Primera unión cofrade

Al escribir sobre la Semana Santa del año 1894, me referí a la Junta de Procesiones, antecedente de la Agrupación de Cofradías fundada en 1921. Se trató de una entidad que perseguía el objetivo de dar el mayor esplendor a las solemnidades religiosas de Semana Santa, consiguiendo así atraer a los forasteros. Como escribí, estaba compuesta por representantes de la vida religiosa, social, económica y política de la ciudad; entre ellos, los hermanos mayores de las cofradías de la Oración en el Huerto, el Paso, la Columna, la Puente, la Misericordia, Azotes y Columna, Humildad, Rescate y el Rico.

Este intento de formalizar una unión entre las cofradías, a través de la creación de un ente, fracasó. Sin embargo, no fue la primera vez que las cofradías malagueñas tomaron la decisión de unirse para defender sus intereses comunes. Sucedió más de un siglo antes que aquella fallida Junta de Procesiones. Se trató de algo excepcional, en tiempos pasados las cofradías eran más dadas a rivalizar y pleitear entre ellas que a cooperar, pero la ocasión lo merecía.

Vayamos al momento en el que se produjo el hecho desencadenante. En el año 1741 se publica un edicto por el Obispado en el que se prohiben las caras cubiertas en las procesiones. Se volvía a repetir algo ya pretendido por el obispo de Málaga, fray Alonso de Santo Tomás, en la centuria anterior. En esta ocasión, sin embargo, la polémica resolución no provenía del entonces obispo de Málaga, fray Gaspar de Molina y Oviedo (1), quien no vino nunca a Málaga tras ser dispensado de la residencia debido a sus ocupaciones políticas al servicio de la Corona. La decisión provino del vicario general y provisor, el maestrescuela Felipe Martín Ovejero(2), quien fuera colegial de San Ildefonso en Alcalá, canónigo doctoral de Sigüenza y después de Málaga. La motivación de la decisión se encontraba, como siempre, en los desmanes cometidos por quienes se favorecían del anonimato al ir con la cara cubierta durante la procesión y después de ella.    

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Retrato del cardenal fray Gaspar de Molina y Oviedo, atribuido a Andrés Ruiz de Saravia Navarrete [Foto:europeana.eu]

En la Cuaresma de 1742, mayordomos de algunas hermandades remiten oficios al Cabildo informando de la decisión del resto de hermanos de no salir y solicitando la revisión de la drástica medida, temiendo que cesase el culto y devoción que causan las procesiones, como fue el caso del mayordomo de la Hermandad de Jesús el Pobre.

Los mayordomos de la Cofradía de la Pura y Limpia fueron un poco más allá y consiguieron recabar, al menos, el apoyo de las demás hermandades radicadas en el convento de San Luis el Real. En el escrito remitido proponían como solución a los desmanes de los participantes en la procesión lo siguiente: si en el mismo convento se vistiesen de túnicas y capirotes en la forma acostumbrada…Y sin desmandarse en las estaciones de ella a parte alguna con las mismas procesiones se restituyesen a el expresado convento donde se desnudasen de las túnicas y volviesen a vestir sus ropas ordinarias; castigándose severamente a el hermano de dichas cofradías que se encontrase vagando por las calles con las túnicas (…). (3)

La tímida oposición a la medida, logrando unir fuerzas tan solo las hermandades radicadas en el convento franciscano, no obtuvo sus frutos. Es más, el conflicto continuó en los años siguientes sin que contribuyera a su solución el nuevo deán de la Catedral, Francisco de Solís Folch, nombrado tras el fallecimiento en 1744 de Francisco Cabello. Sin embargo, sí pudo influir, para que las cofradías llegaran a un acuerdo y demostrasen su unión, la oportunidad de cambio que se presentaba tras el fallecimiento el 30 de agosto de 1744 del hasta ese momento obispo de Málaga, fray Gaspar de Molina.

El 16 de marzo de 1745, tres meses antes de que tomara personalmente posesión el nuevo obispo de Málaga, Juan de Eulate y Santa Cruz, los siguientes cofrades comparecieron ante Nicolás López para elevar a público el acuerdo al que habían llegado para acabar con el problema:

  • José Guerrero y Agustín de Olivera, mayordomos electos en este presente año para la procesión que sale del convento de San Francisco el Miércoles Santo con el título de Nuestra Señora de la Concepción.
  • Diego Bernardes y Matías de Quero, que lo son de la Hermandad de Jesús el Pobre.
  • Francisco Casin y Roque Callejón, que lo son de Jesús de la Humildad.  (4)
  • Francisco Llorente y Juan Ibáñez, mayordomos de Jesús de la Columna. (5)
  • Antonio Gutiérrez y Ciriaco Sánchez, mayordomos de la procesión que sale el Jueves Santo con el título del Santo Cristo de la Vera Cruz.
  • Cristóbal García y Gabriel de Tosina, que lo son de la Cofradía de El Rico.
  • Francisco Navarrete y Francisco Parrilla, de Nuestra Señora de la Esclavitud.
  • Juan González y Juan Coronado, mayordomos de la procesión que sale del convento de la Merced, que se nombran del Santo Cristo de la Sangre.
  • Salvador Sánchez y Diego Rafael, de la Hermandad del Santo Cristo de la Humildad.
  • Agustín López y José Valdeiglesias, que lo son del Santo Cristo de la Columna.
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Santo Cristo de la Humildad-y Paciencia [Foto: La Saeta]

En la parte expositiva del acuerdo (6), que se remitiría al Cabildo, se hace constar que la situación causada por el edicto de 1741 era insostenible, siendo el mismo el único motivo para que ciertos otorgantes, como los demás hermanos de dichas Hermandades, hayan separádose del continuado celo que antes tenían, y siéndoles de mucha gravedad el no continuar en esta piadosa obra. La medida había supuesto un importante quebranto a las arcas de las cofradías, ya que era indispensable para poder continuar y conservar dichas hermandades el pedir demandas y recoger las demás limosnas destinadas entre los hermanos a este fin, con las que, además de ejecutar lo referido, consiguen tener sus entierros y pagar las misas destinadas para cada hermano y en cada Semana Santa sacar sus respectivas procesiones con la mayor decencia que pueden, en reverencia de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, para consuelo de los piadosos cristianos (…)

Acordaron, respecto a las procesiones, que todos los otorgantes y los demás hermanos que la acompañen debían concurrir a los respectivos conventos y en ellos se han de vestir sus túnicas, y los que van de penitencia con rostros, como antes acostumbraban, formando dicha procesión en el claustro de dichos conventos e incorporándose en ella tapadas las caras, como lo hacían, sin separarse con ningún pretexto de dicha procesión hasta que vuelvan a dejar las referidas insignias en ellos y entonces harán lo mismo con las referidas túnicas dentro de él y no en otra parte.

En el caso de que algún hermano no respetase lo acordado, le sería impuesta una sanción de veinte ducados y se borre y separe de dicha Hermandad, sin que en ella ni en otra puede pretender serlo.

Por tanto, medida drástica para aquellos hermanos que se pasearan con la túnica fuera de la procesión, curioso. Pero no quedaba ahí. La misma consecuencia acarreaba en el caso de que alguno se separare, y después, habiendo salido la procesión, quisiere incorporarse a ella, ha de ser visto, que estos otorgantes no le han de admitir, y antes bien han de dar cuenta al señor provisor para que se le borre de dicha Hermandad y se le saque la referida multa.

El autor del conflictivo edicto, el maestrescuela Felipe Martín Ovejero, llegó a tomar posesión como deán ocho años después y, posteriormente, llegó a ser obispo de Oviedo. Las cofradías malagueñas, por su parte, volvieron años después a reencontrarse con el problema de la prohibición de las caras tapadas en las procesiones. En esa ocasión la medida provino de un mandato real, una Real Cédula de Carlos III desarrollada por el obispo José Molina Lario y Navarro en 1777, acompañada de otras decisiones como prohibir los disciplinantes o las procesiones nocturnas.

En todo caso, quedó para la historia aquel acuerdo del año 1745 en el que la cofradías malagueñas actuaron unidas para poder subsistir.

(1) Cardenal desde el año 1737, gracias a la intermediación del rey Felipe V.
(2) Maestrescuela: Dignidad de algunas catedrales a cuyo cargo estaba enseñar las ciencias eclesiásticas
(3) Cit. PALOMO CRUZ, A.., “La Catedral de Málaga. Centro devocional y procesional”. Málaga, 2006, p.127 (Archivo del Cabildo de la Catedral de Málaga. Legajo 607, pza 2, s.f.).
(4) Nacida como filial de la Hermandad de la Pura y Limpia Concepción, teniendo como imagen titular el Santo Cristo de la Humildad y Paciencia. Tras la exclaustración, se trasladó a la iglesia de Santo Domingo.
(5) Hermandad fundada en el convento de San Luis el Real y que ya en el siglo XIX pasaría a la iglesia de San Juan, allí como Hermandad de Nuestro Padre Jesús de Azotes y Columna.
(6) Cit. LLORDÉN, A. y SOUVIRON, S., “Historia documental de las cofradías y hermandades de pasión de la ciudad de Málaga”. Málaga, 1969, pp.855-857 (Archivo de Protocolos. Escribanía de Nicolás López; fols. 133-137. Año 1745).

[Foto de portada: Málaga. 1700-1730. Pieter van der Aa (“La galerie agreable du monde. Tome second, du Roïaume d’Espagne”-Biblioteca Nacional de España)].

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