Sucesos de 1931 (II)

Convento de San Carlos (Pozos Dulces)

Sito en calle Calvo, también era llamado la Casa de la Misericordia de Santa María Magdalena o vulgarmente como de “Las Bravas”. Estaba encargada del mismo la comunidad filipense y se dedicaba a guiar por el buen camino a mujeres que después de extraviadas se arrepienten. Del mismo modo, en dicho convento se encargaban de la enseñanza a niñas pobres y también confeccionaban, lavaban y planchaban prendas.

Las noticias que les llegaron de lo que sucedía en la cercana iglesia de San Carlos y Santo Domingo les llevó a abandonar el convento junto con las internas, en plena madrugada, refugiándose en casas vecinas y, las que pudieron, en casas de familiares.

Serían las siete de la mañana aproximadamente, cuando un pequeño grupo de exaltados desembocó por la calle del Calvo, con dirección al Convento de San Carlos (…) Como quiera que el grupo tenía evidentes deseos, de prenderle fuego al Convento, algunos vecinos de las casas contiguas se opusieron resueltamente. En ello incidía la cercanía del edificio con una fábrica de aceite y una de alcohol. Ayudó a estos vecinos un conocido republicano, Julio García Zaplana; los asaltantes respondieron que lo único que querían era destruir las imágenes y destrozar la iglesia. 

Una vez en el interior destruyeron casi la totalidad del edificio.

Interior del convento de San Carlos

Iglesia de Ntra. Sra. del Carmen

En este templo tenían su sede varias instituciones religiosas, destacando sobre ellas la Cofradía de Jesús de la Misericordia y la Virgen del Gran Poder. Sin duda, destacaba la capilla del Cristo de la Misericordia, la cual había sido decorada por legos carmelitas, era una verdadera joya.

Capilla de Jesús de la Misericordia antes de los sucesos de mayo 1931

En torno a las siete y media de la mañana, el mismo grupo que había asaltado la iglesia de San Pedro se dirigió por la calle Pavía y Ancha del Carmen hacia el templo carmelitano. Los amotinados irrumpieron en el templo empezando el destrozo de los altares y enseres que en el mismo había. Casi todas las imágenes eran sacadas a la puerta, donde las destrozaban, echándolas en una hoguera.

En el interior del templo algunos de los asaltantes pretendieron alcanzar el lugar donde se ubicaba la imagen de la Virgen del Carmen. Unos usaron la escalera para acceder al camarín, otros pretendían hacerlo a través del mismo altar mayor. Finalmente, la imagen de la Virgen del Carmen fue arrojada desde el interior del camarín a la nave del templo. Algunos se apoderaron de las ropas que portaba.

La imagen de la Virgen del Gran Poder pudo ser salvada por un hermano de la cofradía llamado José del Olmo. En 2005 se conoció que fue salvada otra imagen, la de un Cristo atado a la Columna, presumiblemente obra de Fernando Ortiz; fue salvada por José Ruiz, trabajador de la aceitera Larios, transportándola al almacén de aceite y escondiéndola en la forja.

Edward Norton afirmaba: Poco después vimos a otro grupo saqueando la iglesia del Carmen (…) En la pequeña plaza a la entrada de la antigua y pintoresca iglesia se amontonaban las sillas, los muebles de la sacristía y los confesionarios, hechos pedazos y listos para quemar.

La iglesia del Carmen se hallaba a las nueve de la mañana destrozada por completo, custodiándola una pareja de seguridad.

No fue incendiada debido a la intervención de los vecinos.

Asilo San Manuel

Situado en la calle Fortuny, era gestionado por la Orden de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl y lo mantenían gracias a donativos y la limosna que pedían por los domicilios. Impartían enseñanzas a niñas internas pobres hasta que cumplían la mayoría de edad y a niñas externas de los alrededores.

Tras el asalto a la iglesia del Carmen, el mismo grupo se desplazó hacia el Asilo. Las monjas y las internas habían desalojado el edificio; una de las monjas, de mediana edad, fue vista por unos mozalbetes que la persiguieron buen trecho, con bromas y amenazas, hasta que la monja fue protegida por un caracterizado republicano que, por el Arroyo del Cuarto, la llevó a determinada casa, donde aquella quería refugiarse.

Alrededor de las ocho de la mañana, violentaron las puertas del asilo comenzando el saqueo y la destrucción. Mezcladas con las turbas iban mujeres, que entraban y salían constantemente, llevando escondidas bajo los delantales ropas, enseres y objetos que robaban de la residencia de las monjas y las internas. Penetraron en la capilla del asilo donde se veneraba la imagen de la Purísima Concepción, empezando a destrozar los altares y enseres religiosos. Señalaba Edward Norton lo siguiente: El saqueo de San Manuel (…) estaba en su apogeo(…) Arrancaban las puertas, las ventanas y los postigos de sus marcos y las arrojaban a la calle. Después tiraron las cunas de los niños, sillas pequeñas y mantas (…) encendieron una nueva hoguera y luego otra más (…) se estaban destruyendo las provisiones de las monjas, los alimentos que habían mendigado para sus huérfanos. Botes de aceite, sacos de harina y arroz, cajas de bacalao, todo fue arrojado a las llamas.

Hizo acto de presencia el gobernador civil, Jaén Morente, quien pistola en mano y ayudado de varias parejas de soldados, logró que cesara la destrucción del asilo. Cuando se marchó, el saqueo continuó a pesar de que algunos soldados permanecieron en las inmediaciones.

Iglesia de San Pablo

Aproximadamente a las ocho de la mañana se produjo el asalto a la iglesia de San Pablo. En este caso se unieron a los asaltantes niños y jóvenes que vivían por los alrededores. Todos ellos con una furia tremenda lograron rápidamente violentar la verja y más tarde echaron abajo la gran puerta de entrada, irrumpiendo dentro del templo, donde a poco se sentía la tremenda baraúnda, el ruido inconfundible que producía el destrozo de los altares, imágenes, enseres, confesionarios… 

Fueron profanadas las criptas donde se encontraban los restos del sacerdote Francisco Vega, fundador de la iglesia; de Ventura Terrado y otros protectores del templo. La calavera del sacerdote, prendida en lo alto de un palo, fue paseada por la calle.

La imagen de la Soledad de San Pablo, atribuida a Pedro de Mena y posteriormente a Fernando Ortiz, fue sacada y arrastrada por la calle Trinidad hasta que en el lecho del río Guadalmedina fue quemada.

En una hora la destrucción del templo fue total.

Iglesia de la Aurora María

Casi al mismo tiempo que se asaltaba la iglesia de San Pablo, se producía el de la iglesia de la Aurora María en la ribera del río Guadalmedina, en la entrada de calle Mármoles. Allí tenía su sede la Hermandad de la Sentencia; así, antes de que llegaran las turbas, algunos hermanos consiguieron esconder el trono con la imagen en una cochera en las inmediaciones del templo. Sin embargo, alguien vio la maniobra y no tardaron los exaltados en situarse en las puertas de la mencionada cochera pidiendo le fuera entregado, y caso contrario le prenderían fuego a la casa (…) se abrió la puerta de la cochera y en ella entraron unos cuantos. Echaron la imagen de Jesús de la Sentencia en la hoguera que habían formado en la calle.

Rociaron con gasolina el coro y los altares prendiéndoles fuego; poco más tarde por ventanas y puertas salían densas columnas de humo.

Altar Mayor de la iglesia de la Aurora María

Ermita de Zamarrilla

Mientras un grupo de jóvenes se unía a los asaltantes de la iglesia de San Pablo, al mismo tiempo otro grupo, de unos diez individuos, se dirigió a la ermita de Zamarrilla donde se veneraban María Santísima de la Amargura y Jesús del Santo Suplicio.

En las crónicas de la época se extendió que la sacristana de la ermita, Dolores Fernández, había conseguido salvar a tiempo a la Virgen escondiéndola en lugar seguro. Lamentablemente, parece que no fue así, ya que se asegura que las imágenes fueron sacadas de la ermita, siendo incendiadas en una hoguera que se formó en el lateral del edificio.

Iglesia de San Patricio

En torno a las nueve de la mañana se produjo el asalto a la iglesia de San Patricio, ubicada en el barrio de Huelin. A él se habían trasladado quienes habían previamente destruido el asilo de San Manuel.

El templo se encontraba vacío, ya que la noche anterior se había marchado su párroco Horacio Campos. A este templo le quisieron prender fuego; pero, los vecinos de las casas contiguas a la iglesia, temerosos de las consecuencias que hubiera podido tener el fuego, lo evitaron.


Iglesia de la Merced

Si bien a la una de la madrugada había sufrido el primer asalto a pesar de la actitud valiente de su párroco Antonio Gavilán, desde las ocho de la mañana se congregaron varios grupos en la plaza. La iglesia de la Merced era uno de los principales templos de Málaga, teniendo su sede hermandades y cofradías como la Sangre, Descendimiento, Columna o Viñeros. Poseía una sola nave en forma de cruz y una notable portada; las vidrieras a determinadas horas del día provocaban en el interior unos magníficos juegos de luz.

Fachada de la iglesia de la Merced antes de mayo de 1931

Altar Mayor antes del 12 de mayo de 1931

Serían las diez de la mañana cuando los nutridos y exaltados grupos situados en actitud amenazadora situados frente a la iglesia de la Merced lograron, después de dos intentos fracasados, burlar la vigilancia del cordón de soldados que rodeaba este templo, penetrando en el interior después de romper las puertas. En ese momento comenzaron los saqueos y destrozos. Llegaron más guardias de seguridad que fueron apedreados; éstos, para defenderse, lanzaron varios disparos al aire. Del enfrentamiento resultaron diversos heridos, entre ellos un niño de doce años. Los guardias tuvieron que replegarse hacia el cuartelillo situado en calle Álamos; los exaltados los siguieron intentando asaltar el cuartel para conseguir las armas. Afortunadamente, no lo consiguieron.

Así, la iglesia de la Merced y su valioso patrimonio quedaron totalmente desprotegidos. Narciso Díaz de Escovar relata que: Al verse sin obstáculos los grupos penetraron en el templo con teas de esparto y líquidos inflamables. Empezó el incendio por las habitaciones del párroco. Éste fue llevado por un soldado y otras personas a una casa vecina entre injurias y amenazas. El saqueo fue completo, horrible y en extremo sacrílego (…) Se forman dos hogueras inmensas. Una en la plaza de la Merced frente a la fachada de la iglesia. Allí fueron quemadas la mayoría de las imágenes que desde sus altares eran arrastradas por turbas frenéticas. La otra hoguera se encendió en la explanada del Teatro Cervantes.

Iglesia de la Merced el 12 de mayo de 1931

El edificio ardió por varios lados. El incendio no pudo ser extinguido hasta las dos y media de la madrugada del día 13, volviendo a reproducirse el día 17 en la zona de la sacristía. Este fue el triste resultado:

Pocos días después de extinguido el incendio

Testero de la Epístola

La iglesia de la Merced no se reconstruyó, permaneciendo en estado ruinoso en la emblemática plaza hasta 1963 como símbolo de lo que había sucedido en Málaga.

Convento de las Carmelitas (Conv. de San José)

Se encontraba situado en el barrio de La Goleta y se dedicaban estas religiosas, pertenecientes a la Orden de las Carmelitas Descalzas, a confeccionar relicarios. A las once y media de la noche del día 11, las religiosas habían abandonado el convento tras recibir el aviso de los hechos que se estaban produciendo, refugiándose en una casa cercana y posteriormente en casas de familiares. A las once de la mañana del día 12, se produjo el asalto. En poco tiempo destrozaron muebles, imágenes y enseres prendiéndoles fuego en el compás del convento.

 

Convento de la Encarnación

Perteneciente a la Orden de las Recoletas Bernardas del Císter, estaban al cargo de una casa de arrepentidas. Situado entre las calles Álamos, Beatas y la plaza del Teatro (hoy se encuentran en El Atabal), en la madrugada del día 12 había sido desalojado.

Hubo un primer intento de asalto a la una de la madrugada, pero desistieron al ver que las religiosas ya se habían marchado. A las once de la mañana volvieron y rompieron puertas, cristales y mobiliario. El asalto duró hasta las once de la mañana del día 13 por estar abierta la puerta de calle Beatas. Ese día prendieron fuego a las veintiuna imágenes de la iglesia, entre ellas algunas esculturas de gran valor. Los vecinos lograron apagar el fuego.

 

Se había extendido el rumor, durante la fatídica mañana del martes 12 de mayo de 1931, de que las organizaciones obreras habían convocado un paro para esa jornada. Así, sobre las once de la mañana el paro, nunca convocado, se había extendido por la ciudad.

Iglesia de Santiago

Parte de los asaltantes de la iglesia de la Merced, en torno a las once y media de la mañana, se dirigieron a la cercana iglesia de Santiago, donde tenían su sede las cofradías de Jesús El Rico y la Humildad.

No les resultó complicado violentar las puertas y comenzar la destrucción de altares, imágenes, confesionarios y demás artesonados. El ruido que producían era verdaderamente atronador. Desde el coro de la iglesia, y por la ventana, lanzaron a la calle Granada el armórium que quedó totalmente deshecho.

Un grupo de ellos se apoderó de la imagen de Ntro. Padre Jesús El Rico, trasladándola a hombros hasta la Plaza de Riego, en medio de la burla general, arrojándola después a la hoguera que habiase formado ante la iglesia de la Merced. 

El asalto duró hasta la una de la tarde, dejando el templo con un aspecto desolador:

 

 

Señala Escolar García: Lo más doloroso era que, ya en pleno día, seguían los acontecimientos desarrollándose rápidamente, y si cabe con mayor importancia y resultados más graves que los anteriores. La población, en general, se hallaba consternadísima. La reacción ciudadana no se veía surgir por ninguna parte.

A las doce y media de la mañana del 12 de mayo de 1931 se declara en Málaga el estado de guerra, después de una reunión convocada por el gobernador civil Jaén Morente. Ello conllevaba diferir el mando de la capital y provincia al gobernador militar. En el bando de proclamación de Juan Gómez García Caminero se señalaba que el espectáculo deplorable de incendios y saqueos impropios de una ciudad culta había sido provocado por elementos perturbadores de extrema izquierda y derecha, a los que seguramente es ajeno el buen pueblo de Málaga.

La reunión en la que se concluyó la declaración de estado de guerra había comenzado a las doce del mediodía; a esa misma hora se asaltaba la iglesia de San Juan.

Iglesia de San Juan

Según Edward Norton, fue el mismo grupo que había asaltado la iglesia del Carmen y el asilo de San Manuel el que actuó en la iglesia de San Juan: Desde la calle Cuarteles se oyó un clamor de voces cada vez más alto…Movidos por el inexplicable impulso de la multitud, todos se alejaron corriendo de nuestro lado gritando, ¡A San Juan! ¡A San Juan!. Como no había ningún policía a la vista la multitud hacía su voluntad. Subiendo calle Cuarteles surgió una masa humana enloquecida, dispuesta a destruir San Juan, una de las iglesias de moda de la época. Era la sede de Fusionadas y La Puente.

En torno a las doce del mediodía llegaron a la iglesia y abrieron las tres puertas de acceso a la misma, así como las de la vivienda del párroco. Dentro, el ruido de la destrucción era atronador; las imágenes eran tiradas desde los altares, siendo rotas contra el suelo…Uno de estos, se apoderó de la Virgen de la Paloma y, con un cuchillo, le saltó ambos ojos. Las lámparas que pendían de los techos de las naves del templo, para echarlas abajo, le lanzaron una cuerda, a la cual se colgaron varios de ellos, haciendo caer la lámpara hecha pedazos.

El altar mayor, de mármol con ornamentación arquitectónica, fue derribado amarrándose unas cuerdas en la parte superior; desde el coro, en la parte opuesta a la nave principal, comenzaron a tirar hasta que cayó sobre la nave principal quedando destrozado.

Todas las imágenes sufrieron daños; el Santísimo Cristo de la Exaltación fue arrastrado y quemado en la calle Pozos Dulces, pudiendo rescatarse la cabeza.

A la una y media de la tarde, la iglesia de San Juan, quedaba interiormente hecha un horror.

Convento de San José de la Montaña

En torno a las doce del mediodía, al mismo tiempo que se asaltaba la iglesia de San Juan, fue asaltado este convento. Se encontraba situado en la avenida del Hospital Civil y se destinaba a la manutención y enseñanza de niñas, en su mayoría huérfanas y pobres. Por cierto, el Hospital Civil no fue violentado al izar en él la bandera republicana y de la Cruz Roja.

Fue asaltado por el grupo que había actuado en el convento del Ángel y de las Mercedarias, aproximándose por el Puente de Armiñán. Afortunadamente, se encontraba vacío ya que había sido abandonado a primeras horas de la noche

El destrozo de todo lo que allí había, gracias en gran parte a la caridad, fue muy rápido. Antes de incendiar el Asilo de San José de la Montaña, cogieron la imagen de San José, destrozándola contra el suelo. Sus pedazos fueron después echados a la hoguera que formaron en uno de los patios. Los cepos que existían a los pies de esta efigie fueron violentados apoderándose del dinero y de las cartas, con súplicas de los fieles…las cuales fueron también arrojadas a la hoguera.

Iglesia de San José

El grupo que había actuado en el convento de las Carmelitas se dirigió a calle Granada, concretamente a la iglesia de San José.

El asalto se produjo en torno a las doce y media, en el mismo momento en que se publicaba el bando declarando el estado de guerra. Un comerciante domiciliado en una casa cercana a la iglesia, con su decisión y energía, evitó que los amotinados incendiaran el templo, logrando con sus palabras y consideraciones, que depusieran su actitud siniestra. Sin embargo, no pudo evitar que, al poco tiempo, lograran entrar en la iglesia, en la cual causaron daños y destrozos de gran importancia, hasta que llegó la fuerza pública, desalojándolos de aquel lugar enérgicamente. Entre los destrozos, los producidos en las imágenes de la hermandad de las Penas.

 La iglesia permanecería cerrada hasta el mes de noviembre de 1935.

Un grupo pequeño de revoltosos quiso aprovechar un descuido de los soldados que se hallaban en la calle de los Álamos custodiando un montón de muebles y enseres que estaban colocados frente a la puerta del convento de la Encarnación, queriendo prenderle fuego a los mismos. Las fuerzas del ejército repelieron enérgicamente a los exaltados y dieron una carga, lo que motivó la alarma natural y las consabidas carreras y cierres de establecimientos.

Custodiando los enseres del convento Encarnación horas después de ser saqueado

 

Iglesia de los Santos Mártires

Al mismo tiempo que era saqueada la iglesia de San José, el mismo grupo que había asaltado la iglesia de San Juan se había dirigido a la parroquia de los Santos Mártires. En la misma tenía su sede la Cofradía de Jesús Orando en el Huerto. Además, se veneraban otras imágenes también con un gran valor artístico y devocional; así es el caso de la Virgen de las Lágrimas, obra de Pedro de Mena.

Cultos a la Virgen de las Lágrimas, antes de mayo de 1931

 

Virgen de las Lágrimas

La iglesia se encontraba en obras, estando apuntalada con apeos de grandes armazones de madera. Fueron abiertas sus dos puertas, comenzando la destrucción. El popular Cristo de Limpias (del que era muy devota la madre del fundador de la Hermandad de las Penas) fue quitado de la Cruz donde estaba clavado, cometiendo con dicha imagen inícuos atropellos, tirándola varias veces contra el suelo, hasta que lograron romperla. Igual hicieron con las imágenes del Cristo orando en el Huerto y la Concepción Dolorosa (la imagen del Señor pudo salvarse y restaurarse; no así el resto).

Penetraron en la Sacristía y dependencias del templo causando innumerables destrozos.

Cuando llegó la fuerza pública puso en precipitada fuga a los amotinados, de forma tan enérgica como contundente. Pero el daño ya estaba hecho.

Como consecuencia de la declaración del estado de guerra, se dio orden directa de impedir los asaltos. Comenzaron a salir a la calle las fuerzas del ejército de que se disponía en los cuarteles, las cuales tomaron los sitios más estratégicos de la población, mientras que diversas patrullas empezaron a recorrer las calles.

Convento de las Mercedarias custodiado (había sido asaltado a las dos y media de la madrugada)

Iglesia de San Pablo custodiada en la mañana
 

Sin embargo, el fatídico 12 de mayo de 1931 no había terminado aún.

Fuentes:  ESCOLAR GARCÍA, J., Los memorables sucesos desarrollados en Málaga los días 11 y 12 de mayo de 1931.Un reportaje histórico. Tip. del Conde, 1931.[Textos en cursiva]/JIMÉNEZ GUERRERO, J., La quema de conventos en Málaga. Ed. Arguval, 2006.

Fotos: Legado Temboury/ ESCOLAR GARCÍA, J., op.cit.

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