EL COMIENZO DE CALLE LARIOS

La historia de la Semana Santa va íntimamente ligada a la de la propia ciudad, formando parte inseparable de la misma, no pudiendo entenderse la una sin la otra. La apertura de la calle más emblemática de Málaga supuso un acontecimiento, no solo para la ciudad sino también para nuestras cofradías.

Las obras de la nueva calle Marqués de Larios se iniciaron el 15 de mayo de 1887; se iba a convertir en realidad la idea que había planteado años antes el alcalde Alarcón Luján. En el impulso definitivo del proyecto tuvieron gran protagonismo los Larios al haber adquirido, casualmente, la mayor parte de las edificaciones que debían ser expropiadas y demolidas.

Hasta ese momento, la zona por la que iba a discurrir la nueva calle era un entramado compuesto por vías como el Callejón del Fraile, Callejón del Perro, Toril, San Bernardo el Viejo, Pescadores, entre otras. Calles que siempre fueron ajenas al recorrido de nuestras cofradías, ya que para llegar a la plaza se empleaba Especería o Granada, según el sentido de la marcha. Incluso, el Nazareno del Paso para dirigirse a la Catedral, durante el siglo XIX, empleaba indistintamente la calle Santa María, o la Alameda y Cortina del Muelle, por aquel entonces junto al mar.

Las obras de las doce manzanas que conforman Larios fueron ejecutadas bajo la dirección de Eduardo Strachan Viana-Cárdenas, empleándose en su realización cuatro años. Antes de su conclusión, ya pasó por allí la primera cofradía. Se trataba de la hermandad más activa en cuanto a salidas procesionales de la época, la de Azotes y Columna, y lo hizo en 1890 viniendo desde la Alameda. También salieron aquel año El Rico y Servitas, viendo sus desfiles interrumpidos por una fuerte lluvia, aunque no tenían programado su paso por la nueva vía. Eran tiempos de pocas e intermitentes manifestaciones de culto externo, quedándose la mayor parte de las cofradías en los templos donde adornaban de manera especial las capillas de sus Titulares.

Azotes y Columna
Stmo. Cristo de Azotes y Columna [Foto: Revista La Saeta]

Al año siguiente, una vez concluidas las obras pero todavía no recepcionadas, volvía a pasar por calle Larios Azotes y Columna. Esta vez sí le acompañaron en su paso por la céntrica vía el resto de cofradías que procesionaron: El Rico, Humildad y Servitas. En el paso conjunto de las dos primeras era tal la aglomeración de público que hubo ciertos incidentes, produciéndose diversas carreras que provocaron cortes en el cortejo.

La calle Marqués de Larios fue inaugurada el 27 de agosto de 1891, correspondiéndole ese honor al alcalde Sebastián Souvirón; siendo bendecida por el obispo de la diócesis, Marcelo Spínola y Maestre. Manuel Domingo Larios tenía su calle, consiguiendo no solo elevar aún más el prestigio social de la familia, sino también la obtención de unos fuertes ingresos económicos. Familia que no fue ajena al mundo cofrade, como el resto de la burguesía malagueña, y se integraría en la incipiente, pero poderosa, Hermandad del Santo Sepulcro.

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Calle Marqués de Larios [Foto:@nosoloalameda]

En el año siguiente a la inauguración, a pesar de que en los días anteriores se había anunciado en la prensa que por motivos económicos no saldría ninguna cofradía, se multiplicaron las salidas procesionales. Una conjunta desde San Juan, compuesta por Azotes, Vera-Cruz, Dolores y Rescate, abrió la Semana Santa de aquel año. Fue completada por el Huerto; El Rico, que salió de Santiago junto a Llagas y Columna; La Puente; y el Nazareno del Paso. Todas pasaron por Larios, llegando a ella desde la Alameda o desde calle Martínez.

El tránsito por la emblemática calle se estaba convirtiendo en ineludible; proceso inverso al que había sufrido la entrada en la Catedral de la cual casi se prescindía, con la única salvedad del Nazareno del Paso.

Servitas por calle Larios
Servitas por calle Marqués de Larios [Foto: @nosoloalameda]

Dinámica que continuó durante el inicio del pasado siglo, alcanzando su cenit en 1921 con la que podríamos llamar creación del recorrido oficial, en el que la principal calle de la ciudad no podía faltar. Se colocaron sillas a lo largo de la misma, costando el abono en la primera fila la friolera de doce pesetas, un precio desorbitado para la época. Los abonados pudieron ver a las catorce cofradías de ese año y al Resucitado; aunque la Humillación, sin agrupar, no completó la calle saliendo por Strachan.

La posibilidad de adquirir una localidad en un itinerario prefijado, además de fuente de ingresos, suponía dar una novedosa proyección turística. Nacía la Semana Santa como espectáculo y la calle Marqués de Larios era un lugar privilegiado para presenciarlo, constituyendo un escenario insustituible desde hace ya 124 años.

(Artículo publicado en el diario “La Opinión de Málaga” el 29 de marzo de 2014)

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