El esplendor de la Semana Santa (II)

 

“Hermandad de N.P. Jesús de la Misericordia” (Jueves, 21 de marzo de 1918).

En el resumen histórico se señala que el 3 de abril de 1864 se reunieron varios vecinos en la iglesia de San Pedro, presididos por el párroco Antonio Fiandor, con el objeto de fundar una Hermandad de culto. El padre Llordén afirmó que esa reunión se produjo el 10 de abril y en la iglesia del Carmen (recordar que la misma era de propiedad municipal tras la exclaustración y que desde 1856 era la sede parroquial provisional de San Pedro). El primer hermano mayor fue Cesáreo Payer y Jover y se fijaron las cuotas en ocho reales de vellón, para los matrimonios, y dos las individuales. Se indicaba ya entonces que la imagen titular era obra de Pedro de Mena, atribución sin mucho fundamento que realizó por primera vez el escritor Urbano Carrere y que perduró durante largo tiempo, por lo que al genial artista granadino se le dedica una parte de esta entrega. También se hace eco de la leyenda de la muerte de los dos correonistas en la primera salida procesional de 1865, la cual es solo eso, una leyenda.

Se cuenta que en 1893 se acordó pasar el bordado de la túnica del Señor a un terciopelo más nuevo y entre los lienzos de dicha túnica se halló un escrito que decía: Se empezó esta túnica el año 1733 por Don Marcos Durán y se finalizó el de 1748, por las Hermanas del Rector Fray José del Niño Jesús, Carmelita Descalzo, Prior General Franciscano de San Joaquín (?), que la estaban bordando en dicho año de 1748… (Contenido transcrito cuatro años después en el primer número de la revista La Saeta). El traslado de los bordados se hizo por el malagueño Luis Reinós y costó a la hermandad 3.827,25 pesetas (Por cierto, que esta túnica, acaso la mejor que hay en Málaga, no la conoce el público).

En 1918 se decía que esta hermandad llevaba veintinueve años sin salir a la calle, aunque en realidad eran unos años menos, ya que había salido por última vez en 1894. La motivación para volver: el esplendor que actualmente tiene la Semana Santa en Málaga, ha sacado de su abstención a esta Hermandad, que no quiere ser menos que sus similares. La elección de Francisco de Asís Cabrera Anaya como hermano mayor en el mes de mayo del año anterior había supuesto el definitivo impulso. En la entrevista, el hermano mayor dijo que en ese momento eran unos ciento setenta y tres hermanos, pagando todos los meses la cuota de una peseta. Al enumerar el patrimonio de la hermandad, destacó la cruz de ébano con aplicaciones de plata y el trono de moderna construcción, con tallas de oro bruñido.

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Ntro. Padre Jesús de la Misericordia (1918), sobre nuevo trono, aún sin las mejoras incorporadas al año siguiente [Foto: Arguval]

Como hacía tanto que no salía, se expresó el orden de la procesión:Batidores de la Guardia Civil; banda de cornetas y tambores; Guión de la Hermandad, bajo mazas talladas por el escultor señor Puertas; cien penitentes, con túnicas de veludillo oscuro; nueve mayordomos fijos, seis campanilleros, dos mayordomos ambulantes, vistiendo todos túnicas de veludillo rojo oscuro; ángulo de oro y escudos de plata con el busto del titular; trono; veinte penitentes, con túnicas blancas; Cruz parroquial, y la banda de música.

“Real Hermandad de N.P. Jesús Nazareno, llamado “El Rico” y Ntra. Sra. de los Dolores” (Viernes, 22 de marzo de 1918).

No es empresa fácil el investigar documentalmente los orígenes de esta Real Hermandad, porque su archivo-en el que había pergaminos preciosísimos y, entre ellos, varios autógrafos de los Reyes Católicos- se perdió totalmente el fatídico año 1907, cuando la inundación. En aquel tiempo, también tenían su particular lastre. Como no podía ser de otra manera, se hace referencia a la prerrogativa de poder liberar a un preso, continuando con la leyenda por todos conocida. El 26 de diciembre de 1813 comenzó la reorganización de esta Hermandad, saqueada por los invasores.

La entrevista al hermano mayor Alberto Torres de Navarra, personaje relevante en la historia cofrade malagueña, no tiene desperdicio. Cuenta que antes de ser elegido hermano mayor llevaba muchos años siendo hermano, aunque nunca asistía a los cabildos. A uno de ellos, tres años atrás, fue citado reiteradamente y, finalmente, acudió ya que se preguntaba ¿Qué sucederá en esta Hermandad? voy a ver…¡Y fui! Había once hermanos-que eran todos los que contaba la Hermandad-que discutían acaloradamente sobre lo que debía hacerse, en vista de la penuria en que se hallaba la cofradía. El escepticismo cundió y se propusieron medidas radicales…Yo, acaso en un momento de inspiración divina, les alenté a seguir, a sacrificarnos todos por el beneficio de una Hermandad de tan rancio abolengo, tan noble, tan malagueña. De dicho cabildo salió elegido hermano mayor, seguramente por sus palabras, y comenzó su gestión. Lo primero que tuvo que hacer fue evitar la ejecución inminente de un embargo judicial; lo segundo, tomar las medidas necesarias para poner fin a la situación en la que se encontraba el altar, el cual estaba abandonado, teniendo por paño un saco, y el camarín a la intemperie, sin cristales y lleno de fango, según describía.

Todo lo que tenía la hermandad en 1915 era: un trono del Señor, ajustado en 2.500 pesetas, de las cuales ya he pagado la mitad; unos arbotantes, también sin pagar, por las cuales he dado 1.150 pesetas; unos cordones de plata para las túnicas de los cargos; unas bombas rotas…¡y muchas deudas! ¡Aquello era espantoso!

Torres de Navarra tuvo que recurrir a sus amistades, comprometiéndolos para que ingresaran en la hermandad, logrando llegar a noventa y cuatro hermanos en 1918. Luego hice prosperar la orientación de que, pues éramos una Hermandad piadosa, había que fomentar, ante todo y sobre todo, el culto religioso. El altar del Nazareno ya no se parecía a lo que se encontró; lucían en él veintiocho cirios, tres luces eléctricas, dos arañas de plata, un palio con encaje de oro, pinturas al óleo y doce magníficos floreros. Igualmente, hizo referencia al magnífico panteón de la hermandad, con capacidad para sesenta y cuatro nichos, en el patio primero del cementerio de San Miguel.

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El Rico (1916) [Foto: La Unión Ilustrada]

Describe el patrimonio que tenía en aquel momento la hermandad, destacando una túnica de terciopelo,bordada en oro; una cruz de carey y plata, de gran valor; dos grandes escudos de plata antigua, repujada, con la imagen del Nazareno, dos bastones del siglo XVI, y un estandarte de terciopelo pintado por Jiménez Niebla. Como gran proyecto, tenían previsto estrenar el año siguiente un trono para la imagen de Nuestra Señora de los Dolores, así como túnicas de terciopelo bordadas en oro.

Como dato curioso para concluir la entrevista, el señor Torres de Navarra indicó que había sido hermano mayor el malagueño Francisco Bergamín y que un día visitó el altar de El Rico la gran Pastora Imperio y le gustó tanto la efigie del Señor, que le regaló un magnífico cesto de flores.  Como otro dato curioso, añado yo, y en muestra de gratitud por la iniciativa periodística que nos ocupa, el diario El Regional fue nombrado Hermano Mayor Honorario de la Cofradía de Jesús “El Rico”, haciendo entrega el hermano mayor de esta distinción al cronista al finalizar la entrevista. Todo un honor compartir dicho título con el Marqués de Larios. No cabe duda que los cofrades estaban agradecidos.

“Pontificia y Real Congregación del Stmo. Cristo de la Buena Muerte-vulgo de Mena-y Ánimas y Nuestra Señora de la Soledad” (Sábado, 23 de marzo de 1918).

Llegaba el sábado, llegaba el turno de Mena. Las primeras líneas se ocupaban, como corresponde, de la calidad artística de la imagen del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Ánimas. El Santo Cristo, tallado por Mena, es la viva representación, la exacta encarnación del Divino Cuerpo, yerto, sangrante, exangüe, que pende de la Cruz, emblema santo de la Redención y, poco a poco, entre hórridos sufrimientos, va entregando, generoso, la vida, la sangre toda, en expiación de una culpa…El cronista ha vivido hoy uno de los inolvidables momentos de su vida, porque ha contemplado muy de cerca el Santo Cristo, de Mena. 

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Stmo. Cristo de la Buena Muerte y Ánimas [Foto: Legado Temboury]

Narra a continuación la historia de cómo se encontró a la imagen, con la intervención del padre Moga. No podía obviarse la reciente fusión que había dado origen a la actual congregación, no hacía ni tres años de la misma. Para solemnizar la constitución de la Hermandad, se celebró una gran función religiosa, en Santo Domingo, cantándose a grandes voces y a toda orquesta la sublime misa del maestro Mercadante, y predicando el elocuente canónigo don Andrés Coll. Asistieron todas las Autoridades, Cuerpo Consular, Prensa e inmenso gentío. Duró la función cuatro horas ¡Fue un acto inolvidable!

El presente de 1918 lo mostraba el hermano mayor y marqués de la Casa Loring, Ricardo Gross Orueta. Tenían trescientos veinte hermanos, pagando cuotas que iban desde las cinco a las veinticinco pesetas, aunque muchos no daban más que una. Pertenecían a la misma el claustro de profesores de la Academia de Bellas Artes y casi todos los literatos y periodistas malagueños. Asegura que cuesta sacar a la calle la procesión unas cinco mil pesetas, en la que van unos cuatrocientos penitentes con túnicas de terciopelo. 

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Stmo. Cristo de la Buena Muerte y Ánimas sobre el trono de Palma García, aún con su configuración inicial [Foto:@nosoloalameda]

Señala el patrimonio con el cuenta la congregación, donde destacaba el trono del Cristo, obra de Palma García, que medía siete metros de altura, iluminado con setenta luces de acetileno; el de la Virgen, estrenado el año anterior, obra de Prini; seis mazas, que costaron un puñado de pesetas; y dos magníficos estandartes, pintados por Lafuente y Enrique Jaraba, que los donaron. Destacaba el hermano mayor la labor de todos los que hacían posible que la congregación se pusiera en la calle cada Semana Santa: Rafael Alcalá, Francisco Jiménez Lombardo, Enrique Castañeda, Esteban y Rafael Pérez Bryan, José Ferrer, y, sobre todo, al infatigable José María Rebello, secretario de la congregación.

(Continuará)

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