Juan Vargas y su Cristo

Juan Vargas Cortés nació el 24 de junio de 1900 en la perchelera calle La Puente, en el seno de una familia de etnia gitana. En su niñez destacó por su gran interés por aprender, por ir al colegio, a diferencia de muchos jóvenes de su barrio. Ya en 1916 tuvo que contraer matrimonio con la también gitana Amalia Jiménez Santiago, natural de Écija.

Cumplía con sus tradiciones y, al igual que su familia, pertenecía a la Cofradía de la Columna de la iglesia de la Merced. El Lunes Santo de 1924 iba a ocupar el cargo de bastonero mayor en la procesión. Ya tenía en casa el equipo, que me había costado un buen puñado de reales ahorrados con bastantes apuros. (1) Precisamente, ese mismo día debía incorporarse al servicio militar, por lo que solicitó hacerlo al día siguiente. Aunque obtuvo autorización verbal para ello, al no presentarse el día prefijado se ordenó su detención como prófugo. Era mi sino de gitano, decía. Estuvo varios días en los calabozos, hasta que llegó la orden para embarcarse para Ceuta. Paseé a pie y entre dos civiles las calles de Málaga. Mi madre me seguía toda llorosa y cuando vio que me ataban las manos decía: ¡Hijo mío! ¡Como a Cristo! (2). Esos momentos quedaron grabados en su memoria.

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Juan Vargas Cortés [Foto: Diario Sur]

Al concluir el servicio militar, debía volver a buscarse la vida y dejó Málaga, viviendo en diversas localidades como Casariche, La Roda y Puente Genil. Desempeñó varios oficios, entre ellos, el de cerrajero. En ese momento de su vida, con una familia a sus espaldas, nada hacía presagiar su destino. Cuando aún era yo nada más que un sencillo cerrajero, pero con espíritu soñador, pensaba que había algo más allá de la mecánica, y yo me preguntaba: ¿Qué será, Dios mío? A Dios le pedí luz y un día me la dió. (3)

Según relataba el hijo del escultor(4) , cuando vivían en Puente Genil, su padre y su tío mataban el tiempo de ocio por las tardes haciendo cortes con sus respectivas navajas en pequeños trozos de olivo. Como había hecho otras muchas veces, llegando a desarrollar por ello una enorme callosidad en el dedo índice, un día se entretuvo en esculpir con su navaja una cabecita en el remate más grueso de la vara. Al intentar dar un tajo al tronco, se hizo un corte bastante profundo que le produjo una infección. Ante el mal aspecto de la herida, decidió que lo viera  el médico del Hospital Civil Manuel Pérez Bryan, a quien había conocido y tratado durante alguna que otra enfermedad tanto de niño como de joven. Esa infección en la mano lo tuvo dos meses ingresado en el hospital, pero en aquel encuentro nació la luz que durante tantos años mi padre buscaba, pues fue ese señor, tras ver qué cosas era mi padre capaz de esculpir en un simple pedazo de olivo, el que le puso en contacto con la gente del arte. (5)

Lo puso en contacto con el abogado Lorenzo Cereceda, quien le encargó un busto suyo, siendo el primer trabajo como escultor por el que cobró. Cereceda le presentó a Francisco Palma García, entrando como aprendiz en el taller de la calle Cobertizo del Conde, aprendiendo a trabajar con barro y madera. Taller al que acudían numerosos artistas de diversas disciplinas, participando en enriquecedoras tertulias. Entre los asiduos, se encontraban los jóvenes pintores Luis Ramos Rosa y Luis Torreblanca, con los que entabló una gran amistad.

El afán por aprender que tenía en su niñez permanecía intacto. Tras la jornada de trabajo en el taller, asistía por las noches a la Escuela de Artes y Oficios. Su historia y valía no pasaron desapercibidas para la prensa en el año 1928. La conocida publicación Vida Gráfica (6) le dedicaba a Vargas y a sus amigos Torreblanca y Ramos Rosa un artículo, titulado Los últimos románticos. En el mismo se contaba la historia del artista y se mostraba una de sus primeras obras, llamada Rocío, una bella escultura que representaba a una mujer gitana.

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Luis Ramos Rosa y Juan Vargas [Foto: Vida Gráfica]

El semanario El Pregón (7) le dedicó solo a él un amplio artículo en el que se decía: Bástenos advertir que Vargas lleva modelando un año…Estamos ante un fenómeno”- dicen algunos. “Es inexplicable”-añaden otros…Nada hay de fenomenal ni de inexplicable en el advenimiento de Vargas al Arte, si atendemos a lo subjetivo de su historia, llena de pequeñas renunciaciones espirituales…He aquí lo maravilloso: su voluntad roqueña, su sentimiento del deber, su dolor moral sin causa aparente…Pero la verdad es esta: que el artista existía por voluntad Suprema y que, como no podía menos de ocurrir, se ha encontrado a sí mismo. No ha sido alumbramiento, sino un despertar.

En las referidas publicaciones se hacía mención a que en ese momento se ocupaba de los trabajos de ornamentación del facistol que la Escuela de Artes y Oficios preparaba para la Exposición Ibero-Americana de Sevilla de 1929, junto con algunos trabajos encargados por particulares. Ese año de 1928 iba a suponer el inicio del despegue definitivo de la carrera artística de Vargas. Obtuvo una pensión del Ayuntamiento de Málaga de cinco pesetas diarias para que continuara su formación como escultor en Madrid, donde se trasladó con su familia. Debido a que la beca no alcanzaba para mantener a todos, comienza a trabajar en el taller de Julio Vicent, sin dejar de aprender. Posteriormente, trabaja en los talleres del Padre Félix Granda, recibiendo clases de José Capuz, logrando perfeccionar su técnica escultórica.

Tras cinco años en Madrid, se traslada a Casablanca, con algunas estancias en Paris, haciéndose un nombre en el mundo de la escultura, recibiendo encargos bien remunerados.  Allí es donde recibiría en el año 1940 uno inesperado: su cofradía le encarga la realización de una nueva imagen de Nuestro Padre Jesús de la Columna, que debía sustituir a la realizada un año antes por Manuel Oliver Rosado, la cual había sido objeto de informe desfavorable de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo. En la memoria, aquella imagen del Cristo de los Gitanos que realizara Francisco Gómez Valdivieso.

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[Foto: Archivo Municipal de Málaga]

La Agrupación de Cofradías encabezó la suscripción popular para sufragar las mil quinientas pesetas que costaría el trabajo. En 1940 modeló el boceto de la imagen, dejando dicho que le avisaran en cuanto la cofradía tuviera acopiada la madera. En el mes de noviembre de 1941, la Agrupación le conminó, por mediación del Consulado Español en Casablanca, a que ejecutara la talla en madera de la imagen y que se encontraba aún en escayola.

Regresó a Málaga para ponerse manos a la obra, instalando un taller en la calle Pozos Dulces. La madera llegó el 16 de enero de 1942 y comenzó a tallar la imagen el 31 de enero. Según relataba su hija Pepa Vargas (8): Los pies y las manos [de Cristo] los copió mi padre de mi primo hermano Juan Jiménez, que era sobrino político suyo; la color y el cuerpo fueron del ‘Lele’, su primo hermano; y los ojos y la cara, de mi hermano Antonio, que murió al volver de la mili cuando tenía 22 años. No era la única vez que utilizaría a su familia como modelos, ya que al realizar su bella y célebre escultura La Maternidad se insipiró en la cara de su mujer y de su hija cuando era un bebé.

El 25 de marzo del mismo año, tras largas jornadas de trabajo, concluyó la obra. Recordando lo vivido en 1924, al concluir su Cristo, yo no lo amarré, lo ataron otros. En palabras de Sánchez López, la imagen era una interesante escultura procesional, fruto de las aspiraciones del escultor por conciliar la tradición vernácula y la renovación plástica, sin incurrir en el amaneramiento y la reiteración neobarrocas; su estilo anterior a la Guerra Civil, marcado por la obra de Julio Antonio, Julio Vicent y José Capuz, hizo posible el tránsito hacia dicha solución. (9)

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Juan Vargas junto a su Cristo [Foto: Diario Sur]

La imagen fue bendecida a las nueve de la mañana del 29 de marzo de 1942, Domingo de Ramos, en la iglesia de los Santos Mártires. Al día siguiente, fue procesionada por las calles de Málaga. Se dice que, al llegar a los Mártires, Juan Vargas fue llevado a hombros, entrando en la iglesia tras la imagen.

Ntro. Padre Jesús de la Columna, Lunes Santo de 1942 [Foto: Diario Sur]

El artista volvió a Casablanca, para posteriormente alternar su residencia entre Málaga, ocupando plaza de profesor en la Escuela de Artes y Oficios, y París. En esa etapa de su vida compaginó la escultura con la pintura y la poesía. Su regreso definitivo se produciría en 1966, con la salud ya algo deteriorada.

La imagen del Señor de la Columna, debido a la mala calidad de los materiales, presentaba en la década de los setenta del pasado siglo diversos cortes longitudinales de los primitivos ensamblajes, junto con roturas, brechas y desprendimiento de la policromía. La restauración fue encargada al genial Francisco Buiza, que desde mayo de 1979 a marzo de 1980 llevó a cabo una importante transformación de la obra de Juan Vargas.

El artista malagueño de etnia gitana, que tuvo el honor de tallar a su Cristo, falleció el 21 de noviembre de 1980. La ilusión de mi vida ¡El Cristo de los Gitanos obra mía! Desde muy niño he sentido veneración por nuestro Cristo. A realizar esta obra no me ha movido solo una inquietud artística, ni la compensación económica. Es algo mucho más importante para mí, mucho más grande, más hermoso. Esta imagen me sobrevivirá venerada por los míos (10).

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Ntro. Padre Jesús de la Columna (c.1948) [Foto: La Saeta]

 

(1) La Tarde, Málaga, 3 de marzo de 1961.
(2) Ibidem.
(3) Ibidem.
(4) SESMERO RUIZ, J., “Encuentros con Málaga”. Málaga, 1989.
(5) Ibidem.
(6) Vida Gráfica, Málaga, 16 de enero de 1928.
(7) El Pregón, Málaga, 9 de abril de 1928.
(8) SESMERO RUIZ, J., Op.cit.
(9) SÁNCHEZ LÓPEZ, J.A., “El alma de la madera”. Málaga, 1996, p.359.
(10) Diario Sur, Málaga, 15 de marzo de 1942.

 

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