Los magnos acontecimientos de 1950

Al iniciar la redacción de esta entrada, he tenido ciertas dudas en cómo titularla. Lo primero que pensé, fue en llamarla “Las salidas extraordinarias de 1950”; sin embargo, repasando lo sucedido en ese año, ese título no hacía justicia, ya que superó ampliamente el concepto de salida extraordinaria. Magno (que supera a lo común) y acontecimiento (hecho o suceso, especialmente cuando reviste cierta importancia) eran más idóneos. Realmente, los hechos que voy a recordar en estas líneas superaron lo común.

La Gran Misión de Málaga

El 5 de febrero de 1950 se anuncia por el señor obispo, Ángel Herrera Oria, la Gran Misión de Málaga, a celebrar del 12 al 26 de febrero. La imagen de la Virgen de Fátima, venerada en Cova da Iria, llegaría a Málaga, volviendo a nuestra ciudad dos años después. En la exhortación pastoral, el prelado señalaba: …Málaga está en un momento propicio para recibir la Misión y la voz interior del Espíritu me ha dicho que tengo el deber de organizarla. Y organizada está ya la Misión de Málaga…Una semana nos separa del magno acontecimiento.

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Estampa recuerdo de la Gran Misión de 1950

Englobaba diversos actos, llegando misioneros de toda España para participar en ellos. Se constituirían 63 centros misionales, de ellos más de veinte en iglesias improvisadas, algunos en la misma playa donde se levantarían altares; colocándose altavoces por toda la ciudad. No quedará ni un hogar sin escuchar la palabra de Dios, sentenciaba el director misional, el padre Langarica.

El objetivo era atender, especialmente, a los barrios humildes. Las cofradías debían desempeñar un papel fundamental en numerosos centros. Así, en los días previos se convocaron con urgencia reuniones para organizar los diferentes centros misionales. Los lugares donde las cofradías instalaron sus centros, variopintos. La Hermandad del Sepulcro en el teatro Cervantes; la Hermandad del Prendimiento, en los números 12 a 16 de la calle Esquilache (Bodegas Krauel); Fusionadas, en las Escuelas del Ave María en el barrio de Huelin; la Cofradía del Cautivo en el convento de la Trinidad; la Cofradía de la Misericordia en la calle Mina, en El Bulto; Mutilado en los Baños de Apolo, en La Malagueta; la Cofradía del Amor en el convento de las Adoratrices; El Rico en el Málaga Cinema; Huerto en el Paseo de los Tilos (Garaje Municipal); Estudiantes en El Ejido; la Paloma en Casas de Campos; Mena en el cine Plus Ultra, en el Llano de Doña Trinidad; o la Esperanza, en el Arroyo del Cuarto.

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María Santísima de la Esperanza ante el centro misional [Foto: Archivo Díaz de Escovar]

Posteriormente, fueron sucediéndose los traslados de las imágenes titulares a los diferentes centros, como el de la imagen de Jesús Cautivo a las ocho de la tarde del día 11 de febrero: Traslado en procesión de penitencia, en la que se rezará el santo rosario. Traslados que se produjeron, incluso, en la misma mañana que comenzaban los actos, como el de la imagen de Nuestra Señora del Gran Poder al centro misional Cristo de la Misericordia.

El domingo 12 de febrero llegó la imagen de la Virgen de Fátima, haciéndose el recibimiento oficial a las seis menos cuarto de la tarde en la Acera de la Marina, levantándose un altar en el puerto por la Junta de Obras. Repique general de campanas, soltándose centenares de palomas. A las seis menos cinco minutos entraba en la Avenida del Generalísimo, con dirección al altar, la carroza en la que venía la Santísima Virgen de Fátima. Cuando la Virgen estaba en su templete, hicieron su aparición por la calle Marqués de Larios los padres misioneros, que formaban en columna de a cuatro, precedidos por una imagen de Cristo Crucificado y cantando el Miserere. También marchaban los seminaristas, junto con la Schola Cantorum del seminario.

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[Foto: Archivo Díaz de Escovar]

A las ocho de la noche comenzaron los actos misionales, iniciándose un amplio programa de actos, destacando: el día 15, acto sacerdotal en la iglesia del Santo Cristo de la Salud; el Rosario general del día 19 por la mañana y el Vía Crucis general en la tarde de ese mismo día; junto con el acto eucarístico del día 26 y la despedida el día 27.

Los centros misionales concentraban la actividad principal de esta Gran Misión malagueña. La afluencia era enorme a aquellos centros, cifrándose en más de 70.000 personas en el primer día de actividad, número que aumentó en los días siguientes. El obispo Herrera Oria inició su visita a los centros por el de la Congregación de Mena, que se lleva la palma por el fervor, entusiasmo y asistencia.

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Centro misional de la Congregación de Mena [Foto: Archivo Congregación]

Los diversos Rosarios de la Aurora marcaban el inicio de cada jornada, como los del Corazón de Jesús, San Lázaro, Casas de Campos o El Ejido.

En el diario Sur del viernes 17 de febrero se destacaba el hecho de que el obispo había encargado a las cofradías malagueñas numerosos centros misionales. Ha sido la ocasión más estupenda para que puedan emplear a fondo su generosidad, mejor dicho, su caridad…Ellas han llevado su espíritu, su religiosidad, su devoción, sus imágenes, su afán de cooperación. También su caridad. Ha empezado a dar ejemplo la cofradía más popular y magnífica: La Esperanza. Hoy ofrece a los niños , aquellos pobres desvalidos del Arroyo del Cuarto, un desayuno general después de la Comunión general…Dichosos en su humildad los habitantes del Arroyo del Cuarto que han encontrado tan magníficos amigos en los cofrades malagueños. Dichosos los cofrades malagueños que han encontrado tan buena ocasión de poder presentar a Dios sus buenas obras, que son muchas.

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Nuestra Señora de la Soledad, Teatro Cervantes [Foto: Archivo Díaz de Escovar]

La imagen de la Virgen de Fátima era llevada a los centros misionales, como el día 16  al sanatorio de San Juan de Dios, San Bartolomé, las Claras, El Ejido y a la Victoria.

La Gran Misión cruzaba su ecuador. Se debía preparar la gran jornada del domingo 19 con dos grandiosos actos en la gran explanada, frente al altar construido a la entrada del puerto: la santa misa a las ocho de la mañana, con la que terminaban todos los Rosarios de la Aurora; y las tres últimas estaciones del Vía Crucis, predicadas por el señor obispo desde las nueve de la noche. En el Gran Vía Crucis participarían las cofradías con sus imágenes titulares. Así, se citaba a los hermanos de Fusionadas, Sepulcro, Cautivo, Expiración, Zamarrilla y Mena. Cada centro rezaría las once primeras estaciones por el camino, dejando las tres últimas para el acto general.

Desde primeras horas de la tarde Málaga bullía. De cada uno de los centros misionales, salieron las imágenes que en los mismos se veneraban para concurrir a la plaza de la explanada del puerto. Concluido el acto, las imágenes regresaron a los centros misionales por la calle Marqués de Larios, mientras cantaban los fieles, era realmente conmovedor.  El domingo siguiente se puso fin a la Gran Misión con una comunión general a las ocho de la mañana, procesiones de impedidos y acto eucarístico a las seis de la tarde. Concluían unas jornadas que pasaron a la historia.

El señor obispo Herrera Oria fue consciente de la contribución de las cofradías al éxito de este acontecimiento, agradeciendo en la revista La Saeta su participación.

Proclamación del Dogma de la Asunción

El 1 de noviembre de 1950 se promulga por el papa Pío XII la Munificentissimus Deus, constitución apostólica con la que definió el dogma católico de la Asunción de María en cuerpo y alma al cielo. En los días previos, en la ciudad de Málaga, fue perfilándose un programa de actos, donde llamaba la atención una magna concentración de imágenes marianas en la plaza de la Constitución. En la misma plaza, en la noche del día 31, se celebró un santo rosario de antorchas; así como una Salve popular ante la estatua de la Inmaculada en la plaza de Capuchinos.

Desde las primeras horas de la mañana del día 1 de noviembre, todos los balcones de las principales calles se hallaban engalanados con banderas, colgaduras y colchas. La retransmisión del acto celebrado en Roma fue magnífica, escuchándose perfectamente al locutor espeñol de Radio Vaticano primero, y la del papa Pío XII después, en latín e italiano. A las ocho de la mañana, hora en que en Roma comenzaron los actos, las baterías de San Nicolás dispararon las salvas de ordenanzas. A las nueve y media de la mañana, en la Catedral, se celebró una solemne función religiosa. En el altar mayor, un maravilloso cuadro de la Asunción de la Virgen. Terminada la misa fue expuesta Su Divina Majestad, rezándose la estación al Santísimo y canrándose después un solemne Te Deum en acción de gracias. Después del Te Deum, la reserva del Santísimo, organizándose acto seguido la procesión para trasladar a la Patrona a la plaza de José Antonio donde celebrarse la magna concentración de imágenes de la Virgen.

La Patrona fue portada en un trono de flores por hermanos de la Hermandad de Santa María de la Victoria y seminaristas. La banda de música municipal tocó el himno nacional al salir por la Puerta de las Cadenas; esperaba una plaza abarrotada. Poco después de las once de la mañana, comenzaron a llegar las imágenes. La primera en llegar fue la imagen de María Auxiliadora, con los padres salesianos y los alumnos. Después llegó la imagen de la Milagrosa, con las monjas y los niños de aquel colegio; vimos avanzar seguidamente por la calle Granada a la Purísima Concepción, de los Mártires, cuyas andas eran llevadas por jóvenes de Acción Católica.

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Magna concentración, 1 de noviembre de 1950 [Foto: Arguval]

Pronto llegaban imágenes por todas las calles: Especerías, Larios, Granada y Santa María. Algunas llegaban acompañadas con bandas de cornetas y tambores y todas acompañadas por cofrades. Se iban situando en los lugares marcados al efecto, dejando una calle en el centro por la que pasaría la Patrona. La imagen de la Virgen del Pilar, de la iglesia de Santiago, llegó portada por Guardias Civiles. Los trinitarios acompañaban a la Virgen de la Paz del convento de la Trinidad. Posteriormente, llegaron las demás imágenes, mientras se cantaban diversos himnos marianos. María Santísima de la Paz, de la Hermandad de la Sagrada Cena; la Divina Pastora; María Santísima del Amparo, Nuestra Señora de la Concepción; María Santísima de la Trinidad; María Santísima de la Estrella; Nuestra Señora de Gracia y Esperanza; Nuestra Señora del Mayor Dolor; María Santísima del Rosario; María Santísima del Rocío; María Santísima del Amor; María Santísima de Consolación y Lágrimas; Nuestra Señora del Gran Poder, que llevaba la banda de cornetas y tambores de la Aviación; María Santísima de los Dolores, con murmullos de admiración que suscitó su presencia, por el buen gusto acostumbrado con que sus hermanos la arreglan; María Santísima de la Amargura; María Santísima de la Esperanza; Nuestra Señora de la Soledad de San Pablo; Nuestra Señora de la Soledad del Sepulcro, escoltada por marineros; y la bella imagen de la Virgen del Carmen, escoltada también por marineros.

A las doce menos cuarto, llegó a la plaza la imagen de Santa María de la Victoria y el trono fue colocado en una tribuna levantada ante la puerta de Marmolejos. Las autoridades se situaron en otra tribuna que se alzaba en la rotonda central de la plaza. Hecho el silencio, el magistral de la Catedral don Francisco Carrillo pronunció una vibrante alocución en la que exaltó el grandioso acto celebrado en el Vaticano. Vitoreó a la Patrona, a la Asunción, a las cofradías malagueñas, a Málaga católica, al obispo y al papa. Terminada la alocución, repicaron las campanas de la catedral y las baterías de San Nicolás volvieron a disparar salvas en honor de la Santísima Virgen. Por último, se cantó una solemne Salve y los millares de personas comenzaron a agitar pañuelos blancos.

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[Foto: Diario Sur, 02/11/1950. Archivo Municipal de Málaga]

Terminada la magna concentración mariana, se organizó la procesión para trasladar a la Patrona a la Catedral. Iban todas las imágenes, colocadas en el mismo orden y cerrando la imagen de Santa María de la Victoria. La procesión discurrió por Larios, Juan Díaz, Bolsa, Molina Lario, Císter y Catedral. Entró la imagen de Santa María de la Victoria y las demás imágenes fueron trasladadas a sus templos.

Entre las dos y tres de la tarde, se produjeron los traslados de vuelta. El paso de las imágenes percheleras por el Puente de Tetuán fue bellísimo. Emparejaron la Virgen de los Dolores de la Expiración y María Santísima de la Esperanza y la banda de cornetas de la Guardia Civil subrayó el momento con los sones del himno nacional. Entonces llegaron también las imágenes de María Santísima de la Estrella y Nuestra Señora del Gran Poder…Y los cofrades de la Expiración y la Misericordia tuvieron la delicadeza de seguir hasta Santo Domingo acompañando a la Virgen de la Esperanza, a la que dejaron en el templo, junto con la de la Estrella. Momentos emocionantes y de gran fervor, que recordarán cuantos cofrades lo vivieron.

Fuentes: Diario SUR (1950). Archivo Municipal de Málaga.

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