitar lo sucedido.

En los días siguientes, Caminero fue llamado a Madrid por el ministro de la Guerra; el propio general comentó a la prensa que el Gobierno le había encomendado el mando de una Brigada en Madrid. Posteriormente, fueron llamados el que fue durante aquellos días gobernador civil interino, Enrique Mapelli; y el dimitido Jaén Morente. Mapelli cargó contra Caminero, acusándole de haberle arrebatado el mando, aquel quien tenía la obligación y la orden de ayudarle.

Se nombraron seis jueces especiales, 250 procedimientos incoados que quedaron en muy poco o en nada. Escolar García entrevistó a una destacada personalidad militar quien le comunicó: Un trabajo abrumador, enorme, ha pesado sobre los jefes y oficiales del Ejército, que ha llevado el peso de las actuaciones… Seguramente se elevarán a más de 500 (procesados) por delitos de relativa importancia, existiendo otros muchos por faltas leves.

Respecto a estos procedimientos, recomiendo encarecidamente la lectura de  La quema de conventos en Málaga, de Jiménez Guerrero, quien realiza un estudio exhaustivo de aquellos procesos judiciales. Pero, a título de ejemplo, haré mención al proceso relativo al asalto de la iglesia de Santo Domingo. Según la versión policial, el concejal comunista Andrés Rodríguez capitaneó los grupos que asaltaron, saquearon e incendiaron el templo dominico; realizadas las pesquisas judiciales, se dieron por terminadas sin declaración de responsabilidad. Los demás procedimientos que se incoaron en relación al mismo asalto se archivaron tras las diligencias previas o se dictó sentencia absolutoria tras la celebración de juicio oral. Era como si nada hubiese sucedido.

La condena de la pérdida de gran parte del patrimonio histórico-artístico fue perpetua para los malagueños.

santo domingo

Fuentes: El Cronista 12/05/1931, 13/05/1931- Archivo Díaz de Escovar// ESCOLAR GARCÍA, J., Los memorables sucesos desarrollados en Málaga los días 11 y 12 de mayo de 1931.Un reportaje histórico. Tip. del Conde, 1931.[Textos en cursiva]/JIMÉNEZ GUERRERO, J., La quema de conventos en Málaga. Ed. Arguval, 2006.

Fotos: Legado Temboury/ ESCOLAR GARCÍA, J., op.cit.

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