Semana Santa de 1918

El inicio del año 1918 quedó marcado para siempre por la llamada rebelión de las faeneras. Seguía siendo protagonista la crisis de las subsistencias, a la que ya me referí al escribir sobre la Semana Santa de 1915, causada por el incremento de la presión inflacionista como consecuencia de la fuerte demanda exterior, la desaparición de la oferta extranjera y las exportaciones incontroladas tras el inicio de la Primera Guerra Mundial. En el mes de enero, el mercado negro seguía campando a sus anchas y los productos básicos alcanzaban precios desorbitados, ya que no eran respetados los límites fijados por la Junta de Subsistencias. El descontento estalló el 9 de enero, saliendo a las calles malagueñas un millar de mujeres, las faeneras (dedicadas al embalaje de las pasas y los higos en los almacenes de los exportadores, que trabajaban coincidiendo con la vendimia), exigiendo la bajada de los precios. Se presentaron ante el gobernador militar Rodríguez de Rivas, quien se mofó de ellas, y ante el alcalde, el liberal Salvador González Anaya, quien se comprometió ante la portavoz Concepción Moya a realizar las reuniones necesarias para atender sus peticiones. El alcalde fue cesado por la oligarquía local, siendo elegido para sustituirlo el conservador Mauricio Barranco Córdoba. Era el tercero en pocos días, ya que había comenzado el año como alcalde el cofrade Manuel Cárcer Trigueros.

La actuación de las mujeres malagueñas tuvo reflejo en otros lugares, como Barcelona, Valencia o Alicante. Las protestas fueron reprimidas en Málaga por el gobernador militar, causando cuatro muertos y diecisiete heridos en la gran manifestación del 15 de enero.  Al día siguiente se inició un paro en señal de duelo entre los empleados de diversos sectores, como el portuario, del transporte o los herradores. A media mañana se produjo un cierre general de los comercios y al mediodía pararon los obreros de las fábricas. Posteriormente, se sumaron oficinistas, escuelas, costureras y barberos. Comenzaron a negociarse en el Ayuntamiento propuestas concretas en orden a la bajada de los precios. Las faeneras habían conseguido frenar el inmovilismo.

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[Foto: Mundo Gráfico, 23/01/1918]

Tras semanas convulsas, se volvía a la normalidad. En sesión plenaria de 22 de febrero de 1918, se discutió una moción del primer teniente de Alcalde, Molina Martell, proponiendo distintos acuerdos como medio de acrecentar la fama que hoy tiene ya en esta capital las fiestas de Semana Santa. Entre ellos, la propuesta de construcción de una tribuna en la plaza de la Constitución. Esta propuesta pasó a informe de la comisión de fiestas, siendo desechada a causa de la mala situación económica por la que atravesaba el Ayuntamiento. También debió contribuir a la negativa el hecho de que el adjudicatario de la concesión de sillas en los paseos y parques públicos, señor Cobo Ariño, aprovechaba las crecientes procesiones malagueñas para sacar especial rendimiento económico a la misma. Es más, las cofradías que intentaban poner sillas por su cuenta chocaban siempre con los derechos del concesionario.

Intento de acrecentar la fama de las procesiones malagueñas y de suministrar mayor información sobre las cofradías, fue el realizado durante la Cuaresma por el diario El Regional, en su sección El esplendor de la Semana Santa, a la cual ya dediqué un extenso espacio dada su relevancia.

El Domingo de Ramos a las tres y media salía de la iglesia del Císter la solemne procesión de Jesús en su Entrada en Jerusalén, integrando el cortejo más de doscientos niños de la congregación de San Estanislao de Kostka, junto con capilla vocal e instrumental. Detrás de la imagen, la presidencia en la que figuraba el padre Ponce, finalizando la procesión la banda de música del regimiento de Borbón, que interpretó diversas composiciones, escogidísimas, que contribuyeron a prestar mayor interés a la popular procesión del Domingo de Ramos. Día espléndido y hermoso como se describió en la prensa, que contribuyó al lucimiento de la procesión.

28.03.1918
[Foto: La Unión Ilustrada, 28/03/1918]

El Martes Santo regresaban las procesiones con Fusionadas. Procesionaban desde la iglesia de San Juan las imágenes de Nuestro Padre Jesús de Azotes y Columna y el Santísimo Cristo de la Exaltación. Los ciento cincuenta penitentes de Azotes llevaban túnicas moradas y cíngulos amarillos, mientras que los de Exaltación hábitos negros. Salió poco después de las nueve de la noche. El soberbio trono donde va colocado el “Señor de Azotes y Columna” es nuevo, estrenándolo este año la Hermandad…Cerca de las dos de la madrugada entraron los pasos en su templo, en cuyos alrededores se situó enorme público para ver la entrada de las Imágenes. Allí se cantaron sentidísimas saetas que en el misterio de la noche conmovían más hondamente el ánimo con la emoción del ambiente sugestivo de la Semana Santa.

El Miércoles Santo las calles volvieron a estar muy animadas. Procesionaban las imágenes de Jesús de la Puente del Cedrón y Nuestra Señora de los Dolores, Jesús El Rico y la Concepción Dolorosa. A las ocho de la noche salieron de sus respectivos templos. La Cofradía de la Puente del Cedrón estrenaba, por segundo año consecutivo, nuevo trono para la Dolorosa. En esta ocasión se trataba de un nuevo trono de Antonio Barabino, con tallas de Diego García Carreras; seguían manteniendo el palio estrenado el año anterior realizado en Zaragoza.

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Ntra. Sra. de los Dolores (c.1919) sobre el trono de Antonio Barrabino y con el palio realizado en Zaragoza, tal y como procesionó en 1918, aunque lo hizo con el marco dorado original que remataba el palio y que no figura en esta fotografía [Foto: La Saeta, 1922]

Los pasos de Jesús El Rico y la Concepción Dolorosa arrancaron fusionadas de la iglesia de Santiago.

En las bocacalles que afluyen a la de Granada y otros estratégicos del recorrido, la aglomeración de personas para ver el desfile de las procesiones era sorprendente, surgiendo de improviso y como llovidos del Cielo cantadores y cantadoras de saetas que parecían haber entablado ruda competencia para lanzar al aire los acentos sentidos de una copia dolorosa.

Al atardecer del Jueves Santo salió la Congregación de Mena,  llegando a calle Larios y Granada en torno a las diez de la noche con sus largas filas de nazarenos, el gentío que en dichas vías se agolpaba era imponente. En la esquina del Café Madrid surgieron numerosos cantaores que en honor al Cristo de Mena lucieron su voz cantando saetas, que fueron justa y merecidamente celebradas.

A las ocho de la noche salía la Archicofradía de la Esperanza. El Nazareno iba sobre un trono de estilo Renacimiento…puede afirmarse que es una bellísima joya de arte, que seduce por su riqueza, armónica en la combinación propiedad de las figuras alegóricas y justeza de simbolismo…Debido al mucho peso del trono y dosel ha tenido que ser ampliado el tarimón, para que pueda ser llevado por cuarenta hombres. Modificaciones sobre el trono de Andrés Rodríguez Zapata que pasaron a la historia, literalmente porque no volvería a salir así; posteriormente, pasaría el novedoso dosel a adornar el camarín del Nazareno. La archicofradía llegó a la iglesia de Santo Domingo después de las tres de la madrugada.

04.04.1918
[Foto: La Unión Ilustrada, 04/04/1918]

El Viernes Santo salió de la Victoria cerca de las ocho de la noche la Hermandad del  Santo Sepulcro. Las cofradía del Señor de la Misericordia y de Nuestra Señora de los Dolores salieron juntas de la iglesia del Carmen. La última procesión que desfiló fue a Virgen de los Servitas, pasando por calles Larios y Granada después de la una y media de la madrugada.  A pesar de lo intempestiva de la hora, los balcones estaban llenos. Los penitentes, con sus túnicas negras, sus rezos son una nota característica que sorprende con emoción intensa. La Virgen, en su lujosa sencillez, inspira verdadero fervor entre sus incontables devotos, que son todos los malagueños. Ello lo prueba que todos los años, como ha ocurrido el actual, van cumpliendo promesas detrás de la venerada imagen infinidad de personas de todas las clases sociales.

Finalizaba la Semana Santa de 1918, tras la cual se decía en la prensa que las hermandades podían sentirse orgullosas del brillo esplendoroso con que se ha celebrado la misma y bien merecido tenían un aplauso entusiasta por el esfuerzo loable realizado para elevar estas fiestas religiosas al rango adquirido. Estaba iniciado un camino sin vuelta atrás.

En cuanto a Málaga, Málaga divina, perla del Mediterráneo; Málaga, sufrida y pobre, empero, risueña siempre y dulcemente alegre, ha roto en un momento de sagrada indignación su tradicional armonía. Exasperaciones del hambre y de la iniquidad la han enloquecido, y trocado en rojo y negro aquel exquisito panorama de azul y plata. La represión ha sido brutal y mortífera.

No podemos desde aquí juzgar del todo a las autoridades malagueñas. Pero el pueblo entero, colgando de luto sus balcones, ha dicho al gobernador que se vaya. El jefe de un partido demócrata no puede dudar de que Vox populi vox Dei. Hay que olvidar que somos marqués y grande de España para recordar que la primera obligación de un régimen democrático es escuchar al pueblo. (Manuel Machado. El Liberal, 21 de enero de 1918).

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Fuentes: El Regional, La Unión Mercantil (1918)-Archivo Díaz de Escovar/ Mundo Gráfico (1918)-Biblioteca Nacional de España.

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