La subvención municipal

Como ya he escrito en otras ocasiones, la historia de la Semana Santa va íntimamente ligada a la de la propia ciudad, formando parte inseparable de la misma, no pudiendo entenderse la una sin la otra. Las relaciones del poder político municipal con las cofradías malagueñas ha pasado por diferentes situaciones, con momentos de colaboración, pero también de indiferencia mutua. Dejando a un lado la participación institucional en los cortejos procesionales, estas relaciones han tenido en su mayoría un trasfondo económico que darían para un libro de unas cuantas páginas, las suficientes para poder incluir como mínimo: momentos en los que las cofradías han acudido al ente municipal en busca de financiación pública o de colaboración en todo lo relacionado con la manifestación de culto externo, no hay que olvidar que se realiza en la vía pública; los momentos en los que el gobierno municipal ha acudido a las cofradías por objetivos políticos; y las diferentes épocas en las que la figura del dirigente cofrade y del político municipal han coincidido en las mismas personas, produciendo situaciones que, a la postre, supusieron un lastre para las propias cofradías. No confundir esta última situación con la de quienes han utilizado el ámbito cofrade para satisfacer sus aspiraciones políticas o como trampolín, aunque también lastran.

Dado que, como digo, todas estas relaciones darían para un libro, en estas líneas solo pretendo dar unas pinceladas sobre la evolución de las ayudas públicas del Ayuntamiento de Málaga a las cofradías malagueñas hasta los años treinta del siglo XX. Cualquier parecido con la actualidad es pura coincidencia.

Hasta el último decenio del siglo XIX no se puede afirmar con propiedad de la existencia de subvenciones a las cofradías en Málaga, a pesar de que en la década anterior hay constancia de que algunas solicitaron ayudas económicas, como la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Crucificado de la Buena Muerte y Ánimas en 1884 y la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad de Santo Domingo en 1887. Ambas solicitudes fueron denegadas (1)

Esta situación era totalmente diferente a la que se vivía, por ejemplo, en Sevilla, donde el apoyo institucional a las hermandades era innegable. En 1860 se había promulgado un Reglamento Municipal donde el Ayuntamiento se comprometía a proporcionar fondos a las cofradías que no contasen con los medios suficientes para realizar la estación de penitencia. Hay, incluso, ejemplo de subvención directa para el dorado de un paso. El ente municipal justificaba dichas ayudas por entender, desde mediados del siglo XIX, que con ello se atraían visitantes a la ciudad con el atractivo de sus renombradas procesiones. La subvención a las cofradías alcanzó los dieciséis mil reales en 1862, previamente reconocidos en el presupuesto municipal (2)

Las subvenciones concedidas por el Ayuntamiento de Málaga desde la última década del siglo XIX, directamente por el Alcalde y con cargo al capítulo de imprevistos, eran de escasa cuantía, aunque para algunas cofradías era más que suficiente para sufragar los gastos de la salida procesional.

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Nueva Casa Consistorial (c.1920) [Foto: SUR.CTI-UMA]

En el año 1894 pudo estar el fin de la precariedad de estas ayudas con la creación de la  llamada Junta de Procesiones, como parte del movimiento de promoción de la ciudad para paliar la grave situación económica. En cuanto a la financiación, la Junta de Procesiones pretendía que se dieran donativos por cofradía, negándose a ello el alcalde Francisco Prieto Mera diciendo que, o se organizaban las fiestas religiosas por una Junta que respondiese de su gestión y de los gastos o no daba ni un cuarto. Las hermandades no quisieron ceder su autonomía a un organismo de coordinación superior, ni a cambio de dinero. El Ayuntamiento redujo la cuantía total para la Semana Santa de ese año de dos mil quinientas a mil pesetas que se repartirá equitativamente como subvención a las procesiones que salgan en la Semana Santa próxima (3)

Durante la primera década del siglo XX se mantiene como norma atender todas las peticiones de ayuda económica que se recibían, quedando siempre la cuantía de la misma al arbitrio del Alcalde.

No mejoró la situación posteriormente, viéndose incluso interrumpido este apoyo económico municipal a los desfiles procesionales de 1910 a 1914. En ese breve periodo se produce un cambio radical en la política malagueña: la conjunción republicana socialista pone fin a la alternancia entre los grupos monárquicos, tanto liberales como conservadores. En 1910  las tradicionales solicitudes de subvención de la Archicofradía del Paso o El Rico fueron rechazadas; las propias cofradías dejarían de pedirlas. Las elecciones de noviembre de 1915 y del mismo mes del año 1917 suponen el hundimiento de la conjunción en el Ayuntamiento, volviéndose a la situación de aparente normalidad en la concesión de ayudas públicas, la cual se mantuvo con bajas cuantías hasta 1921.

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Casa Consistorial (c.1920) [Foto: Arguval. Thomas y Roisin]

La creación de la Agrupación de Cofradías, motivada principalmente por los problemas de financiación, implicó un importante incremento de la subvención. Desde un principio se pidió al Ayuntamiento aumentar la cantidad necesaria para que cada cofradía realizara su desfile procesional, concretándose la petición en diez mil pesetas. En sesión plenaria de 28 de enero 1921 se acordó conceder a la Agrupación ocho mil pesetas, ya que el Ayuntamiento no podía sustraerse a subvencionar esas manifestaciones de culto católico que han adquirido en nuestra ciudad excepcional importancia.(4) Esta concesión no estuvo exenta de debate. Por ejemplo, Emilio Baeza de la minoría republicana y quien sería alcalde durante los sucesos de mayo de 1931, alegó que estas manifestaciones deben costearse por los católicos o por los industriales si se toman en el sentido de fiestas para atraer a forasteros. Además de esta subvención a la Agrupación, algunas cofradías solicitaron de forma independiente ayuda económica municipal.

Conforme avanzaba la década, aumentaba el número de cofradías y la suntuosidad de las procesiones, también lo hacía la subvención municipal. En 1925 ascendía ya a cuarenta mil pesetas, ejecutadas con cargo a la partida presupuestaria de Fomento de los intereses comunales, lejos quedaba su ejecución en la partida de imprevistos.  

Así se mantuvo hasta el final de la dictadura de Primo de Rivera en enero de 1930, hecho que iba a suponer el inicio de un cambio en la situación política; cambio que una vez más iba a afectar a las cofradías, aunque en esta ocasión no solo implicaría una crisis, sino una destrucción casi total.

El problema comenzó con la subvención de 1931, con un Ayuntamiento seriamente endeudado como había puesto de manifiesto la nueva corporación municipal en el mes de abril del año anterior. El Presupuesto de 1931 debía ser austero, siendo su aprobación objeto de fuertes discusiones. Especialmente conflictiva era la partida destinada a la Agrupación, donde se proponía una reducción del 25%.

El 12 de diciembre de 1930 se celebró la primera de las sesiones. Quienes abogaban por la reducción, como el liberal García Cabrera, argumentaban que la ayuda municipal no solo se circunscribía a la subvención que se estaba discutiendo, sino que también se centraba en los beneficios que la agrupación cofrade recibía por la colocación de sillas y tribunas en la vía pública. El concejal maurista Pablo Sánchez resaltó las necesidades económicas municipales, así como el escaso efecto que tendría en la Agrupación la reducción propuesta, ya que tenía un presupuesto grande y estaba integrada por capitalistas. Las cofradías estaban en el centro del enfrentamiento político.

La situación estaba aderezada con la campaña anticlerical y contraria a las procesiones que se llevaba a cabo desde el periódico republicano Rebelión (en 1931 llamado Rebeldías). Tras tensos debates, donde la posturas enfrentadas tensaban la situación, se acordó conceder la subvención, recortando finalmente solo un diez por ciento respecto a la concedida para el año anterior. Pese a que parecía resuelto el problema, el debate había trascendido e impregnado a toda la sociedad malagueña.

Hasta el año 1949 no volvería la cuantía de la subvención municipal a alcanzar el elevado nivel que tuvo en el período 1925-1930.

(1) DE MATEO AVILÉS, E. “El Ayuntamiento y la Semana Santa malagueña”. Revista Vía Crucis, nº17. Cuaresma 1994, p.12.
(2)ROMERO, C.J. y DOMÍNGUEZ, J., “Breve historia de la Semana Santa de Sevilla”. Málaga, 2003, p.111.
(3) Cit. DE MATEO AVILÉS, E., Op.cit., p.13 (Archivo Municipal de Málaga. Actas Capitulares, 16 de marzo de 1894).
(4)Cit. DE MATEO AVILÉS, E., et al., “75 años de la Agrupación de Cofradías. 1921-1996. Estudio histórico sobre la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga”. Málaga, 1996, p. 56. (Archivo Municipal de Málaga. Actas Capitulares, 28 de enero de 1921).

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